dissabte, 28 de novembre de 2009

QUIÉN TE DIO PERMISO. CAPÍTULO X

Mis queridos lectores....

A estas alturas imagino que hay varias hipótesis razonables planeando sobre vuestros cerebros, varias posibles soluciones que en las pupilas de aquellos que habéis seguido a Amaria hasta ahora empiezan a planear de forma firme.... y no seré yo quien os adelante el perfil del próximo vuelo, así que....sigamos con nuestra cita semanal con Amira, su mundo....





Para los rezagados:

Capítulo I
Capítulo II
Capítulo III
Capítulo IV
Capítulo V
Capítulo VI
Capítulo VII
Capítulo VIII
Capítulo IX


QUIEN TE DIO PERMISO. CAPÍTULO X.


“Y vaya muerte, madre, vaya muerte.

De un solo plumazo nos mató a los tres, dejando sólo la subsistencia del recién nacido que aún desposeído de su pasado, podría tener una vida digna no muy lejos de su madre, en la mentira, sí, pero viviendo al fin y al cabo.

Así pues un trágico accidente de coche acabó de súbito aquella mañana de invierno, hace ya tantos, con la vida de mi inventada y débil Marta y la mía propia. Sus contactos con el prestigioso Bufete Deulofeu de la Miranda le facilitaron todos los recursos disponibles y se le dio bombo y platillo al desgraciado evento puliendo de un golpe magistral todos los hilos de su ya bastante bien enredada madeja. Nadie discutió a ese lado del mar, en su limitado y pestilente mundo, la veracidad de los artículos de los diarios locales, ¿verdad madre?.

La vía permanecía ahora libre, ahora sólo quedaba que la tía y el niño regresaran con todo el dolor de su corazón, esta vez poderosamente real, a su hogar, despidiéndose para siempre de una cuñada inexistente y de un cuñado que había significado un todo, un mar de placidez y vida, un estado real de conciencia, que se convertía de repente en tragedia y muerte, simulada, pero tremenda y forzadamente real para ambos. Los dos lo sabíamos y lo aceptamos en pos de un futuro para nuestro hijo, un futuro que sería dirigido desde las sombras por usted madre, como siempre, como todo.

Y aquí empezó mi “no vida”, la que no pude perdonarle, la que no le perdonaré jamás. Y aún desde mi muerte tuve que soportar ver como mi hijo era literalmente arrancado de los brazos de su verdadera madre para ser introducido en el seno de la familia de mi hermana. Una hermana estéril, llena de rabia por su infecundidad, llena de cánones como las demás, llena de un desamor perpetuo, llena de usted madre, sí, llena de usted. Sigo sin poder perdonárselo madre, porque fue aquí donde acabó de matarla a ella. Su Glorioso Gran Plan había concluido.

¿Para qué, madre? ¿Para qué desvelar nunca lo que con tanto tiento se ideó y llevó a cabo, con la aceptación de todos los actores de su Gran Obra? ¿Qué se lograría con eso? La verdad sólo traerá desgracia a nuestra familia y desenterrará odios, reproches y rencores, empezando por el mío propio.

Recapacite madre. No debe desvelarlo, sólo sufrirlo, en soledad, en la más pura soledad, la soledad que usted y solamente usted se merece.

Desde mi tumba
Su hijo Francisco.”


Aquí acababan las cartas.

No puede ser, tiene que haber algo más, no puedes dejarme así, Francisco, no puedes desaparecer ahora, todavía me hallo en pie de guerra mirando por tu ventana la inauguración de esta pesadilla.

Me aseguré rebuscando en el arcón por si hubiera algo más, otro fajo de cartas… fotografías… algo. Pero no, allí no había nada más que una oscuridad bien negra posada sobre mis hombros.

La idea empezó a tomar forma lentamente en mi cabeza, en un estado casi febril, se empeñaba en acabar de ratificar nuevas contraseñas para poder entrar dentro de la lógica acusadora de cada pausa, haciendo que cada silencio se comporta como freudianas y sinfónicas matanzas. Sospechas que viajaban a kilómetros luz desde y hacia los órganos vitales. Pedazos de una historia que pretendía cambiar la voz de la madurez por la de la ancianidad, para elaborar un coito de rituales prematuros.
Temblaba, en un intento hondo de no querer seguir descubriendo… porque a estas alturas presentía ya demasiado, en el tramo final de este tic nervioso que es el respirar en la vigilia de mi propia historia, entre la arena derretida de los malos recuerdos que acababan de inyectarme unos astrónomos locos que me provocarían insomnio, yo me resistía a saber… cuánto adoro el sol cuando con los ojos entornados dibujo y desdibujo el techo maldito de mis preocupaciones que ahora me parecen tan vanas, empezaba a percibir el terror visceral de conocer una verdad que no me iba a gustar. Conozco y reconozco cada centímetro de ese terror que cada minuto está más y más furioso. Cuando aparece, subo a los autobuses como quien sube a un sueño conocido, a un dèja vú volcánico y con aspecto de velocidad, me siento y fotografío con los párpados cada escena entrecortada que se instala en el grito, recorro cientos de películas con miles de anónimos personajes en una trama en el que el protagonista no soy yo ni es nadie que tenga rostro, sólo impera el tipo que cierra el telón y deja al espectador con las palomitas pudriéndose entre las manos.

Una verdad de muertes en vida, de inhumanidad controlada y conducida. Una verdad cruel que sabía con certeza, iba a matarme a mi también. No deja de ser irónico que teniendo tanta vida por delante haya muerto en estos días unas seis veces por lo menos. Todo lo que con tanta admiración había amado y respetado empezaba a vestirse de negro, seduciendo sin permiso…. arraigándose en la realidad de mis instintos, y aunque todavía amorfa, empezaba a configurase en una cara, en un nombre….. No, no puede ser. Me niego rotundamente a creerlo.

La llamé a gritos, mi voz salió en estampida escaleras abajo sin importarme un rábano que se rompiera el universo de los Miraflores, había atravesado mi garganta como la de un espantapájaros, en pleno desorden mental, desde breves parálisis hasta la angustia más potente, pecando varias veces, atentando contra las mismísimas paredes de aquella casa que ahora era mía – a veces una casa es sólo un estornudo-, sintiendo que el viento había sido siempre más veloz desde mis balcones.

Si se confirmaban las sospechas, ella era las más adecuada para echar luz sobre el sarpullido de preguntas sin respuesta que estaban taponando mis arterias, a conciencia y con algodones de memoria coagulada.




- ¿Qué pasa Amira? Dios santo ya voy pero, por el amor de Dios, deja ya de alzar la voz de esa manera hija, ¡subo enseguida!.

La vi encarar la gran escalinata de mármol blanco agarrándose con fuerza a la balaustrada, estaba pálida. Qué día más helado, qué cielo tan inmensamente plomo, qué visiones por esta ventana pequeñita directa a la angustia en mayúsculas. Visiones y realidades, terremotos, cómo cruje esta casa, cómo se mueven las paredes, tiembla la tierra, tiemblan las manos, mi mundo está temblando mientras ella apura el paso.

- Pasa mamá, ahora ya no hay remedio, no podemos volver atrás. Qué significa todo esto, explícamelo, así lo quiso la abuela, no sé muy bien qué consecuencias tendrá lo que tengas que decirme, pero lo que sí sé, es que tú sabes la verdad que se esconde tras estas cartas, y necesito saberla, mamá, necesito saberla.

De nuevo la observé casi con avaricia, para no perderme ni un sólo detalle en ese espacio acuoso mal interpretado por mis cansadas retinas. Se acercó despacio a la cama, yo diría que con tanto miedo que sus perros negros debían estar ladrándole al unísono para que les diera una vez más un trozo de corazón con el que entretenerse, y allí de pie, fue recorriendo con la mirada el puzzle de folios amarillos. Vi cómo detenía la mirada en la firma de todos ellos y los latidos debieron casi paralizársele porque tuvo que sentarse al borde de la cama

- La sangre no quiere subir hasta mi cerebro, hija. Siento vértigo y acidez… Dios mío, ¿qué has hecho Victoria? ¿por qué lo has hecho? ¡maldita Victoria!

- Pero… ¿qué dices? ¿Cómo te atreves a insultarla? ¿qué está pasando aquí? ¡Mamá! ¿qué pasa?

- ¿No tuviste bastante con el fallecimiento de tu hijo y el mío propio que ahora quieres que se extinga ella también?. ¿Es que no vas a dejarnos en paz ni incluso después de tu muerte?



Abro la boca sólo para cerrar los ojos a estos kilométricos y kilómetros de úlceras que separan la mitad de una manzana de la mitad de una navaja. Me duelen los oídos con el reproche de su voz al tiempo que se emborrachan los sentidos por no haberme equivocado.

- Está bien Amira, intentaré empezar por el principio, si así lo ha querido Victoria, una vez más me doblegaré sumisamente a su voluntad… Francisco…. Hija… Francisco es el hijo mayor de Victoria y…. bueno….
- ¿Y? vomítalo ya.
- De Victoria Artús Guinovart y de Don Arturo Deulofeu de la Miranda, esa es la primera verdad callada que debes saber.- espera no me interrumpas- Tu abuela y Don Arturo tuvieron un romance sincero y sentido durante algo más de dos años, creo que fue el único hombre que supo tocar el corazón de tu abuela. Pero la recia familia de los Artús tenían otros planes para Victoria, y en ellos se incluía la unión matrimonial de tu abuela con el respetado Don Ernesto, primogénito y heredero de la igualmente recia familia de los Miraflores. En la época de juventud de tu abuela, era más que impensable que se pudiera discutir sobre este tipo de decisiones tomadas desde prácticamente el nacimiento de los hijos. Así que tu abuela se casó con Don Ernesto en una magnífica boda por todo lo alto de la que se habló durante años. Pero Victoria llegó al matrimonio embarazada de tan sólo un mes, y sinceramente, dudo mucho que tu abuelo se enterase jamás, él la quería de veras. Francisco creció y se crió en el seno de la familia con todos los honores, y el secreto de la identidad de sus verdaderos progenitores quedó en principio vedado a todo el mundo. Ahora comprenderás por qué nuestro querido Notario ha estado ligado siempre a esta casa, por qué deambulaba por ella con tanta familiaridad y por qué nunca acabó de separarse de su amada Victoria. De hecho, él siempre se ocupó de Francisco de un modo u otro.
- Ahora empiezo a entender por qué en las cartas aparecía la dirección donde habitaban familiares de los Deulofeu, era una manera sencilla de recibir noticias de su hijo sin levantar sospechas.
- Supongo que sí, Amira, supongo que sí. La capacidad de Victoria para manejar los hilos de la madeja era absolutamente increíble, y por lo que veo sigue siéndolo tras su muerte.
Y, llegué yo a esta casa, como prometida de tu padre, el hijo menor de los Miraflores. Amira, debes comprender…. A mí, igual que a Victoria, nadie me preguntó, nadie me dio opción, desde que tengo uso de razón, ya sabía que tarde o temprano me uniría en matrimonio con tu padre, así me lo habían dicho y yo así lo había aceptado. Y de hecho me casé con él, segura de estar haciendo lo que tenía que hacer, haciendo lo correcto. Pero Francisco se cruzó en mi vida. Oh, Amira….. no puedes ni imaginar lo que se desató entre nosotros dos…. No puedes hacerte ni siquiera una ligera idea….
- Sí puedo mamá, sí puedo. Francisco se ha encargado de trasmitir una idea clara de los que sentíais el uno por el otro. Llevo adentrándome en vuestras vidas cuatro intensos días con sus largas noches, os llevo conociendo un buen trecho ya.

Cuatro largos días entrando en el silencio y saliendo del silencio para ver si los lobos son más y los corderos menos, volviéndome loca, buscando sangre y obleas de piel aguardando el beso que transforma el café en dinamita, !!por amor a Dios!!

- Entonces sabrás que tu abuela se enteró de lo nuestro, y en un intento furioso por querer salvar el buen nombre de la familia, envió a Francisco lejos de mí, supongo que no supo hacerlo mejor. De hecho, si lo piensas, a ella también le había tocado proceder de igual modo con Don Arturo, alejándolo de su vida y manteniéndolo en segundo plano. La historia volvía a repetirse nuevamente.
- Pero para entonces tú ya estabas embarazada ¿verdad? Y la abuela lo sabía.
- Si hija mía, yo misma se lo dije, estaba desesperada y no sabía qué hacer. A partir de ese momento se desencadenaron toda una serie de acontecimientos y estratagemas urdidas todas ellas por Victoria, para salvaguardarnos a todos de la vergüenza más absoluta. Partí hacía Venezuela para cuidar de una supuesta Marta que nunca ha existido y pude vivir con Francisco una temporada, que fue maravillosa aunque terriblemente corta, y.... tuvimos un hijo en el anonimato, a salvo, mediante los acontecimientos inventados, mediante las mentiras bien urdidas y que todos creyeron o quisieron creer, no hubieron preguntas.... y tampoco respuestas, aunque creo que en el fondo todo el mundo sabía su verdad, cada uno la sentía y la vivía como bien podía.
- ¿Y qué se ha hecho del niño? ¿Qué se hizo de él mamá?

De pronto comprendí, me agarré con fuerza el corazón en un intento de apaciguar el agudísimo pinchazo muscular que acaba de sentir. Un hijo arrancado de los brazos de su madre…. y entregado a la hermana estéril de Francisco… una hermana llena de desamor como su madre....Se acababan de rearmar todas y cada una de las evasiones que había ido tejiendo para no ver lo que no quería ver, para no tener respuesta para todo. De repente, mi vida se estaba moviendo al compás de las mismas vibraciones que salen del infierno cuando una amanece muerta por la mañana, cuando el sol amenaza con asomarse y se escucha un profundo trueno en el vientre del todavía plomizo cielo, un clic que no es un clic, es una detonación en toda regla.

Recordé claramente la última carta… tía…

La negación salió abrupta y a gritos de mi garganta, mientras me doblaba sobre la cintura en un gesto de dolor intenso y brutal, acababa de entender la trama final de todas aquellas malditas cartas, toda la perversa verdad y toda su grave mentira.

Creo que en aquellos momentos mi madre también comprendió, María adivinó, al igual que había adivinado Victoria, María supo, con la misma certeza que lo supo en su día Victoria, y se aunó a mi amargo grito....

La historia de ignominia volvía a repetirse por tercera vez, como si fuera un estigma en las mujeres de aquella familia. Amores imposibles, afectos condenados desde un inicio, sin salida, sin cabida.... desamores enlazados con la tragedia a lo largo de tres generaciones....



(continuará...)
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"Quien te dio permiso", novela corta merecedora de accéssit y mención especial en el certámen de novela corta Katharsis 2008.

3 comentaris:

Isabel Huete ha dit...

Pues me dejas con la inquietud rebosando mis neuronas porque me temo que no es precisamente lo que imagino lo que va a pasar sino que surgirán nuevas sorpresas. ¡Te caguis de emoción! :) Estaba esperando como una devoradora este episodio y ahora me toca volver a comerme las uñas... Jajaja.
Besazos, cari.

Amando Carabias María ha dit...

Lo mismo es porque es algo un tanto inútil, lo mismo es porque formo parte del gremio (en sus escalones inferiores, aclaro), pero el caso es que cuando leo me dejo llevar por el ritmo que ha trazado el autor (la autora), ¿para qué adelantarme yo a lo que la escritora ha urdido durante meses?
Cuando leo, prefiero disfrutar y, como Amira, adentrarme en la historia sin anticipar nada. Soy paciente, lo cual es una suerte para estos casos. Así disfruto con la lectura, sin pretender saltarme ni un renglón. Otra cosa me parecería burlarme del trabjo del escritor. Y entre bomberos no está bien pisarse la manguera, :).
Sigo disfrutando.

Isolda ha dit...

Marian, yo tengo menos paciencia que Amando, esta historia me tiene sorbido el seso. Como os empeñais en publicar novelas por entregas, nos teneis nerviositos perdidos.

En serio, menos mal que algo hemos avanzado y ya no es tan corriente que se den esos manejos, pero creo que casi todos hemos conocido historias parecidas.
Esperaremos nuevas sorpresas.
Besos muy intrigados.