dilluns, 9 de novembre de 2009

QUIÉN TE DIO PERMISO. CAPÍTULO VIII

Mis queridos lectores....

Sigamos con nuestra cita semanal con Amira, su mundo....






Para los rezagados:

Capítulo I
Capítulo II
Capítulo III
Capítulo IV
Capítulo V
Capítulo VI
Capítulo VII


QUIEN TE DIO PERMISO. CAPÍTULO VIII.

Siempre he pensado que cuando la luz pierde el sentido de la oportunidad, vomita rayos de esquizofrenia sobre la delicada subasta de pensamientos que efectuamos cada vez que pretendemos abrir los ojos. Y por más que buenamente intente acaramelarnos el caprichoso instante, (tengo un amigo que siempre me decía que los instantes y los milagros son estrellas fugaces bailando danzas rotas por el firmamento) sigue siendo tan absurda en el entre-sueño como una tonelada de mandrágoras y serafines recién salidos de la ópera de una condena.

Poco a poco empecé a despedirme de mi ingravidez entre disparos hechos con cáscara de alas y de musarañas, a notar el volumen de mis piernas, el hinchazón de mis párpados, y me fui desperezando aunque no me apetecía nada de nada amanecer en el mundo.

El gran espejo apoyado sobre la cómoda me dio los buenos días.

“Espejito, espejito,… La más bella no sé… pero la de ojeras más espantosas seguro que sí, Dios!
Pero mira que está raro Tomás, es como si se empeñara en sumergirse en un glamour barato, apareciendo por una puerta angosta que da siempre a un vacío tan poco prometedor que avergüenza al propio romanticismo, creo hasta la mejor puesta de sol le llamaría a la prudencia. Habla con una mezcla de resortes y canciones de los 70. Me da pena, y yo me doy rabia. Cada vez que intento hablar con él, me siento Bela Lugosi a punto de atacar su cuello incendiado, y acto seguido mis mejillas rivalizan con las brasas del infierno, o se ha vuelto lelo o la que está empezando a perder todos los puntos cardinales del sentido común, soy yo.

“su milagro”… vaya tontada.

Sórdida hecatombe la de ver lo que no se ve, los sueños que sólo el subconsciente sabe atesorar como corresponde y así pasan los años, como canicas de colores en vez de días en el calendario, y lo peor de todo es que me encanta que sea tan bobo…

Será mejor que me espabile o la mañana se irá sin mí.

Mientras trataba de enfundarme los pantalones, una especie de letanía acudió de nuevo a mi mente…

...... Por aquel entonces ella era joven y bella, muy bella. Sus grandes y negros ojos almendrados...... sus largas y frondosas pestañas…., sus labios carnosos y bien definidos…. su talle esbelto….. Su cabello ondulado del color del maíz tapándole los hombros….

Abrí el cajón.



“Madre,

En mi última carta decidí convertirme en el eco de su conciencia más negra, y encargarme personalmente de preservar, en su quizá maltrecha memoria, lo que no debería olvidarse jamás, con la íntima intención de convencerla para que lleve hasta el final su grandioso Gran Plan. Usted lo ideó y ahora es ya demasiado tarde para redimirse.
Y en todo caso, de tener que saberse la verdad, no debería ser usted quién la revelara cual la heroína que siempre se ha creído ser, si no alguna de las víctimas de sus embustes maléficos, quizá de este modo tendríamos alguna posibilidad de saborear la venganza, sin tregua para las pausas o los perdones tardíos, sin ningún intento de entender motivos o situaciones. No, la verdad tal cual fue, tal y como se planificó, para que se sepa de una vez por todas quién y como es el personaje que la ideó. Para que sepamos todos quién es usted, madre.
Y tenga por seguro que de algún modo u otro, todavía puede llegar esa recompensa… de no cumplir su plan hasta el final, madre, si tal como sospecho está pensando en una salida digna para usted, dígame madre, ¿quién nos impide revelarnos? siempre podemos empezar a alzar nuestras voces… y no sólo yo…, piénselo madre, piénselo, siempre puedo volver para recuperar mi vida, esa vida que usted me quitó y por lo que la maldeciré hasta la eternidad…

Cuando se decidió mi destierro inmediato hacía estas tierras extrañas, que con el pasar del tiempo han acabado convirtiéndose en mi hogar, ya era demasiado tarde, y aunque bien es cierto que se evitó el escándalo, no pudo usted evitar males mayores ¿Verdad madre? Usted no pudo evitar su propio escarnio, el más duro, el que practica uno consigo mismo.
Y una vez más fue implacable, como lo había sido antes, e hizo lo que se tenía que hacer. Igual que muchos años atrás cuando me engendró a mí, y tuvo que desterrar de su vida al único hombre que había sabido conmover su corazón de acero, despojándolo de su soberbia e inundándolo de humanidad. Sí… usted sabía demasiado bien lo que se tenía que hacer, ¿No es cierto? Cómo pudo madre… cómo pudo… si supiera cuantas veces me he avergonzado de llevar su misma sangre… de haber sentido por usted algo parecido a la ternura y al amor… ¡Dios santo! Alguien como usted sólo merece la soledad y el frío en el alma, alguien como usted sólo merece el helor de la muerte, le aseguro madre, que cuando llegue ese día, no derramaré ni una sola lágrima de pesar por usted, porque ese día quizá signifique mi resurrección…y anhelo, sí madre ,entiéndalo de una vez, ¡anhelo!, su llegada.

“Una oportunidad profesional inmejorable para el chico” –aun la recuerdo pronunciando esas palabras en voz alta delante de todos-, ¿Qué más se podía desear? Para una familia recia como la nuestra, el tener al hijo mayor representando a un notario de la valía y pericia reconocida como Don Arturo Deulofeu de la Miranda… y además en ¡tierra foránea! ¡El chico debía partir enseguida por su bien y por el buen nombre de la familia! Sí madre, su plan seguía gestándose en perfecta armonía, tal y como usted lo iba tejiendo ¿No es cierto?
Y efectivamente, en menos de un mes estuvo preparada mi salida de aquella casa, mi casa…. mi casa. Ni una sola lágrima le vi verter por mí cuando me fui.

Pero, aunque por aquel entonces yo sólo podía empezar a intuir el alcance de su maldad, ya presentía que me tenía muchas más sorpresas preparadas, ¿Verdad “querida” madre? No podía conformarse con hacerme desaparecer…no, eso hubiera sido demasiado simple para una mente ejemplar y brillante como la suya. Y además tenia que manejar hábilmente otros destinos, confundiéndolos para confundirnos, enredándolos para enredarnos bien a todos en pos de un saber y buen hacer. Tenía que inventar todavía muchas otras realidades para poder imponérnoslas a todos, así ha sido siempre. La pesadilla más horrenda de mi vida, “querida madre” ha sido usted y saberme hijo suyo. ¿Le duele, madre? ¿Es usted capaz de sentir el más mínimo vestigio de remordimiento? Cuanto me alegraría verla sufrir, desgarrarse en sus propios lamentos… cuanto disfrutaría viéndola obligada a suplicar una absolución que, le bien aseguro, no le sería concedida. Sí, alguien tiene que atreverse a vomitarle a la cara todo lo ruin que ha sido hasta para con usted misma. Maldita sea su estampa, ¡maldita sea madre!

Pero sigamos, siga usted leyendo su propia obra y no pierda punto. Al cabo de mes y medio se decidió mi boda. ¿Lo recuerda usted bien, verdad madre? Una buena moza de buena familia y buenos modales, tal y como usted la ideó, tal y como usted la inventó para mí, con desliz y embarazo incluido, por lo que, siendo yo quien era, tuvo que precipitarse el casorio hasta el punto suficiente como para que fuera absolutamente imposible planificar un viaje de semejante envergadura para toda la familia. Así que en un acto de nobleza y con sincero sentimiento me vi casado casi sin ceremonia ni asistentes, y esperando descendencia.

Qué brillante mente la suya, madre, qué brillante.

Debo despedirme por hoy, porque aunque un muerto debería disponer de toda una eternidad, prefiero no agotar sus fuerzas. La venganza es más dulce cuando se saborea lentamente.

Desde mi tumba y con toda mi rabia
Su hijo Francisco”.


Don Arturo, la abuela y mil siglos entre medio que no me dejan ver. Muertos escribiendo a los vivos, fantasmas sobre las piedras y la incógnita de saber qué narices tiene que ver todo esto conmigo. Sufro de un insomnio ajeno siguiendo esta especie de ruta umbilical que acabará volviéndome loca.

Bajé a la cocina con la secreta esperanza de que mi padre se hubiera instalado ya en la sala de estar, con su periódico matutino que con un poco de suerte iba a ocuparle gran parte de su actividad durante aquella mañana, como todas las mañanas de ese verano exagerado, como todas las mañanas de invierno, como todas y cada una de sus mañanas.

La miré de perfil, en una de sus idas y venidas, y pude apreciar su belleza serena, el pelo ondulado recogido en una coleta baja a la altura de la nuca, del color del maíz, y tocado con alguna que otra cana que ya convenía disimular. Ojos negros perfilados por una magnífica hilera de pestañas rubias que proporcionaban más intensidad todavía a su mirada. Labios carnosos y aún sin ajar, a pesar de la edad... y todo ello enmarcado en una faz oval de tez morena. De joven tenía que haber sido por fuerza todo un espectáculo. Aun conserva sus formas, de talle esbelto y largas piernas, y lleva el conjunto con una elegancia exquisita. Si, todo un espectáculo....

Me acerqué por detrás y le abracé el tiempo justo para estamparle un sonoro beso en la mejilla, uno de aquellos besos que provocaban siempre una “reprimenda” satisfecha y repleta de orgullo maternal.

- Mamá, ¿tú conoces bien a Don Arturo, verdad? Explícame de donde le viene la amistad con nuestra familia ¿quieres?, siempre lo he visto moverse con tanta naturalidad por esta casa en vida de la abuela que nunca me había preguntado de dónde había salido nuestro querido Notario...

Recuerdo perfectamente que el aire se paralizó, todo quedó suspendido en una especie de simulacro de in-animación, hasta las cuerdas vocales quedaron hinchadamente quietas, aumentando el volumen de su mudez, y volví a quedarme noqueada ante esa sensación extraña de saber instintivamente que algo denso está traspasando las moléculas del aire y yo no soy capaz de identificarlo.


(continuará...)
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"Quien te dio permiso", novela corta merecedora de accéssit y mención especial en el certámen de novela corta Katharsis 2008.

4 comentaris:

Amando Carabias María ha dit...

Crece la intriga, avanza la historia y entramos en otro meandro. Una cosa que noto (y que me atrae más y más en esta lectura) es que en ciertos párrafos se cuela tu "estilo poético", y creas unos párrafos con una poética envidiable que, no por ello, detienen el avance de la historia.

salvadorpliego ha dit...

Intensa… Sumamente intensa esa carta. Uffffff… Te aplaudo este capítulo. Un fuerte abrazo.

Georgia ha dit...

Que adicción Dios mio...

un abrazo en asombro...

Isolda ha dit...

Yo creo que Amando se refiere a algo como esto:
...empecé a despedirme de mi ingravidez entre disparos hechos con cáscara de alas y de musarañas, a notar el volumen de mis piernas, el hinchazón de mis párpados, y me fui desperezando aunque no me apetecía nada de nada amanecer en el mundo.
Y si no, me refiero yo.
Estoy preparada para cualquier cosa. Las historias familiares engendran muchos secretos.
Besos para la espera. (la mía, tu rai).