dijous, 29 d’octubre del 2009

AMB TOTA LA NIT DE CARN CLAVADA ALS LLAVIS


Imagen extraída de la red.


La llum escorxada sobre els meus muscles,
un truc de màgia per a aquest museu de cartrons,
cendres i una col•lecció de tardes
embolicades en paper d’embalar,
protegides del fibló de l’aigua,
del seny del pa sense llevat
o l’estoic aplom del ponent,
mentre s’ennuvola la sang cuita
i un petó travessat de bales,
hòsties sense sagrament i infinits ximples,
deixa orfes les mamelles sense partió
que aromen les meves mans.

No reconec aquesta mort,
aquesta solitud amb cos de xicota,
nua i retorçada, amb tota la nit de carn
clavada als llavis, aquesta tristesa entre llums
sense mare, aquesta habitació tan magre
on tot just caben els somnis. No hi tinc lloc
en aquest cel mossegat, en aquesta humanitat
de silencis molt greus, en aquesta fossa
de mandíbules vives
on ens traiem l’esperança pels ulls.


CON TODA LA NOCHE DE CARNE CLAVADA EN LOS LABIOS

La luz desollada sobre mis hombros,
un truco de magia para este museo de cartones,
cenizas y una colección de tardes
envueltas en papel de embalar,
protegidas del aguijón del agua,
de la sensatez del pan sin levadura
o el estoico aplomo del poniente,
mientras se nubla la sangre cocida
y un beso atravesado de balas,
obleas sin sacramento y estúpidos infinitos,
deja huérfanos a los pechos sin linde
que aroman mis manos.

No reconozco esta muerte,
esta soledad con cuerpo de muchacha,
desnuda y retorcida, con toda la noche de carne
clavada en los labios, esta tristeza entre luces
sin madre, esta habitación tan flaca
donde apenas caben los sueños. No quepo
en este cielo mordido, en esta humanidad
de silencios muy graves, en esta fosa
de mandíbulas vivas
donde nos sacamos la esperanza por los ojos.

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dissabte, 24 d’octubre del 2009

QUIÉN TE DIO PERMISO. CAPÍTULO VI

Mis queridos lectores....
se acerca el momento de empezar a indagar en la verdadera historia.... y no voy a dejaros con las ganas... adelante, pasad, pasad....








Para los rezagados:

Capítulo I
Capítulo II
Capítulo III
Capítulo IV
Capítulo V

QUIEN TE DIO PERMISO. CAPÍTULO VI

Había trasladado el contenido del arcón a mi habitación., me temblaban las manos y lo que era aún peor, tenía esa extraña sensación de oler el peligro en el aire, cómo suele pasarme en las congregaciones de Miraflores. No consigo librarme de la sensación de ser como una mariposa arrepentida de su desesperación; como si fuera motivo de alarma el golpear una puerta y sorprenderse, en esta familia cualquier cosa fuera de lugar es… más que sorpresiva, insultante. Lo intento, pero me sigo alarmando por este orden asmático que reina aquí. Caigo y de la caída nace un cáliz con figuras abstractamente dispuestas, como queriendo estar desordenadas pero no es así. Todo tiene su ciencia.

Esa tensión ancestral legitimada por los años, no sé…. nadie habla nunca claro, comentarios a medio decir que son como recetas milagrosas para exorcizar alguna especie de condena, miradas intensas de reproche que se hacen de soslayo y dejan un regusto a mala niebla en la boca… algo les ocurre a todos, son como sombras en crisis, algo….que queda impreso en las huellas dactilares de la voz, para que nadie pueda escaparse, quedarse fuera…. ¿Y las sonrisas? Es increíble lo falsas que pueden llegar a ser sus sonrisas, si cuando las combinas con la mendicidad de la mirada suenan a anacronismo absoluto, a discordancia semántica, a fallo de sintaxis!!!! Y sin embargo allí estamos todos, como todos los veranos, juntos y unidos, formando un núcleo familiar excepcional….

Sentada en el borde de la cama, examiné la primera de las cartas, no había fecha ni más nombres que un sencillo “Su hijo Francisco” al final del escrito a modo de despedida. Las únicas referencias que podían servirme de guía estaban en el sobre, un matasellos de Venezuela y la fecha de expedición medio ilegible sobre un papel satinado de color amarillento probablemente ya en su origen, y que con el pasar de los años, se había oscurecido aun más.



“Madre,

Hace tiempo que no contactaba con usted, pero ya se sabe, los muertos no hablan, así que me ahorraré las disculpas y demás palabrería que a estas alturas ya no tendrían ningún sentido. Además, tenga en cuanta que en mi destierro no siempre es fácil conservar la identidad –o mejor dicho la no-identidad- sin incurrir en riesgos que ninguno de los dos desearía, ¿o quizá si?

Padre dice que está bien, me “alegra”(si es que puede decirse así) saberlo. Me entristece no poder comprobarlo personalmente pero hace ya tanto tiempo que aprendí a vivir sin su presencia que casi se ha convertido en una imagen fantasmagórica para mi, que me sirve de bálsamo en mis momentos más desesperadamente amargos, y usted, más que nadie en este mundo, sabe que los hay.

He tenido que aceptar la imposición de que mi ausencia era necesaria (o al menos lo era en su mundo), ¿pero se da cuenta de lo extremadamente difícil que es seguir viviendo así? No sólo me ha despojado de mi esencia, de mi pasado y de mi familia, sino que también lo ha hecho con mi futuro, ya no hay posibilidad ninguna para mí, madre, y todo se lo debo a usted.

Me ha matado en vida, y lo ha hecho con tanta conciencia como con la que yo lo acepté, por no contrariarle, por no causarle más daño, como lo hizo usted antaño, ¿verdad madre? Padre tampoco tuvo el valor de contrariarle cuando tomó la decisión de desterrarle a él también, de hecho nadie ha osado contrariarle nunca, y en ello radica toda su fuerza.

No es mi intención implorar el perdón. No, no voy a pedirle perdón madre, y si le inflijo pesar con mis palabras, sepa que es la única arma que me queda para paliar tanto dolor, el único vínculo que me une a usted. Las palabras escritas en un papel, escasas y siempre maquilladas bajo el anonimato de quien no existe ya, y nunca existirá.

Un muerto no puede resucitar.

Desde mi tumba, con toda mi rabia,
Su hijo Francisco. “


Creo que me mareé. No sabía donde estaba, no lograba entender absolutamente nada. Recuerdo que lo que se me quedó en diagonal en el estómago fue el tono de aquellas líneas.

Yo soy de las que defiendo que el amor a nuestros padres no es congénito, que no vienen ya de fábrica las coordenadas en el GPS de nuestro corazón para llevarnos directamente al amor paternal. No, los sentimientos elaborados, como todo en esta vida, hay que aprenderlos, y el amor “consciente” a nuestros progenitores lleva su tiempo, porque antes de esa fase, es pura necesidad. Pero lo que tenía delante… aquello era infumable. Tenía ante mí un desnudo de alguien desgarrado, con mucho, mucho odio entre las cejas. No alcanzo a comprender como puede alguien condensar tanta saliva fermentada y no morir de una úlcera sangrante en las encías.


- Amira, cielo, la cena estará lista en diez minutos, por favor no tardes en bajar, sabes que a tu padre no le gusta esperar-


Volví a colocar la carta en el sobre y tuve mucho cuidado en guardar mi recién hallado tesoro, aunque no tuviera muy claro en que consistía todavía, entre la ropa interior en el cajón de la cómoda.

Bajé a cenar un segundo antes de los diez minutos concedidos como margen, sabía perfectamente que mi padre no soportaba la espera, la puntualidad era una norma más de entre las miles de pautas estrictas que regían el interior y el exterior de mi familia. Quizá mi naturaleza sea desordenada por un extraño error en mi ADN, o puede que éste hiciera campana el día en que las células aprendieron la combinación adecuada para los Miraflores, pero lo cierto es que me ahogo entre las líneas cuadriculadas de esta inmensa libreta donde nunca ha habido ni una sola hoja en blanco, y ahora que la buhardilla se ha quedado huérfana, siento una punzante necesidad de volver a mi mundo, a la universidad, al lado de Tomás… seguir con mis idas y venidas, entre cafetería y bocadillo rápido en el Bar Estudiantil, abriéndome paso entre cuerpos, codos, carpetas y cabezas sonámbulas luchando por conseguir una dosis de café con leche, biblioteca, sala de actos y el rector de mi tesina… sí, ese es el océano que necesito inyectarme ya mismo en las venas…. .

Mantel y servilletas. Amarillo como las baldosas el mantel, verde como la cenefa que unía el mármol con la pared, las servilletas. Platos en crema con florecitas verdes y amarillas, a juego con los cojines que cubrían los taburetes dispuestos alrededor de la mesa rectangular situada milimétricamente en el centro exacto de la cocina, todo dispuesto y en orden, todo menos los jugos gástricos de mi mente.

Por una vez en la vida, la ley del silencio jugaba a mi favor. Ese silencio denso que lo impregnaba todo, ese eficiente verdugo de las inquietudes y hasta las emociones, sólo interrumpido por la música del gramófono de la sala de estar de uso exclusivo de mi padre, acabó de indigestarme y me sirvió para excusarme a mitad de la sopa, esquivar la mirada de desaprobación que formaba parte de las muchas cosas que sin decirse acababan siempre en el aire, y escabullirme de ese tono cortante que podía intuir hinchando sus labios hasta convertirlos en bombas a punto de explotar, escupiendo las palabras a derecha e izquierda pero sin gritarlas. Sí… imaginarlo es fácil, Don Roberto no gritaba nunca. No, no hacia falta alzar la voz, se podía ser categóricamente asertivo empleando un tono de voz correcto, solamente había que cerciorarse de que los presentes hubieran captado el mensaje escondido tras la frase, fuera la que fuera, y lo captábamos…. siempre lo captábamos.

Volví a mi habitación.


(continuará...)
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"Quien te dio permiso", novela corta merecedora de accéssit y mención especial en el certámen de novela corta Katharsis 2008.

dimecres, 21 d’octubre del 2009

LA PELL COBRA PEATGE A LES FERIDES


Fuente de la imagen: www.clarin.com/.../06/14/um/fotos/niebla3.jpg

LA PELL COBRA PEATGE A LES FERIDES

El xiuxiueig s'estavella
en el marge dessagnat d'un nom,
corre cap a enrere sota la tarda,
conviu amb el trencament dels cossos,
camina entre boires coagulades, i segueix
donant-nos caça, des del sòl de totes les tragèdies.

Podríem ser mil coses
en aquest cel en morse,
qualsevol descàrrega d'avorriment sobre un rellotge,
una ombra que busca la seva paraula
per a fer-se cadenat entre els boscos,
el terror d'un púrpura completament líquid
o la lluna dissecada
que arrossega les seves sabatilles
pel perímetre de les mans,
però l'aire funerari d'aquest malson
em recorda
que tot es viu xino-xano en aquest carrer,
i que la pell cobra sempre peatge a les ferides.


LA PIEL COBRA PEAJE A LAS HERIDAS

Los murmullos se estrellan
en el margen desangrado de un nombre,
corren hacia atrás por debajo de la tarde,
conviven con la rotura de los cuerpos,
caminan entre nieblas coaguladas, y siguen
dándonos caza, desde el suelo de todas las tragedias.

Podríamos ser mil cosas
en este cielo en morse,
cualquier descarga de aburrimiento sobre un reloj,
una sombra que busca su palabra
para hacerse candado entre los bosques,
el terror de un púrpura completamente líquido
o la luna disecada
que arrastra sus zapatillas
por el perímetro de las manos,
pero el aire fúnebre de esta pesadilla
me recuerda
que todo se vive despacio en esta calle,
y que la piel cobra siempre peaje a las heridas.

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dilluns, 19 d’octubre del 2009

CORTAFUEGOS ENTRE LAS CEJAS DE CIEN AÑOS


La Pared. Fotografía cedida por Sofía Columela.
La ilustración de este poema forma parte de mi propuesta de interacción con la imagen, un proyecto de colaboración para unir textos e imagen en un solo conjunto.



La calle se aprieta la barriga
para retener las vísceras de asfalto, ese sudor
que nos navega desde las ventanas, desde la piel
de nuestro hermano, desde la maleta
donde la noche guarda sus desaires,
testigos de la lluvia crecida,
mojados de ternura y escándalo.

La esquina de un horizonte bajito,
se sujeta la cabeza para parir bancales,
trenes de carga, brazos apilados,
pechos con el sol encima, así las piedras
son entonces casas de luz con el amor quemado,
cortafuegos entre las cejas de cien años,
un lenguaje lateral de metralletas jóvenes
apuntando al panadero, experto en amasarle
los huesos a la muerte, un pétalo sin sombra
que sorbe poco a poco el rojo de las almas
y que también apunta, esta vez a un cuerpo cerrado
por el tiempo, y todos ellos conteniéndose,
apretados y sin nombre, en la trinchera pétrea
de una mujer de escarcha.

Marian Raméntol
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Sofía Columela, nacida en Cuenca y residente en Madrid, es la autora de la fotografía que viste este poema, podéis consultar su trabajo en el blog Estar al acecho

dimecres, 14 d’octubre del 2009

QUIÉN TE DIO PERMISO. CAPÍTULO V

Otra entrega, queridos lectores, ahora que sabemos un poco más a qué huelen los miembros de esta familia, os invito a seguir adelante con esta historia, que como iréis descubriendo poco a poco, todavía no ha empezado.....

Para los rezagados:
Capítulo I
Capítulo II
Capítulo III
Capítulo IV




QUIÉN TE DIÓ PERMISO. CAPÍTULO V

“Mi querida niña,

Se acerca el momento de decirnos adiós definitivamente y todavía me quedan muchas cosas que decirte y otras muchas que callarme. Mi vida ha sido larga y plena, no me quejo de mi suerte, así que no se te ocurra llorar por mí, no hay motivo para que te entristezcas.

He hecho de mi vida lo que quería hacer y he obtenido mis pequeñas recompensas, entre ellas el privilegio de tenerte a mi lado y contagiarme de tu juventud. Contigo he revivido tantas cosas….. y lo más importante…. He podido reír, gracias pequeña mía, por haber nacido.

Amira, tengo que contarte algo, y como presiento que el tiempo se acaba, voy a hacerlo ahora, antes de que sea demasiado tarde. Aprovechando tu estancia en la universidad este invierno, he subido al desván un viejo arcón donde he ido guardando trocitos de mi para que puedas comprender el porqué de muchas cosas, algunas necesarias, otras inevitables, pero todas ellas servirán para que sepas la verdad, porqué esa verdad es también tuya.

No culpes a nadie ya que la única culpable soy yo, lo que hice lo hice para protegeros a todos. Quizá me equivoqué, pero quiero que sepas que fue hecho con la mejor de las voluntades, para evitar sufrimientos absurdos que no hubieran ayudado a nadie. Aquí te dejo la llave.

Si me equivoqué, espero sepas perdonarme algún día.

La casa también es tuya, sé que tú sabrás valorar toda su historia y sabrás seguir soñando en su interior. No abandones nunca tus sueños Amira, ellos son el tesoro más grande que tenemos y el vínculo que nos unirá siempre. Sigue inventando historias con tu vieja pluma, sigue construyendo mundos sobre trozos de papel y léemelos en voz alta, yo seguiré escuchándolos como siempre lo he hecho, no permitas que nada ni nadie altere tu esencia, mi niña, sigue siendo tan especial como siempre lo has sido y no me olvides.

Te quiero.
Victoria.”




- O sea, que después de dejarte los riñones batallando con el maldito arcón resulta que ésa era precisamente parte de tu herencia, tiene huasa la cosa...
- Eso parece. ¿Has averiguado algo más, Tomás?
- Bueno, ayer hice una visita nocturna a la calle Carlets. No es difícil entrar en lo que queda de la casa, está todo en ruinas Amira, no encontré nada más que paredes sucias, suelos destrozados, restos de lo que en otro tiempo debían haber sido muebles, en fin, nada relevante.
- Pues entonces está claro que la clave de todo este asunto está en estas cartas, ¿no?
- Sí, parece que sí, si quieres me quedo contigo.
- No. Muchas gracias Tomás, pero prefiero quedarme sola.
- Mira Amira, cuando me siento sobre la cuerda floja me invento un juego, y ahora te pondrás a reír, pero en ese juego tú eres la protagonista, veras, empiezo a imaginarte, sentada en cualquier sillón, con la mirada perdida en cualquier punto de la habitación y… pensándome. Quizá acordándote de un gesto o de una simple mirada, lo importante es que te hayas sorprendido a ti misma extrañándome. De hecho no sería sorprendente, pasas más tiempo conmigo que con nadie, aunque reconocerlo podría sonar…, pues…. como algo sospechoso y muy propicio para engendrar morbos varios.
- A tía Aurelia le encantaría meter la nariz en algo así, ¡seguro!.
- Y hay que decir, que la mayoría de esas mentes, incluyo a Aurelia como el mayor exponente, que nada entienden y nada saben, suelen deleitarse con semejante festín de fantasías, ¿sabes por qué? Porque en realidad, son ellos los protagonistas que se esconden bajo el nombre de la víctima, así pueden decir e inventar todo lo que a ellos les hubiera encantado vivir.
- Sí… pero a dónde quieres ir a parar?
- Te invito a que te pierdas en pensamientos relajados, tranquilos, de aquellos que te vienen a la mente sin querer, cuando nadie los llama, suele ser sorprendente, te asaltan imágenes de lo más singulares, casi siempre agradables, que inmediatamente tu decoras y amplias a tu manera empezando ya a tomar consciencia de la existencia de ese pensamiento, y por lo tanto incorporándote a él y convirtiéndote paulatinamente en su protagonista.
A mí me gusta soñar así, y no me asusta reconocer que tú eres parte implícita de esos pensamientos, miradas, gestos, palabras, detalles…. Un sinfín de imágenes, a cual mejor, que se pasean por mi tranquilo sosiego esperando a que yo pase a la acción, congele una de ellas, y empiece a crear para ella un cuento más, donde por su puesto yo seré el héroe y tú la más bella de las princesas; mientras me detengo cuanto quiero en contemplar esa imagen congelada y ampliada a tamaño natural. Nadie me molesta y nadie me lo impide. Siempre me ha divertido jugar a este juego. Y a veces… jugando… intento imaginarte a ti sentada en cualquier rincón, y participando del mismo juego…
- Tomás…¿tú te has chutado o qué? por favor… vas a hacer que me salgan los colores…¿a qué viene todo esto?
- Vale, vale. Tengo claro que me quedaré con las ganas de saber si alguna vez te has sorprendido congelando imágenes mías ¿verdad?
- Pues sí. Oye…tú no estás bien, mejor descansas un rato y nos vemos mañana, ¿si? No me mires así, eres tú el que estás de lo más raro.... ¿De verdad me buscas para enfrentarte a tus fantasmas Tomi? ¡Creo que mi ego está a punto de aplastarme!. Anda… déjame ahora ¿quieres? Te llamo luego y hablamos, te lo prometo.


Tomás..... mi deshollinador particular de despropósitos. Cuántas veces te he buscado como si el imán de mi inconsciencia iniciara un ritual cómplice, casi sin querer.

Tú siempre estás ahí, detrás de una puerta, llenando cualquiera de los rincones del campus, columpiando tu sonrisa entre mis libros o sacándole brillo a mis pasos. Estirados sobre la hierba entre clase y clase, mientras expones tus teorías sobre un mundo moribundo. Me doy cuenta…. y no me gusta la idea de crearme más Dioses, sin embargo no puedo controlarlo. La Voluntad, esa gran señora que acapara todas las miradas de tu garganta, y esa impotencia mía que traiciona tus enseñanzas. Es todo demasiado confuso, demasiado denso, pero no me molesta.

Al contrario, hay algo morboso en eso de fabricarnos un Dios a la carta, me hace sentir diferente ante El, satisfecho de tenerme como su más querido y mimado aprendiz. Me siento más viva. Eres un Dios inventado por mí, sientes únicamente lo que yo te obligo a sentir, y así está bien, es per-fec-to... o sea que ven… ven , te lo ordeno… repta hasta mi boca, y no te olvides de los pies…deja que el tiempo nos devore y luego sube lentamente, ... quiero esa húmeda succión… dámela… Ni se te ocurra desaparecer…Sigue el ritual por mi vientre y nota cómo se contrae. Trata de mirarme… mírame! Mis pechos son pura explosión de aire de incendio… entrégales tus labios Tomás… sigue deshaciéndote en regueros de saliva y presión, si…. Así… ahora fúndete conmigo con la punta de los dedos, casi sin rozar. Nótalo, denso y oscuro, tibio, cálido… te estoy nombrando, vamos Tomi, aumenta la presión de la mano, Si… presiona … hunde… desliza …y no pares….


(continuará...)
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"Quien te dio permiso", novela corta merecedora de accéssit y mención especial en el certámen de novela corta Katharsis 2008.

dimarts, 13 d’octubre del 2009

UN VIOLIN MIRA CÓMO SE PEINAN LOS MANIQUÍES


Fuente de la imagen: imagenes.solostocks.com/z1_2514140/maniquies.jpg

El aire menstruado interrumpe mi ventana,
intenta teledirigir el lagrimal, el vientre
y el pulmón de las paredes que guardan
mis distintos cuerpos, mi colección de niebla
y mis fotografías en el agua.

Pero la tristeza es una enfermedad de crecimiento,
un francotirador expresionista de letras solas,
heridas y descoyuntadas,
una generación de nudos puntuales,
de cielos hundidos en las manos
que nos regalan costras de cuarzo
con las que adoquinar el corazón.

Un violín mira cómo se peinan los maniquíes
y comprende el desamparo de la sangre
la tremenda brevedad de un nombre
alrededor de los ojos murales, de las calles rápidas,
de la luz llovida a mordiscos,
y de esa niña
que se acaricia los pechos bajo las alas.

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diumenge, 11 d’octubre del 2009

QUIÉN TE DIO PERMISO. CAPÍTLO IV

Una nueva entrega, queridos lectores.....

Para los rezagados:

Capítulo I
Capítulo II
Capítulo III




QUIÉN TE DIO PERMISO. CAPÍTULO IV

- ¿A qué hora empezará la obra de teatro, mami?
- Hija no empecemos…. Hemos quedado aquí a las cinco con Don Arturo que ha sido tan amable de desplazarse en honor de su amistad con Victoria, y los tíos vendrán a comer, y por favor, te ruego que hagas un esfuerzo y te guardes la provocación en el bolsillo de esos desastrosos tejanos que te has puesto, de acuerdo? Sólo por hoy, vale?
- Ya veo, o sea que tendremos sesión de “íntimo consuelo familiar” a partir de las dos, menuda faena! Las últimas voluntades de la abuela es un plato demasiado suculento como para perderse los preparativos, ¿verdad mamà? Se tienen que poner a cocer a fuego lento las tácitas sonrisas de reproches, las jugosas miradas de desaprobación, y los besos venenosos de rigor… lo que me extraña es que no hayamos muerto ya de indigestión.
- Amira! Basta ya. Anda, ayúdame a poner la mesa.
- Claro mami, por cierto, ayer cuando saqué la bandeja de plata para el té, me di cuenta de que una de las puertas de la vitrina tiene el cristal biselado un poco suelto, ¿quién arregla estas cosas?
- No te preocupes, avisaré a Rogelio para que se encargue, aunque tendremos que esperar a pasado mañana, los sábados no trabaja.


Los tíos y Tomás llegarán puntuales como siempre y me apuesto lo que queda de mi orgullo a que traerán un par de bandejas de pastelillos de almendra y una botella de vino dulce… como si los viera… con eso darán por bien pagada su presencia en esta casa y el derecho a hacer y deshacer a su antojo.


- Mami… tú crees que tía Aurelia se irá algún día del todo?
- ¿Qué quieres decir Amira?
- Es que me da la sensación de que no se fue de aquí al casarse con tío Tono, yo creo que nunca se ha desentendido del gobierno de esta casa, si te fijas, sigue apoderándose contundentemente del espacio y del tiempo a la que cruza la puerta del zaguán, y lo hace con tanta autoridad y desparpajo que nadie ha sabido impedírselo nunca.
- ¿Hay moros en la costa, Amira?
- No, estamos solas, el moro mayor debe estar en el salón para variar…
- Mira hija, tu tía Aurelia es como un mal yogurt. Qué se puede esperar de ese cuerpo pequeño y enjuto, coronado por un moño escaso y pobre, de un castaño desgastado y tan perfectamente repeinado que sólo puede llevarlo recogido en una redecilla a la altura de la nuca. Y los ojos…., Ja! Qué decir de sus ojos…. No te fíes nunca de unos ojos pequeños como cortes de navaja, de ese intenso azul que todo lo congela. Con esas manos finas de dedos demasiado alargados y repletas de diminutas arrugas, y esas uñas cóncavas y mal formadas que acaban de darle ese aspecto de….
- Mamá! Por Dios! Te has puesto alas en la boca!
- Es que acabo de tomarme un whisquicito…¿seguimos sin moros? bueno pues ya que estamos deja que continúe que tu tía no tiene desperdicio… ese insoportable carácter de mosca revoloteando insistentemente en un día nublado apesta a podredumbre, y… ¿sabes? como apuntaría aquí tu agudo ingenio, menstrúa desprecio cada vez que se le ocurre abrir la boca
- Pero eso sí, desprecio cortés, claro está.
- Exacto, qué interesante hija… resulta que me siento mucho mejor…
- Te creo! Vaya retahíla de maravillas que acabas de soltar, bendita seas!
- Bueno… y qué te parece si llevamos al matadero a Antonio? Pero esta vez el martillazo en la sesera se lo das tú… venga! Anímate!
- Mamà… ¿cuánto whis-qui-ci-to te has tomado? De acuerdo, allí voy. Yo creo que tío Tono es un poco más moderado, ha adquirido el derecho de imponer su visión “desde fuera”, como siempre se encarga de matizar, y por tanto muchísimo más clara y definida que la del resto de los mortales. Ante cualquier situación que afecte a esta familia, él es el Juez imparcial que posee la verdad absoluta, y lo más absurdo de todo es que tiene el poder de idiotizarnos las neuronas porque a lo máximo que nos atrevemos es a asentir con la cabeza.
- Vaya, que modosita te me has vuelto Amira… pero vale, se acepta.
- Y Tomás…., bueno Tomás siempre se ha mantenido un poco al margen, probrecito mío, no es que se sienta cómodo en estas reuniones, pero tampoco sabe cómo evitarlas. Yo creo que se siente obligado por su impuesta gratitud hacia Aurelia y Tono. Así se lo han inculcado desde pequeño, ¿sabías que cada noche de su vida, al rezar sus oraciones, debía inexcusablemente dar las gracias a Nuestro Señor por la bondad de los tíos, que lo habían acogido en el seno familiar sin reparos y con todo su amor tras la muerte de sus padres? Es monstruoso, él era sólo un crío!
- Sí, es monstruoso, efectivamente. Amira… nos hemos olvidado del personaje más importante de todos ¿no te parece?
- ¿Te refieres a papá?
- Hija… he dicho im-por-tan-te…
- Entonces sólo puede tratarse de Victoria.
- Sí, Victoria era un mundo a parte en sí mismo, demasiado especial para pasar desapercibida en un universo de gente vulgar, pero yo creo que fue tremendamente lista. Supo protegerse tras el nombre de los Miraflores, demasiado respetado como para ser atacado públicamente, supo vivir bajo las pautas y las reglas del bien hacer de puertas hacia fuera. A misa todos los Domingos y fiestas de guardar, impecable en las reuniones de la vecindad, vestida con la elegancia justa de quien lo es desde dentro y no necesita manifestarlo por fuera. También ella había sabido imprimir en su rostro una sonrisa amablemente dulzona que prodigaba siempre, la había visto “actuar” muchas veces y a mi no podía engañarme, siempre vi en sus ojos esa alegría íntima de saberse a salvo de toda aquella mediocridad.



Sonó el timbre, las cinco en punto. Vi a Aurelia dar un respingo y levantarse de su asiento casi sin dar tiempo a que los demás tomaran consciencia de la realidad de aquel sonido de campana vieja.

- Ya voy yo querida, debe ser Don Arturo. Yo me encargo.
- Como quieras Aurelia, gracias.

Al poco estábamos instalados todos en la sala, Don Arturo se hallaba de pie, de espaldas a la chimenea de mármol blanco coronada por una decena de portarretratos que contenían la historia amarilla de la mayoría de las personas presentes en aquella sala, reflejada la espalda azul marino de impecable corte inglés, en el espejo veneciano que reposaba sobre la chimenea. Los demás nos habíamos acomodado en las diferentes butacas y butacones que ya habían protagonizado momentos de incómodo desacuerdo entre mi madre y Aurelia unas horas antes, por el mero sacrilegio que, al parecer, suponía o “debía forzosamente suponer” moverlos de su emplazamiento habitual. Pero al final, tía Aurelia, en una especie de borrachera milagrosa, había cedido, creo que por primera vez en su vida, a la iniciativa de mamá.

Don Arturo empezó a hablar tras un leve carraspeo.

-Bien, puesto que todos habéis tomado asiento, y en mi condición de Notario capacitado y Albacea particular de Doña Victoria, no reuniendo ninguno de los presentes causa alguna de indignidad sucesoria, procederé ahora a dar curso a la voluntad expresa de Doña Victoria Artús Guinovart, que acudió ante mí, por libre decisión y en sus plenas facultades mentales, en mi domicilio social de la calle Escudería de esta localidad, el pasado mes de Octubre, en el día 16 a las 10,30 horas…

Mi abuela era impresionante en más de un sentido, una verdadera superviviente hasta el último momento. La lectura del testamento se hizo de forma totalmente anómala siguiendo su expresa voluntad. Dejó claramente perfilado en el documento testamentario el modo y manera en el que debía procederse, así que nos entregaron un sobre cerrado a cada uno, donde se suponía que Victoria se despedía de manera privada y personal, ordenando así mismo legado de confianza y prohibiendo explícitamente su revelación, con el requisito indispensable de que el Notario, Don Arturo Deulofeu de la Miranda, estuviera presente en el momento de abrirlos y diera fe de que todos y cada uno de nosotros habíamos leído su contenido en intimidad pero en su presencia, tras la lectura todos deberíamos manifestar por escrito, en los documentos que Don Arturo nos había entregado juntamente con los sobres, que nos dábamos por enterados y que nos obligábamos a nada más pedir ni reclamar.


Por más tiempo que pase, nunca podré olvidar sus caras. Victoria había chafado en un plis plas todo el meollo de la fiesta. Mi abuela, una vez más, se había reído de todos ellos, privándoles del momento que todos anhelaban, el momento de poner en común quién había sido el más querido, quien se había llevado la mejor parte, allí ante todos, de manera consensuada y aceptada, como siempre se hacían las cosas entre los Miraflores. Pero no, casi pude imaginarme la carcajada de Victoria. Genial! abuela, estuviste genial.

Recuerdo que en el rostro de Don Arturo se dibujó casi inconscientemente una tímida sonrisa de complicidad que no pasó desapercibida a los ojos de tía Aurelia, e imagino que a su estómago tampoco, echaba fuego.

Pero aquel sábado tenía reservadas todavía algunas sorpresas. La broma de Victoria no acabó aquí, después de recoger todos los manifiestos debidamente firmados por cada uno de los presentes, Don Arturo debía asegurarse personalmente de que la reunión familiar se disolviera, acompañó y despidió a cada uno de los integrantes de los dos brazos de la familia, así pues tía Aurelia, tío Tono y Tomás abandonaron la casa sobre las 7 de la tarde, y pondría la mano en el fuego de que se marcharon profundamente afectados por no haber podido desempeñar su papel tal y como era de menester.

Yo no tenía muy claro el grado de legalidad que podría o no tener la manera de proceder poco ortodoxa de la lectura de aquel testamento, pero la presencia y autoridad de Don Arturo, y el peso del carácter de la abuela, bastó para que nadie se saliera del redil, al menos durante ese sábado.




(continuará...)
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"Quien te dio permiso", novela corta merecedora de accéssit y mención especial en el certámen de novela corta Katharsis 2008.

dimecres, 7 d’octubre del 2009

EN LA INFINITA QUIETUD DE TU MILAGRO


Fotografía cedida por Roberto Aguirre Molina, "Respiración-grabado".
La ilustración de este poema forma parte de mi propuesta de interactuación con la imagen, un proyecto de colaboración para unir textos e imagen en un solo conjunto. Los datos del autor los encontraréis al final del poema.



El oído en llamas, pegado a la lluvia,
herida monosílaba que cuando abre los brazos,
aquieta la carne sobre el mundo
como un pájaro muerto.

La lágrima en orden de combate,
se despeña monocroma
por el cadáver anónimo de un pecho,
cierra de golpe las cortinas de la tarde,
y dispara a bocajarro
traducciones del miedo hacia los poros.

No puedo reflejar ese azul extraño
de la cicatriz que dejaron tus ojos
sobre el lomo del mar,
se me cayó el pincel en el infierno
y ahora el corazón bebe en solitario
el dolor de los peces, mi nombre desleído,
y ese horizonte flojo que rebota en mí
sin darme tiempo a creer
en la infinita quietud de tu milagro.


Marian Raméntol
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Roberto Aguirre Molina: 10 libros de poemas editados y un cuadernillo con dibujos. "Pisada", editado por la Universidad Nacional del Litoral, Santa Fe, en el año 2006; y en diciembre de 2008 se editó: "El pan y la Piedra", que obtuvo el Premio José Pedroni, otorgado por la Provincia de Santa Fe. Edición a cargo de la U.N.L y la Provincia de Santa Fe.
Podéis ver su obra en los siguientes links:
poemas, imagen, textos: http://www.elixiraereo.blogger.com.br/index.html
bocetos borradores: http://alzadamano.blogspot.com/
pinturas: http://fotolog.terra.com/aberrantesujeto
poemas y creación literaria:
http://www.animalesenmasa.blogger.com.br/index.html
http://tusyovirtual.blogspot.com/
fotos: http://picasaweb.google.com/robamolina
fotos: http://www.flickr.com/photos/robertoaguirremolina/
fotox byn: http://bosyono.blogspot.com/

dilluns, 5 d’octubre del 2009

TUS ZAPATOS SOLOS EMPIEZAN A LLOVER SOBRE EL MUNDO


Fotografía de Spencer Tunick


Las arterias de mil maremotos
ejercen de matones y catalogan la tormenta
abrazada al cuello, pasan cuentas con la tarde,
enumeran las llagas de moho sobre los labios,
el dolor que navega en bolsitas de suero
exiliadas sobre una plegaria cenicienta,
y la pólvora que naufraga en el cerebro.

Nadie puede elegir
esa luz de mirada bilingüe y planchada,
que pretende darnos lecciones de dicción
sobre el asombro de la sangre, sobre los ojos
sin orillas y el terror dialogado que deja siempre
el corazón humeante y los labios
a medio camino del perdón.

No sé si mueres un poco menos
cuando esperas ese abecedario enfermo
para la salvación en diferido,
esos besos en miniatura, orquestas de canela
que contrarrestan el vapor frío
en los márgenes de una boca cruda.

Tu cuerpo recién vaciado,
escupe oasis dentro de una aguja,
mientras tus zapatos solos
empiezan a llover sobre el mundo.

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Spencer Tunick, fotógrafo estadounidense nacido en Middletown (Condado de Orange (Nueva York) el 1 de enero de 1967. Obtuvo una titulación en Ciencias por el Emerson College en 1988.
Sus fotografías se caracterizan por grandes masas de personas desnudas dispuestas en artísticas formaciones a menudo situadas en localizaciones urbanas. Surgen de estas imágenes una serie de tensiones entre los conceptos de lo público y lo privado, lo tolerado y lo prohibido o lo individual y lo colectivo.
La fotografía de Tunick ha sido capturada de la revista El Mañana (2007)

dissabte, 3 d’octubre del 2009

QUIÉN TE DIO PERMISO- CAPÍTULO III

Una nueva entrega, queridos lectores, más detalles sobre el desván y un misterioso baúl, un arcón desconocido, intruso, extraño en medio de un mar de objetos íntimamente conocidos por Amira, un objeto que al parecer tiene intrigada a nuestra protagonista en modo sumo y que al mismo tiempo tiene el poder de incomodarla...¿queréis saber más? pues adelante.....





Para los rezagados:

Capítulo I
Capítulo II




QUIÉN TE DIO PERMISO. CAPÍTULO III

El atizador de hierro forjado que había substituido al abrecartas de Ernesto era todo mi armamento y por munición me bastaba la rabia hirviendo en el diafragma. De nuevo aquel sonido quejumbroso parecía alzar su particular grito de guerra y la luz que entraba por los porticones abiertos de las pequeñas ventanas se mantenía en la retaguardia, cosa que no favorecía en nada a mi bando.

La verdad es que en aquellos momentos bendije a mi abuelo y a su manía de guardarlo todo, aunque ya no sirviera para nada. Recuerdo que él siempre decía que era un puro acto de respeto por los objetos, que si en su día habían sido utilizados e incluso algunos de ellos admirados, no se merecían una destrucción sin pena ni gloria en el cubo de la basura. Yo creo que de haber podido, el abuelo hubiera guardado hasta las arrugas argumentando que cada una de ellas tenía su propia historia y seguro que lo hubiera hecho muy serio, porque él era serio sobretodo cuando interpretaba el papel de “cabeza de familia”, y correcto por llevar el apellido Miraflores, y también fuerte por los años de duro trabajo. Puede que un tanto rudo en sus expresiones de afecto, pero a mí me gustaba ese hombretón de cabello cano, que sabía mirarme como si yo fuera un regalo, creo que en el fondo siempre fue un sentimental. Yo le respetaba mucho porque aunque en público no se prodigase en abrazos, la quiso hasta el final, y la quiso de verdad. Alguna vez los había visto pasear por el jardín de atrás, cogidos de la mano, deteniendo el tiempo en sus bocas que ni siquiera sospechaban que unos ojillos negros estaban devorando cada uno de los gestos. Murió vomitando su nombre… Victoria….

Noté cómo la vena se marcaba un chotis en el lateral de mi cuello y cómo el calor le preparaba expresamente a mis mejillas, un simulacro de un día cualquiera en el infierno, un último esfuerzo…. sólo un poco más…. las manos estaban a punto de sufrir una lipotimia y me dolían sobremanera las rodillas, lo intenté de nuevo, sólo un poco más….. sólo un poco….

De pronto me encontré cómicamente sentada en el suelo, con las piernas abiertas, el atizador en una mano y uno de los tiradores del cofre en la otra.

Bueno y… ¿ahora que? El impulso inmediato fue abalanzarme literalmente sobre el cofre y sumergirme en lo que fuera que contuviese, pero algo difícilmente explicable me detuvo, era una sensación de miedo visceral que iba abotargando mi voluntad lentamente, seguía sin entender que Victoria no me hubiera hablado nunca de aquel baúl….

Siempre me entendí con mi abuela mejor que con ninguna otra persona en este mundo, sabía escucharme con tanta paciencia…. cómo se escucha a los viejos contar sus batallas, pero en este caso, invirtiendo los papeles, yo narraba y ella escuchaba. Me pasaba once meses al año anhelando la llegada del verano para poder subir a la buhardilla y encerrarme con ella durante horas, a inventar historias, entre vasos de leche fría y pasteles de coco. Escogíamos a un miembro cualquiera de la familia, y basándonos en su entorno real, lo deformábamos y reinventábamos hasta convertirlo en una historia fantástica que sobrepasara cualquier parecido con la realidad.

Pero estaba claro que algo quedó en el tintero, tan claro como que aquel arcón no me daría respuestas si no me atrevía a mirar en su interior, así que…

Un precioso vestido de novia, unos cuantos collares de poco valor, un juego de tocador y una caja.

Una caja rectangular de madera de roble barnizada, con láminas finísimas de cobre incrustadas asimétricamente en la superficie de la tapa, agradable al tacto y esta vez, sin cerraduras contra las que forcejear. En su interior un fajo no muy grueso de cartas atadas con una cinta de seda amarilla, perfectamente alineadas y ensobradas, como si se hubieran querido preservar del polvo y del tiempo, casi amorosamente. Desaté la cinta con cuidado, y seleccioné la primera carta basándome en la fecha del matasellos.

Fue entonces cuando reparé en ello, ¡la dirección!

Vamos cógelo…. Vamos… Hola?… Hola! Escucha Tomás…en el arcón… ¿qué? ¡Ah, qué tonta! El arcón de la buhardilla..., no he tenido tiempo de…. bueno, ya te contaré. Ahora necesito tu ayuda, escucha, ¿qué te dice la Calle Carlets número 13? Exacto, sí, el callejón de detrás. ¿Se te ocurre algún motivo por el que esa dirección tuviera algún vínculo directo conmigo? Es todo tan extraño…. Sí, a mi también me sonaba algo así… qué interesante… pero.. ¿los Deulofeu de la Miranda no abandonaron la casa familiar hace más de cincuenta años? ¿no se trasladaron a la calle principal del pueblo?, ¿cómo te explicas que tenga en mi poder un fajo de cartas y que todas sin excepción hayan sido remitidas a esa dirección? Incluso la última que es de hace apenas unos meses! Si, cartas… te lo contaré todo… con calma, que sí… lo prometo… ¿quieres hacerme caso? Esto es importante. La abuela tenía esas cartas en el arcón…Todo esto no tiene ningún sentido.
¿Qué?... bien, no le cuentes esto a nadie, hablamos luego… buenas noches.

Imagino que el miedo a lo desconocido es uno de los fantasmas más antiguos del ser humano, y cuando se apodera de la boca de nuestro estómago se crece en tal medida que bien podría convertirse en la pesadilla de uno de los terrores nocturnos que me asediaban de pequeña. Ahora tengo la misma impresión, como si mi estómago estuviera sentado en el extrarradio de la boca del averno, a punto de adentrarme en un mundo repleto de realidades diferentes que de algún modo están directamente relacionadas con lo oscuro, y eso me provoca vértigo en el alma.

Gracias por llamarme de nuevo. No, no estoy más tranquila y no, no me he atrevido. Escucha, he estado pensando y… mira, no te parece un poco extraño que Don Arturo haya estado siempre paseando por esta casa como un miembro más de la familía? Sí ya lo sé, no es solamente el albacea, sí, siempre se le ha aceptado como a un familiar…., pero es que es precisamente eso Tomás! eso justamente…. Sí, en eso llevas razón, nadie se hubiera atrevido a arrugar la nariz con nada de lo que pudiera hacer o deshacer la abuela, menuda era Victoria! Pero de todos modos, a mi me resulta muy raro que hayamos aceptado todos con tanta “naturalidad” que el notario de la familia nos acompañara siempre a todos los eventos familiares… que estuviera presente en las fechas importantes, bodas, partos, bautizos, cumpleaños, no sé, que pudiera presentarse a cualquier hora y sin avisar, en fin …, que se comportara como uno más de nosotros. No me lo había planteado nunca antes pero… la verdad es que es raro… ¿no te parece?

(continuará...)
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"Quien te dio permiso", novela corta merecedora de accéssit y mención especial en el certámen de novela corta Katharsis 2008.