dimecres, 27 de febrer del 2008

ELUCUBRACIONES DE UN PIE EN APUROS EN EL DÍA DE SU CUMPLEAÑOS




Vaya día que ha ido a escoger la vida para dictar mi subida al paredón, hoy precisamente. Desesperación en la garganta y poco más, eso es lo que al parecer piensa regalarme, la muy jodida.
Cuando he abierto los ojos, la mañana me esperaba en camisón, apoyada en el dintel de la ventana, me miraba provocativa, sinuosa y casi insultante, con toda la luz entre los dientes, si hubiera pretendido venderme un billete hacia la felicidad a cambio de mis favores hubiera aceptado de inmediato. Debo confesarlo, mi caché para ese tipo de transacciones nunca ha sido demasiado alto, en fin, todos tenemos un precio,¿ no?.
Hoy prometía ser un día especial, tenía que serlo, pero un repentino dolor me ha obligado a cerrar los ojos mientras un fuerte hedor me advertía de que esa especie de humedad que navegaba por toda la extensión de mis perfiles no era un mero sueño. No han pasado ni dos minutos antes de que la realidad ovalada del espejo certificase una realidad que pregonaba a voz en grito todo un manifiesto sangrante. ¿Puede medirse el dolor apostado en las encías de un grito?
Una espantosa sonrisa desdentada, de un color cerúleo intenso, extendía sus brazos amenazadores como un manto, ramificándose codiciosamente por todos mis rincones, aprovechando cualquier pliegue de la piel para emplazar un nuevo campamento base desde donde instalar una arriesgada línea de minas letales prestas a eclosionar , sin ningún tipo de piedad, rebosantes de munición blanca y espesa, con tintes de epidemia y naufragio.
Y yo que pensaba enfundarme esas medias de seda que guardo celosamente para ocasiones solemnes…, sí… definitivamente es un mal día para morir.
¡Si hasta tenía una cita importante!, Nicanor Parra me esperaba en el Café de la Opera para desanudar la palabra. Me prometió reírnos juntos mientras, probablemente, un Grecco de ojos envasados al vacío, tomaría café en la mesa de al lado. Yo iba a proponerle fumarnos la vida ante un periódico al revés, sin que nos importasen las dimensiones de un salón repleto de medio-cadáveres, y provocar a los cuervos.
Parecía un buen plan, reírnos juntos de las negras pupilas, de todos esos bustos fotocopiados por el insomnio, que revelan una y otra vez, que para ser imbécil basta la fuerza de voluntad. Era un buen plan, os lo aseguro.
En ocasiones así, uno ha de estar presentable, así que había planeado cortarme las uñas y aplicarles una finísima película de ese negro elegante que tanto suelen envidiarme las farolas cuando hacen la calle después de haberse bebido la noche entera; dejar huella , demostrarle a las aceras que a pesar de la edad todavía tengo la potestad de ser salvaje, de lucir sandalias de Chanel de un rojo más obsceno aún que el de la rosa, y pisar bien fuerte por esta ciudad, mi ciudad, donde las ventanas de los archivadores verticales para viudas y colegialas se ponen sus mejores ropas siempre que quieren acudir al baile y vivir con nosotros la tragedia de no saber si moriremos cuando la vida nos devuelva la llamada.
Pero en el extrarradio se prepara ya la artillería que va a fusilarme, lo sé porque ahora tengo cuatro de los cinco dedos amoratados, un espolón prominente se está dejando llevar por la histeria mientras el empeine empieza a curvarse más de lo debido, y la sudoración densa y siempre impertinente huele más que nunca a miedo.
Mucho me temo que no habrá masajes ni circuito de Spa, ni baños de barro en el Mar Muerto.
Nicanor tendrá que esperar, aunque seguro que el sería de los que opinan que uno no puede abandonarse en su cuadragésimo segundo aniversario, y yo casi estaría de acuerdo con ese postulado si no fuera porque me estoy pudriendo y sigo siendo pobre,
he perdido mi capacidad de ventosear el cerebro, de llevar la venganza autosatisfecha que nos mira desde su butaca con vistas a la oscuridad, a su mayor esplendor.
Ya no soy capaz de provocar una pelea entre las sombras, y esperar el suicidio bajo las ruedas del autobús para luego salir ileso, ya no soy capaz.
La máxima de esta ausencia es el peso del resto del cuerpo sobre los talones, sólo me queda resignarme a empezar el día con vendajes esterilizados cubriéndome de arriba a abajo, embutir mi alma hinchada en una zapatilla vieja y seguir soportando, un día más, un montón de quilos de carne ajenos por completo a mi limitada realidad.

dimarts, 26 de febrer del 2008

L’ESPILL - (3/12/03)




Espill d’ensofronyats estímuls
d’un cor empicotat pel desfortuni.

Espill de traiduries,
flueix amb rígida compacitat, la vella dansa.

I en l’anhel expectem l’engany.

Pensaments convexos i mal afaiçonats
un mar d’opacitat incognoscible i engalipada
I en la descurança,
cobejarem un xic de candidesa

Que ens permeti seguir vius.

dilluns, 25 de febrer del 2008

GEODÈSIA DE COMETES




La pell guspireja entre llençols,
l’espurna de la veu batega un nou deler
colorant-lo de vesprades internes vora el foc,
i el full en blanc sap de la seva fi
morint per acaronar el teu nom.

El verb dicta una volta del cel en pur esclat,
impresa a la memòria de l’oblit,
d’aquest oblit mil·lenari que comprèn
l’essència íntima d’un bes que s’escola
coll avall, viarany endins,
a la recerca perdurable de l’encís del teu cos
com a nova geodèsia de cometes.

Marian Raméntol Serratosa

2º accésit de micro poesía de Callosa d’en Sarrià . Ayuntamiento de Callosa d’en Sarriá (Alicante) 2005.


dijous, 21 de febrer del 2008

Entrevista para El llanto de las libelulas



- Sonia Fides: ¿A la hora de escribir a qué ingrediente poético otorga mayor protagonismo, a la palabra o a la imagen?

- Marian Raméntol: Lo ideal sería el equilibrio entre ambas, esa interrelación armónica que les llevase a situarse en un mismo plano, pero en mi caso no sucede así.

La palabra en mi poética es, la mayoría de las veces, el mero útil que utilizan las imágenes para emerger y manifestarse, para conducir la expresión del sentimiento, a veces de manera casi visual, hasta el corazón del poema, allí suelen tomarse un pequeño respiro, para continuar con su discurso plástico hasta el final. Mi relación personal con las metáforas es tan estrecha, que no puedo concebir mi palabra sin ellas.


- SF: Siguiéndola a usted en su andadura literaria es fácil observar su devoción por los clásicos en general y por Quevedo en particular, aunque de un tiempo a esta parte es notable el cambio de nomenclatura a la que ha venido sometiendo a su técnica poética.
¿ A qué cree que obedece este cambio tan peligroso y al mismo tiempo tan sustancial para su avance?

- MR: En primer lugar, a la entrada en mi vida de poetas como Vicente Huidobro, por ejemplo, que me han enseñado que existen las mujeres-verano que caminan hacia atrás, que es posible que las flores crezcan hacia abajo, y que existen violines como puentes curvos entre las almas. A Huidobro le siguieron otros, Oliveiro Girondo, Cristina Peri Rossi, Olga Orozco y Valente, entre ellos.

Mi inquietud para redefinir el lenguaje y adecuarlo a mi versión de los hechos, ha conseguido el resto, es decir, me ha liberado de ciertas fórmulas muy arraigadas a mis primeras tendencias literarias y me ha casi “obligado” a subirme a esta “especie de tren de la locura” donde no existen las estaciones intermedias, y la palabra practica el nudismo en playas que no salen en los catálogos, o donde las censuras son expertas nadadoras de croll. Hoy en día, mi palabra ya no tiene miedo a los abismos, y si es necesario hacer un doble mortal para acomodarse en algún bolsillo desarmado, o necesita convertirse en ludópata para agotar los sentidos, sencillamente, se atreve, podría decirse que mi palabra empieza a asumir el concepto de valentía con todas las consecuencias.




- SF: Cuando el lector se sumerge en su micro universo poético tiene la sensación de caminar sobre unos escenarios perfectamente delineados pero en ocasiones casi acólitos del silencio. ¿Esa imposición de la imagen sobre la palabra que usted escoge para sus poemas, parte de esta etapa de experimentación o es más bien el producto incontrolado de ese querer desasirse de sus raíces clásicas?

- MR: La imposición de la imagen ha sido siempre una constante en mi forma de versar, tanto en mis raíces clásicas, en las que ya eran las absolutas protagonistas, aunque con tintes mucho más “Quevedianos” o “Gongorinos” hasta la fase actual.
Cierto es, que al liberarse de ciertos “corsés lingüisticos” que las maniataban a escenarios mucho más rígidos, han tomado más fuerza y bravura, podríamos decir que se han “desmelenado” reafirmándose como una nueva forma de expresión donde es posible expandir el sentimiento más allá del término. Si con una imagen se consigue llegar a remover todas las fibras del lector, impactar en las retinas todo un mensaje, quizá codificado, pero también global…. ¿Para qué abusar de la palabra?


- SF: Otro apartado interesante de su trabajo es esa insistencia suya en decantarse hacia títulos realmente escandalosos para bautizar a sus poemas. ¿Se trata de una táctica para atraer al lector hacia ese afán de novedad que parece perseguir en todos sus trabajos?

- MR: Los títulos son la tarjeta de visita de los poemas, y deberíamos prestarles siempre la atención que merecen. Un título que desvele demasiado provocará el abandono del lector antes de empezar, porque el poema ya no será promesa de nada, y debe serlo, debe ser la promesa velada del descubrimiento, la provocación, la seducción irresistible que provoque en el lector la firme intención de conocerlo, de descifrarlo y apoderarse de su secreto. Yo diría incluso más, el título es el D.N.I. del poema, su identificación más personal e inequívoca.

- SF: Y por último, ¿no teme que acabará cansada de esta nueva faceta y retornará después del experimento a su raíz clásica?

- MR: Creo que no podría.
Por supuesto, sigo adorando a Quevedo, pero es una cuestión de manifestación personal, en este largo camino de lo poético, donde todos somos aprendices, y donde siempre debemos experimentar para poder seguir avanzando, uno encuentra poco a poco la voz con la que se siente más cómodo, esa que le permite mantener una forma genuina de expresión sin claustrofobias ni estancamientos. No sé hacia donde me llevarán mis pasos, ni hasta qué punto mi voz seguirá siendo la amante del adverbio no inventado, pero lo que sí sé, es que en este viaje, no existen los billetes de vuelta. Cuando dejas de reconocerte es que ha llegado el momento del cambio, y asumirlo, es parte de la aventura.

Entrevista realizada por Sonia Fides para "El Llanto de las libélulas".

dimecres, 20 de febrer del 2008

Un Blues no es suficiente razón para morir.




El Mar de los crepúsculos
se abre en tu mirada para regalarte
esos caramelos que de niña no pudiste abrir.
Roberto Cantele.

Ya pueden tomarle las huellas dactilares en cualquier comisaría
que nuestra sombra cadavéricamente sensual
siempre se declarará culpable
de traficar con acentos en blanco y negro,
y un nombre sin arrugas.

El noticiero de lo irreal dará cuenta entre titulares
de lo sexy que pasa la muerte cuando nos roza la cara.

Pero hoy no es un buen día para la lectura.
Está sonando una luz triste entre los muertos
y ahí mismo, en el café de los desheredados,
hay un piano muy joven que nos mira.

Perteneciente a "Un Blues no es suficiente razón para morir"

dilluns, 18 de febrer del 2008

ANTES DE SOBORNAR LA CINTURA DE LOS PECES

Mercurio


Da lástima ver cómo el corazón no reconoce
otro sonido que el de las silabas en blanco y negro.

Se rindió antes de sobornar la cintura de los peces
y poder llegar al último accidente marítimo
donde es posible inundar la arteria de la rosa,
y que mute su color por el del aire.

La palabra se agita como náufrago hasta que sangra,
porque hay que ser muy valiente
cuando el azul ya no es capaz de sostenerse
en la explosión de las pupilas de los ciegos
que bautismo tras bautismo
le regalan a la luz un nuevo nombre.

¿Quién se atreverá a cruzar a nado
el mercurio nacido entre dos pechos?



Extraído de "UN BLUES NO ES SUFICIENTE RAZÓN PARA MORIR"
Primer premio del XVI Certamen de Poesía ”Antero Jiménez”
a cargo del excelentísimo Ayuntamiento de Torredelcampo