
Todos los maniquíes de esta ciudad
me miran con sus ojos de muerto.
Una bombilla alógena me ofrece su pezón
pero yo prefiero multiplicarme
en el sexo de una vihuela
que aún sabe morder sus huesos
tras la pared de la madrugada.
Lo miro todo desde el pecho
para hacer luego una resonancia magnética
a las venas subterráneas del asfalto
como impetuosos chorros de silencio
manchando los muros,
las plazas,
las aceras
los cláxones,
y las zapatillas
que adornan las ventanas
creyéndose geranios.
El estruendo de los minutos rotos
será la cena de mis escobas,
lástima que los martillos
se hayan quedado sin munición
con la que clavar nuevamente
este cielo ambiguo
sobre mi ciudad sin sueño.
Marian Raméntol
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Este poema forma parte del poemario recientemente galardonado con el primer premio en el IX certámen de poesía Vicente Nuñez, convocado por la Diputación de Córdoba. El libro verá la luz en 15 días apróximadamente.




