dimecres, 12 de maig de 2010

CUANDO ERA NIÑA, JUGABA A QUE SABÍA LO QUE ERA LLORAR.



Hoy te recuerdo
Con una lágrima esquizofrénica
Tú y yo amándonos con Dios entre las manos
Con todos mis muertos
Y con todos los tuyos.

Roberto Cantele

Como niño castigado me quedo frente al paredón
y las balas me transforman en la tintorera que simula la paz
en el foso más feroz de mi propio genocidio.

Un teclado blanco, vestido con su frac invernal,
martillea sólo las teclas que hacen posible
que caigan marcianos desde los anfiteatros
gritando que los corazones son clavicordios
que desafinan cuando se dejan de tocar.

El monaguillo entrega una ostia
a cada boca dominical sin golpes
y nos sentimos satisfechos
mientras los bebés se destetan de tanta soledad.
Ellos han descubierto ya que las estrellas
no son más que los ojos de la muerte
que espía nuestra conciencia
atiborrada de fiebre y anonimatos.

Cuando era niña
jugaba a que sabía lo que era llorar.
En mi reino traído desde las fábulas
que preguntaban por mí a los espantapájaros,
conocí las cosas que suceden
cuando la luna está llena.

Una colonia de lagartos azules nos condena
a trabajos forzados
dentro de celdas con paredes de recuerdos,
aún así intento reinventarme cada día
pero también cada día creo menos
en la suspicacia de mis nueve corazones.

Sólo sé que sigo siendo una solución sísmica
un reguero de temblores
una sustancia acalorada y contenida
con deseos de abrir los labios
e incendiar todo un sistema.

7 comentaris:

Jorge ha dit...

Colera reprimida
en una visceral sustancia.
Temblores como quien regara plantas.
Solucion desde una ira
por debajo de la tierra.
Labios incendiarios
deseosos de desatar su fuego.

Y por aca abajo uno
trepando por tus versos
como bienintencionados lagartos
deteniendose en vanas disecciones,
disfrutando a gozo lleno tus laberintos.

Como siempre, Jorge
madrugando en tus mediodias

Sarco Lange ha dit...

Entre toda esta fábula reparo en esa atroz luna que ilumina todos y cada uno de nuestros llantos.
Dejaré un grano de uva bajo las alfombras...
Muicks!

Manel ha dit...

Humaredas sin fuego en el cielo
grises nubes,
almohadas tendidas en ventanales
inciertos de luz.
El mar, la mar
deja su espuma
pellizcando la herida en paralelos arcos
avanza
sonriendo.
Se guardan los recuerdos
en cajas de hojalata
agujas de pino
trazando el corazón
con fecha y amor.

FRANCISCO PINZÓN BEDOYA ha dit...

Me gustan mucho estos versos tuyos

Un abrazo desde este lado del mar

Lisola ha dit...

Siempre es un placer leerte Marian. Mi enhorabuena por tus palabras.

Recibe un fuerte abrazo.

Lisola.

Pedro Ojeda Escudero. ha dit...

y que dolo, ya de mayores, llorar sin tener el candor de la infancia

RICARDO MIÑANA ha dit...

Muy bonito el verso Marian,
aprendemos mucho de niños y guardamos tan bellos recuerdos.
un placer leerte.
que tengas una feliz semana.