divendres, 25 de juliol del 2008

LA SAL SABE A MANCHA EN LA PARED




Salgo con la maternidad en brazos,
agitada, como quién mece un hueco de sal i agua
y mastica su catarsis con los ojos.

Por calcetines llevo caligramas,
y soy proscrita en cada playa, en cada charco,
por hacer la manicura a los hijos legítimos
de un azul grave con piel de sanatorio.

Imagino cuadros con tirantes de pincel
sujetando mujeres de aceite, mujeres de aire
inventadas por el reverso del tiempo,
el color suda y descansa.

Imagino excesos de carne, el mar, su lengua,
un mundo postrado en coma
con la ley de la tragedia en el abdomen
y el volumen del infinito resbalando por el pecho.

Salgo con recuerdos ajenos entre los brazos,
un viejo compra unos cuantos gramos de aliento
para cuando vengan las vacas flacas
a mofarse de esta falta de pulso.

Y la sal parece ahora
una mancha en la pared.
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Poema publicado en la revista Palabras Descalzas. Octubre 2008.

dimarts, 15 de juliol del 2008

LA QUE ESCRIBE POR DEBAJO DE MI




La que escribe por debajo de mí
es como un caño de silencio con palabras
vulnerable, con piernas y vientre de arena.
Ajena al exilio de las hormonas
me espía desde el misterio del color,
y se retrasa en traerme la muerte, perfecta,
redonda y de absurda cabellera.

Es la misma que me neutraliza
como animal de sangre caliente
la heredera de todas las anémonas salvajes
que se cuelan por debajo del retrato de los monstruos,
la que practica salto de pértiga
entre mis arterias noctámbulas y el ombligo del espejo,
e imparte clases sobre el pudor del plomo.

Es la otra, capaz de dialogar con las señales,
la impura, la que me deja siempre en precario
y enciende mis ciudades, es ella y no yo,
la que escribe por debajo de mí,
la que existe sólo en la mirada de los ángeles inertes
y en los descosidos de mi chaqueta alucinada.

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Poema publicado en la revista (tanto en formato en papel como en su versión digital) El Algarrobo. Perteneciente al poemario No Hubo apenas mar en el desnudo abierto de tus ojos, galardonado con el primer premio en el VIII certamen de poesía Leonor de Córdoba.

dilluns, 7 de juliol del 2008

OCHOCIENTAS BALAS




Dices que soy tu travesía más ancha
que adivino todos tus pasillos cuando crucificas la ciudad
y te dibujo caballitos de sangre entre las manos
pero en los escaparates de mis versos y lagartos
te aseguro que todo cabe
en montones de cajitas de cartón.

La diarrea de una adelfa, el aborto de la tuera
el vómito del acebo, todo,
incluso la adormidera marina y el café
en montones de amuletos de cartulina.

Aunque por no contradecir al sol cuando exagera,
yo te ofrezca ochocientas balas en el escote
de una muñeca rota
por donde pierdo el silencio, -esa pausa para la respiración
cuando todo juega a las carreras-,
y vaya con mucho tiento
para que no me atropellen las orillas.

Siempre hay un instante en los meridianos
para acordarnos de aquellos
que nos acompañan en estas jaulas abiertas,
ochocientas balas alineándose con el resto del calcio,
los tendones y los giros,
pronto podré conducir de nuevo, el coche o una vida
rescatada de cualquier esquina.

divendres, 4 de juliol del 2008

COMO UN ANIMAL, SE CALLA EL PEZÓN DE ESTE MAR VIVO



Se callan mis células de ácido,
el silencio es ahora un inmigrante
entre mi cuello y la nuca de este mundo
cogida entre las manos por los pelos.

Cierra la boca el esperpento de mi cama
ese espacio que es de un lujo miserable
y que huye del glamour de la tristeza
sin mancharse nunca los talones.

Como un animal, se calla el pezón
de este mar vivo en el cuadro de la pared,
vacunado contra la gravedad,
mantiene su postura vital en el desahucio.

Se calla el ruido del poema,
no chistan ni los tatuajes de los árboles,
los bombarderos atropellan las luces de plástico
que arrojan nuestros nombres
contra los estómagos tristes de las ciudades.

Enmudece el olor de los manzanos
rompen sus vértebras en un chasquido
de hojarasca urgente, sin arrepentimiento.

Todo ensordece,
los cristales imaginarios de las chavolas,
las verdades de mantequilla
que nunca fueron a la universidad,
los viajes terminales del autobús que vuelve
a casa desde los cementerios,
los hospitales y sus zapatos,
la lluvia de limonada de los cuentos,
la desidia de un bistec y su bostezo,
la playa de mi habitación, todo.

Y en un acto de violencia extrema
me escudo en el perfil de tu avenida
mando a mis ojos a revisar el abandono
y vuelvo, al único lugar posible
donde toda escena es irreal.

dijous, 3 de juliol del 2008

UN CUADERNO DONDE APRENDÍ A ESCRIBIR EL RUIDO DE LOS PECES AL AMARSE



He abierto los armarios de mi casa
donde guardaba mis nombres de cristal
y en la caja donde sembré las voces de los viejos,
he visto que aún crecen
arbustos de medias profundas y arrugas en los ojos,
matas de delantales negros que no son aromáticas,
tampoco decorativas, pero alimentan,
porque el hombre vive de las cosas
que han muerto muchas veces
como si en las alturas
se pudiesen arañar eternidades,
y ése fuera un concepto mesurable.

He abierto la caja de las tardes amarillas
donde guardo los crepúsculos sin terminar
y un par de cigarrillos de repuesto,
y entre las horas pequeñas y las que ya enviudaron
he encontrado un botellín con aceite del invierno,
un par de pecas robadas al escote de la noche
y un cuaderno
donde aprendí a escribir
el ruido de los peces al amarse.

Afuera llueven adulterios con sus hijos en la espalda,
se escapan los pájaros
mientras yo,
sigo abriendo lodos y cañaverales
con la secreta esperanza de recoger mi sangre
madura en el castaño.

dimecres, 2 de juliol del 2008

POÉTICA



Me he pasado media vida intentando definir la poesía, y debo confesar que no lo he conseguido.
No voy a transcribir aquí la definición que nos da la Real Academia de la Lengua Española o cualquier otra fuente a la que deseemos acudir porque para eso tenemos los diccionarios o nuestro queridísimo Google (que tantas y tantas veces nos salva la piel), así que me limitaré a expresar mi conclusión personal, que como personal que es, puede ser tan válida o inválida como se quiera.
El arte, como cualquier disciplina (ya empieza a fallarnos el lenguaje) que contemple la abstracción, o que intente comunicar más allá del lenguaje, es difícil de “clasificar”, “encasillar”, “compartimentar”, y tantos otros “ar” que sin duda podrían añadirse, y que al final, nos llevan irremediablemente a un callejón sin salida, es decir, es casi imposible de definir. Y lo es porque el concepto mismo de “abstracción” implica el aislamiento conceptual.
Ese aislamiento conceptual nos provoca un K.O. técnico, casi nos imposibilita de cintura para arriba porque atenta directamente contra los mecanismos habituales de nuestra mente. Es el que nos ata de pies y manos, y la capacidad mental del ser humano para poder “deducir”, “intuir” u “oler” la esencia de un concepto, es el único lenguaje que podrá servirnos de apoyo para intentar “torear” el reto de una supuesta definición de la poesía.
Partiendo de esa base, decir que la poesía es la manifestación de la belleza o de los sentimientos por medio de la palabra, me parece, siendo tremendamente amable, muy pobre.
Cada vez que intento abrir la boca para “soltar” un par de frases que se aproximen a lo que entiendo por poesía, sencillamente, fracaso, y aquí sí que el poder de la palabra se sublima y prestando atención, hasta puedo oír el ruido a cristales rotos en los escaparates de mi mente.
Tras muchos intentos, he llegado a la conclusión que aunque parezca una incongruencia, y a riesgo de que alguien sienta deseos de abrirme la cabeza para intentar reprogramar esos circuitos que sin duda alguna salieron con defecto de fábrica, por una vez en la vida, debemos exigir que nos lean nuestros derechos antes de ser lapidados por los adictos al lenguaje y aprovechar nuestra prerrogativa a guardar silencio porque, para hablar de poesía, DEBEMOS “PASAR” OLÍMPICAMENTE DE LA PALABRA. (así, en mayúsculas).

La poesía no puede ni debe explicarse, porque su campo de acción cubre esa explanada donde lo real es lo intangible, donde la palabra se adelgaza hasta convertirse en un mero perfil, un eco, una silueta de su verdadera naturaleza. Nunca llegaremos a la poesía únicamente a través de la palabra; la poesía no ”cuenta”, no “explica”, no “narra”, su idioma es sugerir, invitar al lector a dejar que sus fibras se zarandeen sin intentar identificar cual de ellas lo hace o por qué, provocar que una pupila se dilate, que haya un cortocircuito en los poros de la piel, que el ritmo cardíaco “sienta” de manera primaria, NO CONSCIENTE.

Y aquí hemos llegado al quid de la cuestión, cuando un poema se convierte en poesía se sitúa en “la otra escena”, y allí no nos sirve para nada el consciente, el reto es dejar de considerar ese otro tipo de idioma como animal mitológico y entregarnos sin reservas al poder de los sentidos, porque en realidad, la poesía bien podría ser el lenguaje de una psiquis que está más allá de la razón.
Lo veis? De nuevo lo he intentado, y una vez más, como tantas otras, no he podido conseguirlo.