dijous, 3 de juliol de 2008

UN CUADERNO DONDE APRENDÍ A ESCRIBIR EL RUIDO DE LOS PECES AL AMARSE



He abierto los armarios de mi casa
donde guardaba mis nombres de cristal
y en la caja donde sembré las voces de los viejos,
he visto que aún crecen
arbustos de medias profundas y arrugas en los ojos,
matas de delantales negros que no son aromáticas,
tampoco decorativas, pero alimentan,
porque el hombre vive de las cosas
que han muerto muchas veces
como si en las alturas
se pudiesen arañar eternidades,
y ése fuera un concepto mesurable.

He abierto la caja de las tardes amarillas
donde guardo los crepúsculos sin terminar
y un par de cigarrillos de repuesto,
y entre las horas pequeñas y las que ya enviudaron
he encontrado un botellín con aceite del invierno,
un par de pecas robadas al escote de la noche
y un cuaderno
donde aprendí a escribir
el ruido de los peces al amarse.

Afuera llueven adulterios con sus hijos en la espalda,
se escapan los pájaros
mientras yo,
sigo abriendo lodos y cañaverales
con la secreta esperanza de recoger mi sangre
madura en el castaño.

2 comentaris:

Sarco Lange ha dit...

Marian, uno de los grandes poemas que he leído, una barca en novena dimensión con terribles vientos azotando sus blancas velas. Una tabla en medio del desierto, donde todos buscan agua.

Marian Raméntol Serratosa ha dit...

Mi querido Duende, no sé cómo sobrevivirían mis poemas sin tus cuidados, tu exquisito mimo y tu mirada.

gracias de corazón.

Mil besos en Fa.
Marian