dilluns, 11 de juliol de 2016

EXTREMADAMENTE NÁUFRAGOS




EXTREMADAMENTE NÁUFRAGOS 

El dolor se añade a sí mismo
y llora sobre mi lápida.

Un atardecer de manteca
se extiende sobre las rebanadas
de mis días oscuros,
y  todo se vuelve indivisible,
el sexo recién lavado y distinto
para cada muerte,
la pizca de sol que me queda
bien apretada en la nuca,
agua para el amor y para el odio,
sal para los nombres
extremadamente náufragos
que apenas alcanzan tu casa, tu vientre.

Todo se anuda en el séptimo escalón
de mi ceguera, en mi aplomo al ignorar
tu sabor desandado, la aceleración de tu huella
hacia el cero orondo y perfecto de un latido.

Todo se funde en ese crepúsculo inmenso
que deglute mi sangre y me nombra al revés,
entonces deseo tan sólo
desaparecerme,
despacio,
bajo tus alas muertas.



Marian Raméntol