divendres, 11 d’abril de 2008

HAY HOMBRES QUE NO PESAN











Hay manos que nacieron sin pasaporte.
Cruzan la frontera del vientre
al antojo de cualquier sueño
mientras el cielo gira holgazán
sobre un rebaño de cabezas idénticas.

Nadie encuentra la cerradura por donde espiar
los nuevos diseños de cruces sin clavos
que los dioses están ideando para el próximo siglo.

Hay nombres que no tienen madre
pero su eco
sigue paseándose por la barandilla de lo imposible,
como si quisieran hacerle a los árboles la competencia,
siendo esos dandis empeñados, una y otra vez,
en arañar el sexo de las nubes.

Hay hombres que no tienen huella.
No pesan, y su daltonismo les impide ver
que están bailando un hermoso Vals
con el filo de la nada.

Un corro de chiquillos de nueva generación
andan amaestrando sus traseros
para respetar las normas de urbanidad,
donde la fe está prohibida, y el reflejo del agua
no es más que el color sepia de un retrato.

Cuando el cielo empiece a tener prisa
¿Cómo lograremos que el mar no nos bostece?





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Poema publicado en la revista Digital Palabras Diversas (marzo 2009), en su número 16, sección La Voz de los Poetas.