diumenge, 13 d’abril de 2008

EL PELO QUIERE IR AL TORRENTE PARA BRILLAR DE AGUA



Qué tontería, el pelo quiere ir al torrente para brillar de agua en compañía de Montalbán, ¿Quién quiere bailar con el olvido de los muertos? ¿Quién, a estas alturas, querría jugar una partida de ajedrez con la voluntad de un océano en crisis? Mi mística es mucho más simple, desde que se miró en el espejo y se avergonzó de su desnudez, desde que ya no tiene la textura de la lana y aquí hace demasiado frío para seguir manteniendo el liderazgo de las rosas, únicamente quiere librarse de estos malditos detergentes que lavan amarillo y tiñen la lluvia de una humanidad aséptica y exenta de mal olor, esa cuyo único destino es aparecer tan sólo en las listas de desaparecidos.

¿Globalizador?, ¿tecnológico?, así el beso se teclea y el sexo se sirve en bandejas de entrada con la mejor de las suertes. Ay de nosotros! Pobres polizontes en una hoja en blanco, pobres payasos de aire comidos por la huida.

No sé si habrá esperanza en el fondo del mundo, quizá las mariposas se amotinen cuando no quede más púrpura que los moretones y el pelo ya no encuentre más peces que los que conserve en el bolsillo, ni más torrentes que los que forme el destino del arrozal.

Y aún así seguimos emborrachándonos de nombres en habitaciones vacías, tan vacías que se convierten en destiladores de poesías veneno, sintetizadas debidamente, encapsuladas en monodosis de recuerdos con sabor a galaxia, para que nos provoque el mejor subidón de nuestra vida y nos dejemos lobotomizar por la historia. ¿Para qué hacer preguntas? Si todo lo que somos será escrito por palabras sin ojos.

A veces sueño con un inmenso cuervo que vomita ácido corrosivo sobre el resto de mis dudas, quiero abrir la boca, quiero saber si es cierto que se puede nacer anciano, pero la noche no cierra nunca los párpados, se limita a retener la respiración y pasar de largo, mientras nos señala desde arriba dejando paralítico a cualquier rincón, no habrá guarida, ya no.

¿Y resulta que el pelo quiere ir al torrente para brillar de agua? Qué tontería más seria. Siempre ha sido tozudo, se empeña en ser feliz cuando en realidad la ausencia y el cansancio son la verdadera deriva del sentido común, pero es inútil intentar hacérselo entender, a mi pelo siempre le faltó un hervor.

No hay abecedario capaz de sostener tantos errores. La palabra que no puede ser silencio es el testimonio de nuestra ridícula pretensión del bienestar, y su viaje termina pronunciándonos frente a la tumba.

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Relato publicado en el portal de la Asociación Cultural Myrtos (noviembre de 2008)

1 comentari:

Cesc Fortuny i Fabré ha dit...

Amor, ets una canya. M'encanta aqueta línia que has encetat de relats curts. Son fantastics.