dijous, 10 d’abril de 2008

DICEN QUE LA MUJER MATA POR EL CABELLO Y POR LOS OJOS


A Roberto Cantele, por todo.


Yo, turista de lujo
en la terraza norte del primer balneario
de un océano recién nacido, doy fe.

Dicen que la mujer mata
por el cabello y por los ojos
mientras se viste de épica y regaliz,
yo digo que no hay flechazo
para la mística irresponsable que olvida el gemido.

Transito pueril entre los sables,
paseo de tumba en tumba
aferrada siempre a esta vida de cisnes
y malos entendidos,
llevando dos mundos en mi nuca.

Cuando de la herida mana el griterío
y en vez de sumar
divide limpiamente lo que toca,
es el momento de golpear la puerta y entrar
sin más credenciales que un dardo rojo de sangre
y una tarde perforada de buenas intenciones.

Si evacuo la miel y el páramo de trigo
con el que me reconoció la madrugada,
os aseguro que en pleno enjuague bucal
descubriré mis cenizas.