Vamos perdiendo a los muertos
se deshacen poco a poco
como un alambre que estirase la tristeza,
la vejez que no cabe en el pecho
se siembra en campos incoloros
como narcótico contra la incertidumbre.
En las muelas del día los tanques de oxígeno
son cataclismos de guitarras y armónicas,
banquetes de nubes ilusionistas
confabuladas con el desorden del sol
para encuadernar los crepúsculos
en la raya de los ojos, para lavar el matiz
del caos y dejar el silencio limpio.
Y nos quedamos con la fórmula escondida
del terror en seis letras, fingiendo la sorpresa.
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Poema publicado en la revista mejicana El Humo,Enero 2011.
