diumenge, 19 d’octubre de 2008

OÍMOS EL GRITO DE UN BOCETO DE NUBE ACRIBILLADA.



El suelo embotellado te pone la tragedia al alcance
en los días de lluvia, cuando las servilletas naufragan
entre la canción y otro cuello roto.

El recuerdo se pasea manchado como un jaguar
por la cresta de los dientes, depredador
en las sabanas de cualquier domingo
de esta ciudad estricta, enemiga de tu pecho.

Se desplomó el cigarrillo con el mismo porte
con el que la luciérnaga
inventa alucinantes trayectorias libertarias,
tu piel sin urgencias re rió del absurdo gesto
de los brazos del balcón, crucificados.

Apagamos todos la luz, como tú pediste,
y oímos el grito de un boceto de nube acribillada
cayendo estrepitosa sobre la sombra del agua.

Aún llevamos la orfandad en los ojos abiertos,
sé que la oyes,
en la garganta áspera del viento abrazada a las almenas.

La tristeza de los tristes detenida,
sin el arpegio de tu nombre pactando con la gravedad
una tregua para sudar a solas,
para escurrirte de puntillas
por la desembocadura de los sueños,
hasta morder con los ojos ya idos
la primera costilla de la muerte,
notar su peso en los pulmones,
las piernas duras, y verte, al fin, entre sus venas.

6 comentaris:

Sarco Lange ha dit...

Con él, sin él, en esa ciudad furiosa con tranvías y desiertos. Con él, sin él, con toda esa suerte de armamentos, y cruzar las calles mirando hacia el olvido, para que todo sea por fin definitivo.

Un beso, Marian.

Cesc Fortuny i Fabré ha dit...

Las ciudades enemigas de nuestros pechos, son plataforma eterna, son útero divino.
Muac!

Georgia ha dit...

Aún llevamos la orfandad en los ojos abiertos

hermosa frase;muy buen poema

mi abrazo

Marian Raméntol Serratosa ha dit...

Cuanto cuesta ese definitivo, mi duende, se esconde en las alcantarillas y se resiste...

Mil besos en Fa.

Marian Raméntol Serratosa ha dit...

Y las respiramos mi Gran Chamán, tanto que hasta nos duele la sangre.

Todos mis besos
MArian

Marian Raméntol Serratosa ha dit...

gracias Georgia, está dedicado a un buen amigo mío, que un día decidió que el mundo se le quedaba pequeño, y en un acto de renuncia extrema, voló balcón abajo, dejando un beso para cada uno de nosotros entre las nubes, el dolor de su pérdia vuela todavía sobre Granada.

Un abrazo