dimarts, 9 de setembre de 2008

LOS MEMBRILLOS ERAN OTRA COSA



La voz en-Off de esa calle empinada,
borracha de helados y sistemas solares,
eructa sin pudor desde el vientre abierto
que los membrillos eran otra cosa,
primavera subterránea,
la plata al rojo, y piel de harina
tomando baños justos de sal y acero.

Pero yo sé que la canción del trigo
suena como entonces,
a palabras
alrededor de la diáfana historia
de Quijotes y Sanchos cubiertos de úlceras
que mueren con permiso de la nieve,
las capuchas y las balas.

Los pájaros siguen siendo pájaros,
y el temblor de los dramas pasea cada tarde
por el aguijón de nuestro pecho,
por los relojes que están naciendo
por los días dormidos, las alas de las mariposas,
y por las embajadas de blancos decididamente azules
que apagan con su aliento las velas incendiadas.

4 comentaris:

Cesc Fortuny i Fabré ha dit...

Absolutamente genial, en especial ese último verso

"Los pájaros siguen siendo pájaros,
y el temblor de los dramas pasea cada tarde
por el aguijón de nuestro pecho,
por los relojes que están naciendo
por los días dormidos, las alas de las mariposas,
y por las embajadas de blancos decididamente azules
que apagan con su aliento las velas incendiadas."

Buf! de orgasmo.

Sarco Lange ha dit...

Quizás nosotros éramos otra cosa, allá en los benditos años 80 en donde creíamos ser un poco más libres y más liberales y pensábamos que el té era sólo cosa de viejos.

Y hoy nos escapamos de nosotros mismos a hacer esas cosas que alimentan las arrugas.

Y es justo subir más arriba que la lógica y masturbar al tiempo con palabras transparentes y ruborizar con indecencia cada letra del gorjeo monumental de las tardes pudorosas.

Entro en tus poemas y salgo fracturado. Pero feliz...

Marian Raméntol Serratosa ha dit...

Gracias Bitxet, los finales son casi siempre el sostén de las palabras en su destierro, por eso cobran tanta fuerza.

Mil besos (y muchos más)

Marian.

Marian Raméntol Serratosa ha dit...

Será que mis ojos empiezan a tener canas, Duende, pero todavia están dispuestos a colocarse las pinturas de guerra.

Mil besos en Fa.