dijous, 28 d’agost de 2008

EL HEDOR DEL AUSCHWITZ QUE DUERME BAJO LA CAMA



No es fácil descubrirse
colgado de un extremo del destino
mientras el verde se deshace.

Las hojas desgrapadas pierden humedad,
nos recuerdan que los héroes
nada entienden de holocaustos de papel.

En los abordajes de celuloide crecen parches en las nubes,
y las uñas acaban por dar siempre respuestas líquidas,
como los ojos del zapatero
que repasan con paciencia el lagrimal de las letras
para evitar inundaciones.

Parecen un ejército de fichas de dominó
vomitando sobre el tapete
los huesos enterrados en una piel sin anécdotas,
en un intento dramático
subrayan en las ingles del bostezo
cirios, hogueras, fuegos,
con el error estampado en las sienes.

Y con el tiempo, quizá consigan
el dolor como único patrimonio
sobreviviendo agarrado al tórax de las hormigas.

Escriben, pero no queman,
quizá no existan los incendios,
aunque la soledad, por poner un ejemplo,
nunca ha sido muda, como tampoco lo es
el hedor del Auschwitz que duerme bajo la cama,
mal abotonado, con manchas de aceite en la frente,
o la altura de un platanero que quiere ser
el brazo armado de sí mismo.

Por suerte,
la camisa que plancha las dudas de mi cuerpo
es capaz de oír el verso regordete
que sigue tensando el acordeón de mi cerebro,
dejemos que la humedad duerma entre las horas,
porque hay platos por fregar, una nevera vacía,
y un charco de sal rancia
que no cesa de salpicar el duelo
de mis nuevas geografías.


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Poema perteneciente al poemario No hubo apenas mar en el desnudo abierto de tus ojos, galardonado con el primer premio en el VIII certamen de poesía Leonor de Córdoba. Edita Asociación Cultural Andrómina.

4 comentaris:

Sarco Lange ha dit...

Ignoro, Primavera, de cuándo es este maravilloso poema, pero adviertes sobre tus nuevas geografías, y esas latitudes son e-x-q-u-i-s-i-t-a-s, un diálogo muerto, absurda la alegría violentada por ese señor de abrigo anacrónico de tu escribir, un pozo enorme donde debemos de ir a beber agua y nos empujas al vacío y mientras vamos cayendo creo se oye una voz en Fa que hace un mapa de la caída, un turismo del azote, y veo al gran Cesc que con un paraguas azul-brillantino pasa por mi lado con un puro en la boca y me da una cachetada para poder resucitar, y sigo viendo cosas a medida que no termino de digerir tus versos y eso es lo que provoca un buen poema, si no te sacude es porque no fue un buen escrito, y lo leo y ya la caída es una estancia bajo tu cama junto a 4583 guerras mundiales y se agradece fatalmente ese óxido de vuestro pensar.
Un gran abrazo.

Marian Raméntol Serratosa ha dit...

Está recién salido del horno, mi querido Duende, es esos infiernos de lujo donde suelo fumarme las horas, donde la humedad seca los pocos soles que quedan antes de la monumental caída.

Y es que es necesario que hayan caídas para poder levantarnos, querido mío.

Besos en Fa.

Sarco Lange ha dit...

...Y la frecuencia, Mujer, la frecuencia y la secuencia, las voces siguen dando cátedra de fatuas y ascéticas carreras universales; es así, y no es así, dices que la caída es un imperio, te creo, te creo hasta la sangre, y ya tenemos el cuerpo amoratado y las esperanzas se queman con las propias velas de aquella bóveda,no menos cítara que el siseo de tu voz a las tres de la mañana de cualquier jueves.
Y te juro que agradezco que el poema sea nuevo.

Marian Raméntol Serratosa ha dit...

Mi Duende...tengo a dos chamanes en mi vida... qué más se puede pedir?

Besos, cientos, miles,y todos en el Fa más puro.