divendres, 8 de juliol de 2011

ANTES DE QUE EL CIELO EMPIECE A MENSTRUAR VERDADES

Imagen: Paladar. Propiedad M. Raméntol

La noche se ha arrancado
sus ojos de lechuza.

Está llenando el equipaje
con el sabio legado de un sol hereje,
que predica la policromía de la victoria
desde un corazón en blanco y negro.

Empaqueta la respiración de los huesos
y compra el silencio de la arritmia
para que no delate su incapacidad
de sostener por más tiempo
el peso de las balas que luce en el escote.

En el neceser de las dudas
ha incluido el mejor astringente
para las emociones
aunque sigue recordando cómo
en un acto de exasperación,
solía acechar los tejados
en busca de ángeles caídos para que,
vendiendo sus cuerpos
a los timadores de estampitas,
le proporcionasen una nueva dosis
de antidepresivos
y con ellos olvidar la obesidad de las arrugas.

Basta con una pequeña muestra de la arteria
que lleva días merodeando como puma
por la jaula de la boca de Dios,
para comprender con horror que
la condición actual de su ADN es el desmayo.

Y nosotros, pobres idiotas,
llamamos estrellas
a esa inmensa erupción de pus
que baila frenéticamente
por la circunferencia de su ombligo.

Perdonadme,
pero antes de que el cielo
empiece a menstruar verdades,
y la hemorragia inunde
la posibilidad de cualquier destierro,
le debo una última confesión:
sorber compulsivamente el acné de la luna
es y ha sido siempre de mal gusto.

No hace falta buscarle avales a la belleza.


Marian Raméntol

7 comentaris:

Sarco Lange ha dit...

Es que la noche es tan cabrona. Y los días aun más. En el fondo, hoy, creo que el día y la noche son un espejismo surrealista en el que juramos estar de pie pero sólo basta que se escuche un trueno y todo se viene abajo.



Abrz. Hermana.

Albert Lázaro-Tinaut ha dit...

Querida Marian, noto en este poema un pequeño cambio de registro con respecto a otros poemas tuyos. En cualquier caso me quedo con este igual que con los demás, porque (y lo afirmo contigo) no hace falta buscarle avales a la belleza (¡qué hermoso final!, me parece lapidario).

Amando Carabias María ha dit...

No hace falta buscarle avales a la belleza...
plas, plas, plas

José Antonio Fernández ha dit...

Menudas imágenes!! Algunas son brutales. Yo, este poema lo veo de tu cosecha. Será que te he leido mucho y ya veo tu firma.
Un abrazo y muy buen verano.

La sonrisa de Hiperión ha dit...

La belleza no necesita avales... Ella misma se sobra...

Saludos y un abrazo.

Jorge ha dit...

Porque la belleza es y seguira siendo belleza no importa como se
muestre y renueve los pulmones de nuestro asombro como lo haces tu
cada vez que pone tus manos sobre
las palabras.

Sin respiracion y sin huesos me he quedado

Siempre tuyo
Jorge

Antolín Amador Corona ha dit...

Así me gusta a mí leerte... y ladrar. Wow.