dijous, 27 de novembre de 2008

NO TENGO PALABRAS PARA ESTE BENDITO ACCIDENTE

MI HOMENAJE A ROBERTO CANTELE CABRÉ.






















NO TENGO PALABRAS PARA ESTE BENDITO ACCIDENTE

A Roberto Cantele


Una mano sostiene la mirada del agua
durante siete suicidios, sin estornudar.

Con una rosa muerta en el ojal,
los funcionarios de la fe abusan de los niños,
y los retablos vomitan sus policromías distantes
abofeteando la infancia, los rosarios,
la comunión del frío y las alcantarillas, juntos
empiezan a viajar por carreteras secundarias,
donde el dolor es más real y la vida se entretiene
en pegar calcomanías de metralla
en el pecho que naufrague en voz más baja.

Miro a mi alrededor siete veces,
siete oscuridades pegada a ti,
mi último suspiro, mi irreverencia ante las flores,
mi desembocadura.

Alguien me golpea el hombro
y una delicada y elegante sombra
me hace creer que todas las angustias del mundo
pueden ser sobrepasadas. No tengo palabras
para este bendito accidente.

Marian Raméntol- Noviembre 2008

Publicado en la Revista Literaria Baquiana (EE.UU), nº 63-64. Enero-abril de 2010.




Publicado en el número 7 de la revista 3D3 Revista de creación, del colectivo Cultural Myrtos Grama Al manar. Junio 2012.










La mirada de Roberto Cantele sobre mis versos

Así, generoso, Roberto el Grande me dice, como si nada: leerte significa derribar fronteras en la comprensión de variados mundos y esos mundos también son planetas repletos de visiones de esperanzas de bofetadas son mundos con y sin gravedad dependiendo del rigor en el azote entonces uno se pone unas alas que vienen como extras en tus versos y en una especie de parapente delirante nos vamos surcando pueblos y generaciones caminos cubiertos de niebla en la peor de las madrugadas rutas endemoniadas con olor a los pañales del hijastro del demonio y a medida que va acabando tu poema uno quiere retornar pero “la entrada es gratis, la salida, vemos” una droga un gramo funesto de cocaína que hace que uno vuelva condenadamente en la eternidad de siete versos cubiertos de amoniaco y menstruación una suerte de electroshock literario y en cada voltio se hayan letras mayúsculas que tras sus barbas traen las secuencias ingratas de un final feliz en un poema no feliz porque la felicidad viene en las sobras de un día cualquiera.

Acercándonos a Roberto:


¿Quién es Roberto Cantele? Ante todo un grandísimo poeta, una grandísima persona y un amigo personal muy querido que conoce cada uno de mis pulsos casi mejor que yo misma. Roberto es un duende extraño, con el que he aprendido a confiar en esa luz que se cuela por las rendijas de mi puerta, a saber su nombre, a respirarla despacio, como se hace con el bálsamo, y con el que mi poesía ha aprendido a sanar. Un artista de dedos de alambre, tan precisos, tan quirúrgicos que hacen cortes perfectos en el universo, ese abrazo, esa mirada capaz de acompañarme.

Pasar por su obra es inventar una tarde distinta a las otras tardes, una mansión tardecina con otros instrumentos, una casa castillo, una pasión por las cosas primordiales, es adentrarnos en una tarde en que hasta los gatos parecen destinados a otros espacios y el nogal se eleva en otros aires, y ese mismo aire parece flotar sobre otras gravedades. Roberto Cantele significa estar y no estar, dejar que la vida pase por el carril vuelto glaucoma en la mirada escéptica del querer vivir , y entre todo este escenario y entre todas estas extrañas flores, aparecer sobre el pánico, dormitando, volver la vista sobre esa ranura color verde que son sus ojos (ojo es una visión con indumentaria de artista callejero de mimo, dicho con sus propias palabras) de cadáver ambulante, y correr a todo gas por las calles infectadas de Santiago de Chile, para luego partir como una exhalación a vomitar lombrices de una belleza extrema.

Poemas de Roberto Cantele, que me envió allá por el 2003 y que siguen aleteando por todos mis rincones:

Antiguo leñador
Que caíste desmayado al suelo
Antiguo hombre
Que eras viejo en plena pubertad
Antiguo anacoreta
Hombre que el pánico te penetró
Hombre que te fuiste al mar
Furioso mar frente a las costas temerosas
Hombre
Viejo leñador resucitado
Trozo de loica
Pedazo de miel en cada ojera
Hoy te levantas desde el suelo
Escupiéndome a la cara
Tan erecto que eres
Tan gallardo que hoy te presentas
Y apenas tienes en tu patrimonio
Una linterna rota
Y que juras está bendita.
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La culpa
El desenfado
Las ganas locas de volverte feto
Te traicionan
Y es por eso
Que por las noches
Escuchas cosas
Y no puedes dormir.

Ya estás parece entregado
A que cada vez que te acuestas
Comienza el manicomio
Y empiezan los partos
De las locas madres de la noche
Que gobiernan tu mente
Y en esos pasillos manicomaniales
Nacen los hijos del insomnio.

Los orfanatos
Son las insoportables
Madrugadas

7 comentaris:

Cesc Fortuny i Fabré ha dit...

Qué grande!!!
Gracias Marian, por mostrarme un día el grandísimo poder del magno príncipe de los insectos. Gracias por enseñarme la obra de este gran poeta del que aprendo tanto y del que seguro que no dejaré de aprender.

Que el cielo de la tarde que huye, nos cobije en sus huecos.

Georgia ha dit...

Maravilloso tu poema y ni hablar del enorme regalo que nos haces con los poemas de Roberto

un abrazo

Luisa Arellano ha dit...

Y ahora nos degustas con doble sesión. Para la primera voy a tener que inventar alguna palabra para decirte que me gusta muchísimo, para no decirte siempre lo mismo jejeje y en la segunda hetomado buena nota de todo lo que nos cuentas de Roberto Cantele y´, no mientes, no, sus poemas son de nota.

Te sigo aunque vas como una locomotora y tengo que devorar los versos a la carrera :)

Un montón de besos y achuchones.

Elisa Berna Martínez ha dit...

Pues encantada de descubrirlo, y no me extraña lo que "como si nada" dice de tu poesía. Porque anda que poema has colgado. No sé si servirán ya siete sorbos de agua sin respirar para quitarme este hipo!

Un besico poeta!

Anònim ha dit...

Oh, mujer de viento, que reapareces en cada pestañear de niebla, tus vestidos crean todos los suicidios del ser mientras una luna aseñorada teje sus mejores metáforas para el bien de los poetas locos.

Anònim ha dit...

Echo mucho de menos la autoría de las fotografías, que están muy bien elegidas la mayoría de las veces, pero no tienen pie.

Por tu poesía, como siempre chapeau.

Besos desde el sur

Marian Raméntol Serratosa ha dit...

Tomo nota de lo de las fotos, gracias por la observación, que por supuesto tendré en cuenta.

Un abrazo
Marian