dijous, 26 de juny de 2008

EL ÚLTIMO NERVIO DEL MAR O SU BLASFEMIA



Los triglicéridos siempre han sabido nadar,
con sus flotadores verdes bailan flemáticos
sobre el metabolismo del puerto
y me devuelven botellas con el ceño fruncido,
el libro de familia del último crepúsculo
abollado y mal oliente
y un dosis de agua destilada
con la que enjuagarnos el llanto de papel.

No quiero ser un hoyo perfecto
en esta partida de golf, con las emociones
de falditas blancas a media asta contoneando
las caderas bajo un parasol de chatarra cejijunta,
emociones internacionales
dándole a la pelotita en todos los idiomas
sin importarles el último nervio del mar o su blasfemia.

Hace mucho
que el Jazz no es de los esclavos
pero el saxofón sigue vomitando
borracheras de pleamares en bancarrota
donde las sirenas han cambiado sus escamas
por metralletas, subvencionan el paro de los payasos
y nos lanzan sogas urgentes y lágrimas cibernéticas.