divendres, 22 de juny de 2012

UN SOLOMILLO CON SONETOS Y PATATAS FRITAS

A Jordi Virallonga,
Por su interminable capacidad de relación con la palabra.


Mezclas los colores del lamento, lo intentas,
aunque no entiendas ni un carajo del lenguaje de las rosas,
y ese vecino poco cortés se empeñe en hablar
de la obesidad de la luna,
del hambre en la palabra
y de raciones de silencios llenos de sangre.
Tú sigues frenéticamente buscando la textura exacta
pero él no para de hablar del hombre,
del hombre solo, sí, del asceta por obligación.

Tu suerte es la brillante ansia del sol
que provoca que las palabras se abran el vientre
para iniciar un nuevo feminismo en las vocales,
con todo el dolor curvado en la cadera,
con toda la gravedad en la piel de un manifiesto.

No hay bolsitas de papel
donde poner a dormir los anillos de los novios
ni edición de tapa dura donde seguir a Rulfo.
No hay homenaje
ni lavandería
ni agua caliente con la que blanquear
los ecos de un suelo miope
que tampoco entiende el idioma de las rosas,
la experiencia del poeta
la sordera de los árboles
o la simplicidad del abecedario
con el que nos hablan las nubes
que nunca fueron a la universidad.
Comer un solomillo con sonetos y patatas fritas
puede ser algo espantoso, tanto como los uniformes
que joden a la gente,
los que se llenan la boca con el sonido del dolor.

La realidad de un país y de sus hijos
no vive en el perímetro de los acentos,
si no en el centro del estómago
cuando no queda aire, ni nada que pedir.
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Poema perteneciente al libro "Pretendo que una guerrilla de poemas ataque de improviso el ático de dios" galardonado con el premio Villa de Ingenio (Las Palmas) en su tercera edición y publicado por Ediciones Atenas en el 2008, bajo el título Duología poética.