dijous, 16 de juliol de 2020

TENDREMOS QUE INVENTAR OTROS PECES (del trabajo musical IUBARTA) y tres audiciones-composiciones de Federico Gallego Ripoll

TENDREMOS QUE INVENTAR OTROS PECES


En esta cárnica tierra, rezuma el mundo.

La enajenación se vierte cada noche
en la candidez de un cuello que es refugio, en la furia
vaginal de un pubis de plástico,
en una careta de cartón con lengua de pirata
o en la sombra mortífera de una palabra de amor.

Pero esta vez seré cicatriz y arena,
porque ya no hay mascarón, ni buque ni puerto.


Ahora tendremos que inventar otros peces
y nadar incertidumbres.



HAUREM D'INVERTAR ALTRES PEIXOS


En aquesta càrnica terra, regalima el món.

L'alienació llisca cada nit
per la candidesa d'un coll que és refugi, per la fúria
vaginal d'un pubis de plàstic,
per una careta de cartró amb llèngua de pirata
o per l'ombra mortífera d'una paraula d'amor.

Però aquesta vegada seré cicatriu i sorra,
perque ja no hi ha mascaró, ni vaixell ni port.

Ara haurem d'inventar altres peixos
i nadar incerteses.




Poema que acompaña el artwork de "IUBARTA". Mi último trabajo musical (Theremin, Koshis y voz) grabado por La Náusea Rec. 2020

(Descarga gratuita del disco AQUI)


  

 

 

 

 

FEDERICO GALLEGO RIPOLL: Iubarta Marian Raméntol 2020 (Tres audiciones)


I

Contraponer tu música animal al ruido de la calle. Sólo vivimos para el ruido. Las ciudades son un inmenso almacén de ruido. En tu música yo atiendo al penetrante, abismal, intenso bramido de la tierra profunda que atraviesa la densidad del mar y aflora buscando una atmósfera (sin oxígeno), ese animal inmenso que es todo el sufrimiento de la tierra. Huye el agua que somos, hacia su origen. ¿Qué sobrevuela esa superficie rizada del mar denso, marrón oscuro, calostro, ova, sargazo? ¿De qué hemos de protegernos, ya ofrecidos sobre el ara del sindiós de todos los planetas? Más allá de la muerte, más acá de la muerte, ¿cuál es nuestra sustancia, en qué permanecemos?

II

En el sonido de la vida cercana tu música aquieta al sol de la tarde que trepa por el muro buscando la libertad. Animales inmensos nos contienen, nos alzan en tu música hasta donde el tejado se cree alcanzando el azul. Los niños juegan en el patio contiguo. Golpean las baldosas con su pelota roja, mientras el colosal quejido nos divide por sílabas, fonemas, poliedros absortos que gimen sobre la inmensa giba del planeta. Los geranios suenan al caer, sus pétalos pequeños desprendidos. Suena el alma del gatito muerto que asciende en la mirada de la niña que no entiende esa inmovilidad invertebrada. Barre la madre las hojas en el patio mientras nace hacia dentro un unicornio en el vientre infinito. Alguien bate huevos. Alguien bate estrellas. Reza la niña por su gatito muerto mientras arde el volcán en la profundidad de todos los océanos.


III

En el silencio el gris profundo crepita. Campanas alzan luz desde el añil opaco de la arena. Tensa granate la voz el arco, se lanza como el último gesto de un dios arrepentido. El espacio es denso como miel congelada. La punta de la flecha se abre en abanico. Nada indemne. Cada fin de los tiempos alumbra un tiempo nuevo, somos testigos de la tormenta previa al próximo diluvio: rocas, sangre, agujas. Crecerán las agujas hasta ahogarnos de agujas. Crecerán las agujas hasta plisar el borde de las nubes. Crecerán las agujas hasta que no se escuche nada, hasta que nadie quede para escuchar la nada. Sólo desasosiego: ¿supervivencia? Quien se queja es quien fuimos, porque no hay nadie ya.




Tu música es el mundo descosiéndose.

(Federico Gallego Ripoll)
23 de julio de 2020