dilluns, 30 de novembre del 2009

EL TATUAJE DE LA NOCHE, EN LA NUCA.


Imagen extraída de la red

El mediodía en el pasillo lleva llorando
una semana por su cadáver,
presiente el tatuaje de la noche, en la nuca,
tiene heridas de aire en el pecho y la cabeza rota,
palabras acostadas, enfermas como fetos
en la mano de un Dios abrazado al mármol,
y un mundo demasiado grande,
regateándole la vida a dentelladas.

Lo que queda de él se enciende bocabajo,
mientras se pregunta si es difícil
vivir en el giro preciso de la luz
cuando el silencio es la piel de las cosas
y duele mansamente
entre los escombros de la voz.

Si doliera en el asombro del muro,
en la sangre de cemento o en el rostro
de la ternura exiliada
podría dibujar hijos de miel en los rincones,
pero saber morir en el goteo que nos llama,
con la boca educada y la mirada en los huesos,
es como querer iluminar un hoyo
en el dintel del cielo cuando sobra el aire.


EL TATUATGE DE LA NIT, AL CLATELL

El migdia al passadís, duu plorant
una setmana pel seu cadàver,
pressenteix el tatuatge de la nit, al clatell,
té ferides d’aire al pit i el cap trencat,
paraules ajagudes, malaltes com fetus
en la mà d’un Déu abraçat al marbre,
i un món massa gran,
regatejant-li la vida a mossecs.

El que queda d'ell s’encén cap per avall,
mentre es pregunta si és difícil
viure en el gir precís de la llum
quan el silenci és la pell de les coses
i fa mal mansament entre els enderrocs de la veu.

Si dolgués en la sorpresa del mur,
en la sang de ciment o en el rostre
de la tendresa exiliada
podria dibuixar fills de mel als racons,
però saber morir en el degoteig que ens crida,
amb la boca educada i la mirada en els ossos,
és com voler il•luminar un clot
al llinda del cel quan sobra l’aire.

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Poema recitado por Enol Sanyago, en su versión catalana, en la bitácora Calle 73: Vica Voz V
Desde aquí agradecerle a Enol el gesto y la sorpresa.

dissabte, 28 de novembre del 2009

QUIÉN TE DIO PERMISO. CAPÍTULO X

Mis queridos lectores....

A estas alturas imagino que hay varias hipótesis razonables planeando sobre vuestros cerebros, varias posibles soluciones que en las pupilas de aquellos que habéis seguido a Amaria hasta ahora empiezan a planear de forma firme.... y no seré yo quien os adelante el perfil del próximo vuelo, así que....sigamos con nuestra cita semanal con Amira, su mundo....





Para los rezagados:

Capítulo I
Capítulo II
Capítulo III
Capítulo IV
Capítulo V
Capítulo VI
Capítulo VII
Capítulo VIII
Capítulo IX


QUIEN TE DIO PERMISO. CAPÍTULO X.


“Y vaya muerte, madre, vaya muerte.

De un solo plumazo nos mató a los tres, dejando sólo la subsistencia del recién nacido que aún desposeído de su pasado, podría tener una vida digna no muy lejos de su madre, en la mentira, sí, pero viviendo al fin y al cabo.

Así pues un trágico accidente de coche acabó de súbito aquella mañana de invierno, hace ya tantos, con la vida de mi inventada y débil Marta y la mía propia. Sus contactos con el prestigioso Bufete Deulofeu de la Miranda le facilitaron todos los recursos disponibles y se le dio bombo y platillo al desgraciado evento puliendo de un golpe magistral todos los hilos de su ya bastante bien enredada madeja. Nadie discutió a ese lado del mar, en su limitado y pestilente mundo, la veracidad de los artículos de los diarios locales, ¿verdad madre?.

La vía permanecía ahora libre, ahora sólo quedaba que la tía y el niño regresaran con todo el dolor de su corazón, esta vez poderosamente real, a su hogar, despidiéndose para siempre de una cuñada inexistente y de un cuñado que había significado un todo, un mar de placidez y vida, un estado real de conciencia, que se convertía de repente en tragedia y muerte, simulada, pero tremenda y forzadamente real para ambos. Los dos lo sabíamos y lo aceptamos en pos de un futuro para nuestro hijo, un futuro que sería dirigido desde las sombras por usted madre, como siempre, como todo.

Y aquí empezó mi “no vida”, la que no pude perdonarle, la que no le perdonaré jamás. Y aún desde mi muerte tuve que soportar ver como mi hijo era literalmente arrancado de los brazos de su verdadera madre para ser introducido en el seno de la familia de mi hermana. Una hermana estéril, llena de rabia por su infecundidad, llena de cánones como las demás, llena de un desamor perpetuo, llena de usted madre, sí, llena de usted. Sigo sin poder perdonárselo madre, porque fue aquí donde acabó de matarla a ella. Su Glorioso Gran Plan había concluido.

¿Para qué, madre? ¿Para qué desvelar nunca lo que con tanto tiento se ideó y llevó a cabo, con la aceptación de todos los actores de su Gran Obra? ¿Qué se lograría con eso? La verdad sólo traerá desgracia a nuestra familia y desenterrará odios, reproches y rencores, empezando por el mío propio.

Recapacite madre. No debe desvelarlo, sólo sufrirlo, en soledad, en la más pura soledad, la soledad que usted y solamente usted se merece.

Desde mi tumba
Su hijo Francisco.”


Aquí acababan las cartas.

No puede ser, tiene que haber algo más, no puedes dejarme así, Francisco, no puedes desaparecer ahora, todavía me hallo en pie de guerra mirando por tu ventana la inauguración de esta pesadilla.

Me aseguré rebuscando en el arcón por si hubiera algo más, otro fajo de cartas… fotografías… algo. Pero no, allí no había nada más que una oscuridad bien negra posada sobre mis hombros.

La idea empezó a tomar forma lentamente en mi cabeza, en un estado casi febril, se empeñaba en acabar de ratificar nuevas contraseñas para poder entrar dentro de la lógica acusadora de cada pausa, haciendo que cada silencio se comporta como freudianas y sinfónicas matanzas. Sospechas que viajaban a kilómetros luz desde y hacia los órganos vitales. Pedazos de una historia que pretendía cambiar la voz de la madurez por la de la ancianidad, para elaborar un coito de rituales prematuros.
Temblaba, en un intento hondo de no querer seguir descubriendo… porque a estas alturas presentía ya demasiado, en el tramo final de este tic nervioso que es el respirar en la vigilia de mi propia historia, entre la arena derretida de los malos recuerdos que acababan de inyectarme unos astrónomos locos que me provocarían insomnio, yo me resistía a saber… cuánto adoro el sol cuando con los ojos entornados dibujo y desdibujo el techo maldito de mis preocupaciones que ahora me parecen tan vanas, empezaba a percibir el terror visceral de conocer una verdad que no me iba a gustar. Conozco y reconozco cada centímetro de ese terror que cada minuto está más y más furioso. Cuando aparece, subo a los autobuses como quien sube a un sueño conocido, a un dèja vú volcánico y con aspecto de velocidad, me siento y fotografío con los párpados cada escena entrecortada que se instala en el grito, recorro cientos de películas con miles de anónimos personajes en una trama en el que el protagonista no soy yo ni es nadie que tenga rostro, sólo impera el tipo que cierra el telón y deja al espectador con las palomitas pudriéndose entre las manos.

Una verdad de muertes en vida, de inhumanidad controlada y conducida. Una verdad cruel que sabía con certeza, iba a matarme a mi también. No deja de ser irónico que teniendo tanta vida por delante haya muerto en estos días unas seis veces por lo menos. Todo lo que con tanta admiración había amado y respetado empezaba a vestirse de negro, seduciendo sin permiso…. arraigándose en la realidad de mis instintos, y aunque todavía amorfa, empezaba a configurase en una cara, en un nombre….. No, no puede ser. Me niego rotundamente a creerlo.

La llamé a gritos, mi voz salió en estampida escaleras abajo sin importarme un rábano que se rompiera el universo de los Miraflores, había atravesado mi garganta como la de un espantapájaros, en pleno desorden mental, desde breves parálisis hasta la angustia más potente, pecando varias veces, atentando contra las mismísimas paredes de aquella casa que ahora era mía – a veces una casa es sólo un estornudo-, sintiendo que el viento había sido siempre más veloz desde mis balcones.

Si se confirmaban las sospechas, ella era las más adecuada para echar luz sobre el sarpullido de preguntas sin respuesta que estaban taponando mis arterias, a conciencia y con algodones de memoria coagulada.




- ¿Qué pasa Amira? Dios santo ya voy pero, por el amor de Dios, deja ya de alzar la voz de esa manera hija, ¡subo enseguida!.

La vi encarar la gran escalinata de mármol blanco agarrándose con fuerza a la balaustrada, estaba pálida. Qué día más helado, qué cielo tan inmensamente plomo, qué visiones por esta ventana pequeñita directa a la angustia en mayúsculas. Visiones y realidades, terremotos, cómo cruje esta casa, cómo se mueven las paredes, tiembla la tierra, tiemblan las manos, mi mundo está temblando mientras ella apura el paso.

- Pasa mamá, ahora ya no hay remedio, no podemos volver atrás. Qué significa todo esto, explícamelo, así lo quiso la abuela, no sé muy bien qué consecuencias tendrá lo que tengas que decirme, pero lo que sí sé, es que tú sabes la verdad que se esconde tras estas cartas, y necesito saberla, mamá, necesito saberla.

De nuevo la observé casi con avaricia, para no perderme ni un sólo detalle en ese espacio acuoso mal interpretado por mis cansadas retinas. Se acercó despacio a la cama, yo diría que con tanto miedo que sus perros negros debían estar ladrándole al unísono para que les diera una vez más un trozo de corazón con el que entretenerse, y allí de pie, fue recorriendo con la mirada el puzzle de folios amarillos. Vi cómo detenía la mirada en la firma de todos ellos y los latidos debieron casi paralizársele porque tuvo que sentarse al borde de la cama

- La sangre no quiere subir hasta mi cerebro, hija. Siento vértigo y acidez… Dios mío, ¿qué has hecho Victoria? ¿por qué lo has hecho? ¡maldita Victoria!

- Pero… ¿qué dices? ¿Cómo te atreves a insultarla? ¿qué está pasando aquí? ¡Mamá! ¿qué pasa?

- ¿No tuviste bastante con el fallecimiento de tu hijo y el mío propio que ahora quieres que se extinga ella también?. ¿Es que no vas a dejarnos en paz ni incluso después de tu muerte?



Abro la boca sólo para cerrar los ojos a estos kilométricos y kilómetros de úlceras que separan la mitad de una manzana de la mitad de una navaja. Me duelen los oídos con el reproche de su voz al tiempo que se emborrachan los sentidos por no haberme equivocado.

- Está bien Amira, intentaré empezar por el principio, si así lo ha querido Victoria, una vez más me doblegaré sumisamente a su voluntad… Francisco…. Hija… Francisco es el hijo mayor de Victoria y…. bueno….
- ¿Y? vomítalo ya.
- De Victoria Artús Guinovart y de Don Arturo Deulofeu de la Miranda, esa es la primera verdad callada que debes saber.- espera no me interrumpas- Tu abuela y Don Arturo tuvieron un romance sincero y sentido durante algo más de dos años, creo que fue el único hombre que supo tocar el corazón de tu abuela. Pero la recia familia de los Artús tenían otros planes para Victoria, y en ellos se incluía la unión matrimonial de tu abuela con el respetado Don Ernesto, primogénito y heredero de la igualmente recia familia de los Miraflores. En la época de juventud de tu abuela, era más que impensable que se pudiera discutir sobre este tipo de decisiones tomadas desde prácticamente el nacimiento de los hijos. Así que tu abuela se casó con Don Ernesto en una magnífica boda por todo lo alto de la que se habló durante años. Pero Victoria llegó al matrimonio embarazada de tan sólo un mes, y sinceramente, dudo mucho que tu abuelo se enterase jamás, él la quería de veras. Francisco creció y se crió en el seno de la familia con todos los honores, y el secreto de la identidad de sus verdaderos progenitores quedó en principio vedado a todo el mundo. Ahora comprenderás por qué nuestro querido Notario ha estado ligado siempre a esta casa, por qué deambulaba por ella con tanta familiaridad y por qué nunca acabó de separarse de su amada Victoria. De hecho, él siempre se ocupó de Francisco de un modo u otro.
- Ahora empiezo a entender por qué en las cartas aparecía la dirección donde habitaban familiares de los Deulofeu, era una manera sencilla de recibir noticias de su hijo sin levantar sospechas.
- Supongo que sí, Amira, supongo que sí. La capacidad de Victoria para manejar los hilos de la madeja era absolutamente increíble, y por lo que veo sigue siéndolo tras su muerte.
Y, llegué yo a esta casa, como prometida de tu padre, el hijo menor de los Miraflores. Amira, debes comprender…. A mí, igual que a Victoria, nadie me preguntó, nadie me dio opción, desde que tengo uso de razón, ya sabía que tarde o temprano me uniría en matrimonio con tu padre, así me lo habían dicho y yo así lo había aceptado. Y de hecho me casé con él, segura de estar haciendo lo que tenía que hacer, haciendo lo correcto. Pero Francisco se cruzó en mi vida. Oh, Amira….. no puedes ni imaginar lo que se desató entre nosotros dos…. No puedes hacerte ni siquiera una ligera idea….
- Sí puedo mamá, sí puedo. Francisco se ha encargado de trasmitir una idea clara de los que sentíais el uno por el otro. Llevo adentrándome en vuestras vidas cuatro intensos días con sus largas noches, os llevo conociendo un buen trecho ya.

Cuatro largos días entrando en el silencio y saliendo del silencio para ver si los lobos son más y los corderos menos, volviéndome loca, buscando sangre y obleas de piel aguardando el beso que transforma el café en dinamita, !!por amor a Dios!!

- Entonces sabrás que tu abuela se enteró de lo nuestro, y en un intento furioso por querer salvar el buen nombre de la familia, envió a Francisco lejos de mí, supongo que no supo hacerlo mejor. De hecho, si lo piensas, a ella también le había tocado proceder de igual modo con Don Arturo, alejándolo de su vida y manteniéndolo en segundo plano. La historia volvía a repetirse nuevamente.
- Pero para entonces tú ya estabas embarazada ¿verdad? Y la abuela lo sabía.
- Si hija mía, yo misma se lo dije, estaba desesperada y no sabía qué hacer. A partir de ese momento se desencadenaron toda una serie de acontecimientos y estratagemas urdidas todas ellas por Victoria, para salvaguardarnos a todos de la vergüenza más absoluta. Partí hacía Venezuela para cuidar de una supuesta Marta que nunca ha existido y pude vivir con Francisco una temporada, que fue maravillosa aunque terriblemente corta, y.... tuvimos un hijo en el anonimato, a salvo, mediante los acontecimientos inventados, mediante las mentiras bien urdidas y que todos creyeron o quisieron creer, no hubieron preguntas.... y tampoco respuestas, aunque creo que en el fondo todo el mundo sabía su verdad, cada uno la sentía y la vivía como bien podía.
- ¿Y qué se ha hecho del niño? ¿Qué se hizo de él mamá?

De pronto comprendí, me agarré con fuerza el corazón en un intento de apaciguar el agudísimo pinchazo muscular que acaba de sentir. Un hijo arrancado de los brazos de su madre…. y entregado a la hermana estéril de Francisco… una hermana llena de desamor como su madre....Se acababan de rearmar todas y cada una de las evasiones que había ido tejiendo para no ver lo que no quería ver, para no tener respuesta para todo. De repente, mi vida se estaba moviendo al compás de las mismas vibraciones que salen del infierno cuando una amanece muerta por la mañana, cuando el sol amenaza con asomarse y se escucha un profundo trueno en el vientre del todavía plomizo cielo, un clic que no es un clic, es una detonación en toda regla.

Recordé claramente la última carta… tía…

La negación salió abrupta y a gritos de mi garganta, mientras me doblaba sobre la cintura en un gesto de dolor intenso y brutal, acababa de entender la trama final de todas aquellas malditas cartas, toda la perversa verdad y toda su grave mentira.

Creo que en aquellos momentos mi madre también comprendió, María adivinó, al igual que había adivinado Victoria, María supo, con la misma certeza que lo supo en su día Victoria, y se aunó a mi amargo grito....

La historia de ignominia volvía a repetirse por tercera vez, como si fuera un estigma en las mujeres de aquella familia. Amores imposibles, afectos condenados desde un inicio, sin salida, sin cabida.... desamores enlazados con la tragedia a lo largo de tres generaciones....



(continuará...)
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"Quien te dio permiso", novela corta merecedora de accéssit y mención especial en el certámen de novela corta Katharsis 2008.

dimecres, 25 de novembre del 2009

Y YO SIGO CON EL SUEÑO DE RODILLAS


Imagen extraída de la red.


Cuando te escribo, perforo el universo
para que la lágrima caiga sobre un campo verbal,
y muerda tu carne de espacios, soliloquios y notaciones,
mientras descanso en ese diagrama del lenguaje
donde la palabra se ríe de la ciencia,
fractura el sentido de la lírica
bajo el ángulo recto de una calle,
se revuelca sobre la psiquis de un mundo al revés,
y se convierte en el refugio final
de una verdad compartible.

Cada vez que te bautizo,
hay lagartijas en las estrellas
que quieren romper el horizonte,
yo vendo tus múltiples articulaciones
con limpios apósitos de urbanidad,
urbanidad del margen y de la lógica,
pero tu lengua herida por lo diario,
acompañada de crepúsculos y musgo
en las manos rotas de las piedras,
no se conforma con mis cuidados,
y con los pies partidos por la lluvia
se desprende de la boca, y pasea
en una bicicleta hermafrodita
por esta ciudad abandonada donde corazones
embotellados se dejan preñar en la mesa del infierno
como coágulos de sangre.

Así te apoderas de la sinrazón, siempre,
y acabas haciendo noche en los hospitales del espíritu,
sin duelo, con la cara de ataúd, y acunando a los ancianos
para asesinarlos dulcemente sobre altares de ocasión.

Estás loco, y yo sigo con el sueño de rodillas y todas las
mariposas viejas ratificando de nuevo mi intención
de dotarte de un gramo de inteligencia
para que seas repetible, orable, decible.

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Poema publicado en la revista digital Herederos del Caos, nº 15. Marzo-Agosto 2010.
Poema publicado en la Revista EL Humo. Méjico. Febrero 2011

dilluns, 23 de novembre del 2009

TODO TU NOMBRE EN UN PREÁMBULO


Imagen extraída de la red, perteneciente al proyecto "Vacio" de Víctor M. Fernández. (Móstoles, Madrid, 1978).Podéis consultar más fotografías y biografía del autor en: emptyvaciovide.wordpress.com


Tu nombre en otra edad, en otro estercolero,
con la muerte que infecta
la impavidez de los párpados subida a tu cuerpo,
y en la boca
ese caramelo apelmazado que rezuma
el líquido de la noche,
la promiscuidad de los gestos fermentados del aire,
que vuelve a casa sobre los ojos,
y ese destierro soñado en habitaciones nuevas,
en nuevos holocaustos invisibles.

Todo tu nombre en un preámbulo.
Así se desarrolla el olvido, ahonda en la síntesis
de tu rostro y se despliega como la lluvia, amargo.

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dijous, 19 de novembre del 2009

QUIÉN TE DIO PERMISO. CAPÍTULO IX

Mis queridos lectores....

Sigamos con nuestra cita semanal con Amira, su mundo....






Para los rezagados:

Capítulo I
Capítulo II
Capítulo III
Capítulo IV
Capítulo V
Capítulo VI
Capítulo VII
Capítulo VIII


QUIEN TE DIO PERMISO. CAPÍTULO IX.

Algo debe de quedar en mí de mi antigua sabiduría, la de los elementos y la de la tierra, la de las corrientes energéticas que se expanden erizando la piel, la de mis columpios desde donde se cazaban nubes y magníficos dragones que me regalaban nueces. Presentía un cambio en la tonalidad del día.


- Por lo que yo sé, Don Arturo y tu abuela se conocían desde jovencitos, prácticamente crecieron juntos y ha estado presente en nuestras vidas desde siempre. No sólo era el albacea y consejero financiero del abuelo Ernesto y de Victoria, si no que se profesaban una sincera amistad desde niños, por lo menos con Victoria. Ella siempre le trataba con mucha consideración y él... bueno, más que consideración yo casi me atrevería a decir que con cierta admiración, pero eso no es de extrañar tratándose de tu abuela ¿no te parece?

No contesté. Había notado claramente el nerviosismo de mi madre en la voz, la incomodidad en sus movimientos cortos y bruscos, tan poco habituales en ella, su torpeza en el trasiego de los platos y vasos que todavía estaban en el fregadero, fui perfectamente consciente de su turbación.

En ese justo instante, como si estuviera viendo un retrato de familia anclado en el tiempo, una pintura que hubiese interiorizado en alguna clase de historia del arte, recordé .....

“Sus grandes y negros ojos almendrados..., sus labios carnosos y bien definidos…”

La angustia, cuando asola esta ciudad gótica que a veces soy, en el momento justo y único en que Rimbaud se bebe a mi lado sus pañuelos infectados y maldecidos por su propio cólera, me deja tiritando. La sentía crecer desde el bajo vientre, atravesando matorrales sin sentido, sin veredas, presionándome, obstruyendo el paso del aire, para sumergirme en la no existencia. Por un instante no soy más que algo hiper-ventilado que abre y cierra espasmódicamente las ventanas cuando parece que el viento quiere derribar el vidrio protector de una mirada. Me estaba ahogando.

Me disculpé por no sentirme demasiado bien y me encerré de nuevo en mi habitación. En esa soledad que se siente cuando te vencen los acontecimientos, cuando no dependen de uno, cuando sencillamente se es un mero espectador de algo ya decidido, de algo ya tramado y resuelto unilateralmente. Cuando ya no hay opción, cuando uno ya no es parte integrante del tablero, de la gran partida. No, de repente la partida ha finalizado y alguien te lo cuenta, y la impotencia y la soledad te dejan desamparado y solo, ante ti y contigo, o con lo que quede de ti,..con tu sombra. ¿Cada cuántos silencios seré capaz de cerrar los ojos para esperar que se vaya la palidez del malestar?





“¿Donde nos habíamos quedado madre?

Ah si, ya recuerdo, mi boda. Rápida y discreta, como tenía que ser. Pero no podía quedarse así, tenía que seguir enredando la madeja, en modo tal, que todo acabara estando perfectamente cifrado, dulcemente escondido, dentro de un marco de buenas costumbres según mandaban los cánones…. Así es que aun quedaba mucho por hacer, ¿no es cierto madre?

Y lo hizo…. Vaya si lo hizo.

Con una determinación absoluta muy propia de usted, mi “querida” madre, se resolvió que ella viniera a pasar una larga temporada con nosotros, con el honrado fin de cuidar de su cuñada, que al quedar embarazada había sufrido un decaimiento generalizado que la había dejado muy débil y casi postrada en la cama, así que mi pobre Marta, se convirtió de repente en una moza enfermiza y tremendamente necesitada. Al estar yo tan ocupado con los asuntos del bufete, (bien se encargó usted de repetirlo a cuantos quisieron escucharla) pues claro está, no podía prestarle la atención necesaria a mi mujercita, que además, al ser primeriza estaba asustada y se quejaba continuamente de su tremenda soledad. ¡Por Dios madre! Cuando repaso los acontecimientos de mi asquerosa vida me doy cuenta de lo mucho que le deseo el infierno y ni siquiera sé si la más larga enfermedad degenerativa podría ser penitencia suficiente para alguien de tan malévola calaña.

Que amable que fue la familia, cuanta consideración y buen corazón demostraron para con nosotros. Cuanta preocupación debíamos causarles que hasta mi hermano accedió de buen grado a separarse de su muy amada esposa para que pudiera venir a cuidar de mi Marta, con la promesa, de que una vez nacido mi hijo, volverían las dos juntas con el recién nacido para que todos pudieran conocerles. Qué amables fueron todos…. ¿Verdad madre? ¡Cuan unida ha estado siempre esta familia!

¿Qué pretendía usted madre? no tengo claro si fue una perfecta estratagema para esconder lo que debía esconderse, o bien fue una regalo para exculpar su inclemente proceder. Fuera como fuera, al menos pude disfrutar de algo más de once meses en su compañía, tocando el cielo con las manos en la más plena y reconfortante gloria. Si Dios ha existido alguna vez, fue entonces.

Cuando llegó apenas se notaba su reciente gravidez, solo quizá en su mirada, que hablaba sin palabras de un amor nuevo y diferente gestándose en su interior, Oh madre, que bella estaba, y cuántas y cuántas veces me sumergí en la profundidad de sus ojos, para entender… para comprender lo que se siente al estar doblemente vivo.

Fue el mejor y único motivo por el que acepté mi muerte, madre, ¿lo entiende? ¿Puede usted entenderlo? Y si he permanecido en silencio todos estos años madre, ha sido única y exclusivamente por mi hijo, así que no dude ni por un sólo momento, que si veo peligrar su estabilidad, no tardaré ni un minuto en hacer volar por los aires toda su estratagema madre, y no me importará a quién me tenga que llevar por delante, ¡Dios quiera que sea a usted!

Ahora debo dejarla madre, una vez más.

Desde mi tumba,y con toda mi rabia
Su hijo Francisco."

Mentiras, alucinaciones de dulce de almíbar, la atmósfera que se desprendía en aquellas cartas …. mentiras en el tablero de ajedrez frente a la reina blanca odiando a la reina negra que se acuesta sin decoro con el alfil blanco. Ya era la segunda lectura que hacía de la misma misiva, la rectitud en los comportamientos, el buen hacer, la supuesta unión familiar… era como si mis bisabuelos vinieran a buscarme con la pólvora incendiándose en sus chaquetas carcomidas por esa fauna cadavérica de una tierra agria. No hay más remedio que alzar las manos y dejarse apresar por lo predecible… casi podría jurar lo que nunca ocurriría, lo que nunca se diría …. nadie sabe dónde mueren las palabras que sólo son eso.


- No esperaba tu llamada ahora, me has asustado. Estaba leyéndolas, ni te imaginas… Tengo una idea, espera, voy a leerte una ¿vale? ¿preparado?

“Bien, madre,
(que impropia suena esa palabra refiriéndose a alguien que no debe saber ni qué significa ¿no le parece? Usted debería haber parido por encargo, sí, eso, al menos, hubiera explicado de algún modo su falta de sensibilidad, su frialdad letal que nos ha ido envenenando a todos).

Pero sigamos recordando madre, sigamos con mi historia, que es nuestra historia, o mejor dicho su historia, forjada paso a paso por usted, imaginada previamente en todos sus detalles y tramada hábilmente sin dejar cabos sueltos, muy a su estilo, muy a la altura de su maquiavélica concepción de la vida. Que asco me da, madre… ¡que asco!

Fueron once meses magníficos, con la dulzura de su presencia y mi entrega absoluta a la única esposa que he tenido y tendré jamás, la única no manipulada ni inventada, la única forzosamente real, aunque ello le pese madre, aunque le reconcoma hasta el último recoveco de sus entrañas, debo gritárselo porque fue la única vida que me dejó vivir, los últimos once meses antes de mi fatídica y calculada muerte.

Y llegó el momento, el infinito momento de la ternura más ávida que he podido sentir en toda mi existencia, y de la tortura más penitente que me ha tocado soportar desde mi ausencia, eterna, perenne.

Nació mi hijo, arrugado como el que más, con una tonalidad difícil de concretar entre el rosado y el anaranjado, y con su pelo negro enmarcando aquella carita desamparada y angustiada que no podía soportar la luz intensamente aséptica de aquel maldito quirófano. No puedo expresar lo que sentí entonces madre, y supongo que los latidos metálicos de su corazón, no le permitirán hacerse ni la más mínima idea de lo que se estaba forjando en nuestro interior, un vínculo directo perpetuado en la maravilla de un nacimiento, indefenso y frágil, pero nuestro, muy nuestro. Quise retener aquel instante para siempre en mis retinas para grabarlo en mi alma a golpe de sufrimiento, del sufrimiento que yo sabía iba a llegar en breve.

Tras el nacimiento de nuestro hijo, y gracias a su “inmensa benevolencia” - ¿se suponía que deberíamos haberle estado agradecidos para el resto de nuestros días?-, pudimos disfrutar de nuestras vidas hasta que finalizó el período de lactancia, ¿lo recuerda madre? Y ahí vino el acto final de su Gran Obra, el golpe definitivo que nos dejó a todos fuera de combate.

Usted se encargó personalmente de hacernos llegar a través del bufete la extraordinaria misiva donde definía con calculada clarividencia y minuciosa exactitud los pasos a seguir a partir de la recepción de su extensa y detallada carta. Ni una sola palabra de consuelo, ni un sólo gesto de aliento. Únicamente directrices que no dejaban resquicio alguno para las malas interpretaciones o las dudas.

Y así se hizo, mi esposa y yo, deberíamos preparar nuestra partida a la mayor brevedad, con la intención de que la pobre y débil Marta acabara de recuperarse en compañía de toda la familia, en la casa familiar donde se le prodigarían amorosamente todos los cuidados necesarios y oportunos.
Y para aligerar el viaje y minimizar en lo posible el inevitable agotamiento de Marta, el niño y su tía se reunirían con nosotros una semana después.

Y aquí vino el gran golpe de gracia de su ingenioso plan, oh madre, nunca podrá imaginarse mi estupefacción ante el seguido de líneas, con su trazo en azul intenso, de su puño y letra, que iban conformando mi futuro, nuestro futuro, el futuro de todos nosotros, o mejor dicho, el no futuro, la nada más absoluta que debía empezar en dos o tres días.

Usted misma nos dio muerte madre, ¿cómo pudo hacer tal cosa? Sólo alguien como usted podía haber ideado algo tan sublimemente negro. Únicamente alguien tan salvajemente despiadado podría haber planeado con tan calculada precisión semejante matanza. ¿Cómo puede seguir viviendo? ¿Cómo puede mirarse al espejo por las mañanas sin sentir vergüenza? La única solución digna hubiera sido el suicidio, pero claro está, eso no hubiera estado bien visto… Es usted la que debería estar muerta madre, usted es la única que merecía morir.

Desde mi tumba, y con toda mi rabia
Su hijo Francisco."


- Esta historia de príncipes, brujas y princesas no va a acabar bien ¿Sigues ahí Tomás? Ya te lo he dicho… sí, muy fuerte. ¿Cómo? ¿Y cómo quieres que lo sepa? Es fría y distante, una especie de monstruo… Si, todas van dirigidas a ella y más o menos en el mismo tono. No, a mi tampoco me extraña, yo tampoco lo hubiera soportado. ¿No te parece inimaginable alguien capaz de dirigir esas vidas convirtiéndolas en una patraña de desencuentros de manera tan concienzuda?. Todo ese amor enmarcado siempre en la muerte y la ausencia… ¿sabes Tomás? me siento muy próxima a ese sentimiento, instintivamente… desde dentro.. No, no, no te preocupes, estaré bien. Hablamos.


(continuará...)
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"Quien te dio permiso", novela corta merecedora de accéssit y mención especial en el certámen de novela corta Katharsis 2008.

dimarts, 17 de novembre del 2009

PALABRA, TAN SÓLO UN ACRÓSTICO CONTRA LOS GÉRMENES DEL ALMA


Imagen extraída de la red.


Veloz y oscura en las deflagraciones, ácida
como el mejor antiséptico
contra los gérmenes del alma,
así tus pezones se revuelcan en el blanco
y tu cuerpo abierto amanece en la sangre,
desconchado en un réquiem de arenas
y acantilados, en una reunión de océanos
sin azules de los que alimentarse.

Hecha de volcanes, sin más seña de identidad
que el trazo torpe de los años, me persigues
a lomos de mi madre, con el vientre expuesto
a la delgadez de mi lengua y a su poder abrasivo
que todo lo licua.

La tinta ya no es un medio
para disimular los muñones,
tampoco sirve la esperanza para taparle la boca
a los agujeros. Al pie del libro, sólo queda
el desnudo del pecho, acentos mendicantes
en busca de un rincón de tu página
donde orinar tranquilos y echarse a dormir
sobre el estiércol.

Perdiste hace tiempo tu estatura.

Alargaste demasiado el cuello, princesa.

Las mayúsculas eyaculan tu miseria acentuada.

Antes de ti, hubo azúcar en el veneno para ratas.

Basta la necesidad de la muerte para que la tierra te huela.

Rocío exiliado, pobre simulacro de tu antiguo olor.

Ahora estás tan desnuda que te sobra espacio en lo que queda.

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dimecres, 11 de novembre del 2009

UNA DEUDA CONMIGO ES UNA DEUDA CON LA HUMEDAD


Imagen extraída de la red.

A esa blancura que ya no puede rozarme.


Escamas repetidas
en dos corazones de carne.

La edad en ropa interior deserta de mis pasos,
amordaza las sienes y yo permanezco inmóvil
en esta ciudad cerrada, en esta habitación materna
que adelgaza el silencio, silba los cuerpos
con el ruido de los brazos
dando besos inútiles al aire.

Mi voz pesa en exceso
en esta serenidad suicida,
con este animal sangrante
que ejecuta mi nombre derivado,
con el recuerdo roído por el agua y el vértigo
de la ausencia pegada a mis párpados de nogal,
entre aullidos que tiemblan sobre su belleza de hija,
de madre, de semilla incrédula.

Una blancura que no puede rozarme,
deseada más allá de mis ojos, mucho más lejos
de ese caldo de cultivo que es mi cuerpo,
de esa vergüenza vieja que es la palabra tullida,
demasiado alta, densa y aceitosa,
como el sudor que quiere reconocerla
y se queda sobre las manos, penetrando el tiempo.

La muerte tiene lengua de lince,
y mis oídos siguen atentos,
porque una deuda conmigo
es una deuda con la humedad salada y ácida
que levantó una pared en los pulmones del mar,
una compromiso grave, amplificado en cada espuma,
en cada limitación de su inconmensurable sonrisa.
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dilluns, 9 de novembre del 2009

QUIÉN TE DIO PERMISO. CAPÍTULO VIII

Mis queridos lectores....

Sigamos con nuestra cita semanal con Amira, su mundo....






Para los rezagados:

Capítulo I
Capítulo II
Capítulo III
Capítulo IV
Capítulo V
Capítulo VI
Capítulo VII


QUIEN TE DIO PERMISO. CAPÍTULO VIII.

Siempre he pensado que cuando la luz pierde el sentido de la oportunidad, vomita rayos de esquizofrenia sobre la delicada subasta de pensamientos que efectuamos cada vez que pretendemos abrir los ojos. Y por más que buenamente intente acaramelarnos el caprichoso instante, (tengo un amigo que siempre me decía que los instantes y los milagros son estrellas fugaces bailando danzas rotas por el firmamento) sigue siendo tan absurda en el entre-sueño como una tonelada de mandrágoras y serafines recién salidos de la ópera de una condena.

Poco a poco empecé a despedirme de mi ingravidez entre disparos hechos con cáscara de alas y de musarañas, a notar el volumen de mis piernas, el hinchazón de mis párpados, y me fui desperezando aunque no me apetecía nada de nada amanecer en el mundo.

El gran espejo apoyado sobre la cómoda me dio los buenos días.

“Espejito, espejito,… La más bella no sé… pero la de ojeras más espantosas seguro que sí, Dios!
Pero mira que está raro Tomás, es como si se empeñara en sumergirse en un glamour barato, apareciendo por una puerta angosta que da siempre a un vacío tan poco prometedor que avergüenza al propio romanticismo, creo hasta la mejor puesta de sol le llamaría a la prudencia. Habla con una mezcla de resortes y canciones de los 70. Me da pena, y yo me doy rabia. Cada vez que intento hablar con él, me siento Bela Lugosi a punto de atacar su cuello incendiado, y acto seguido mis mejillas rivalizan con las brasas del infierno, o se ha vuelto lelo o la que está empezando a perder todos los puntos cardinales del sentido común, soy yo.

“su milagro”… vaya tontada.

Sórdida hecatombe la de ver lo que no se ve, los sueños que sólo el subconsciente sabe atesorar como corresponde y así pasan los años, como canicas de colores en vez de días en el calendario, y lo peor de todo es que me encanta que sea tan bobo…

Será mejor que me espabile o la mañana se irá sin mí.

Mientras trataba de enfundarme los pantalones, una especie de letanía acudió de nuevo a mi mente…

...... Por aquel entonces ella era joven y bella, muy bella. Sus grandes y negros ojos almendrados...... sus largas y frondosas pestañas…., sus labios carnosos y bien definidos…. su talle esbelto….. Su cabello ondulado del color del maíz tapándole los hombros….

Abrí el cajón.



“Madre,

En mi última carta decidí convertirme en el eco de su conciencia más negra, y encargarme personalmente de preservar, en su quizá maltrecha memoria, lo que no debería olvidarse jamás, con la íntima intención de convencerla para que lleve hasta el final su grandioso Gran Plan. Usted lo ideó y ahora es ya demasiado tarde para redimirse.
Y en todo caso, de tener que saberse la verdad, no debería ser usted quién la revelara cual la heroína que siempre se ha creído ser, si no alguna de las víctimas de sus embustes maléficos, quizá de este modo tendríamos alguna posibilidad de saborear la venganza, sin tregua para las pausas o los perdones tardíos, sin ningún intento de entender motivos o situaciones. No, la verdad tal cual fue, tal y como se planificó, para que se sepa de una vez por todas quién y como es el personaje que la ideó. Para que sepamos todos quién es usted, madre.
Y tenga por seguro que de algún modo u otro, todavía puede llegar esa recompensa… de no cumplir su plan hasta el final, madre, si tal como sospecho está pensando en una salida digna para usted, dígame madre, ¿quién nos impide revelarnos? siempre podemos empezar a alzar nuestras voces… y no sólo yo…, piénselo madre, piénselo, siempre puedo volver para recuperar mi vida, esa vida que usted me quitó y por lo que la maldeciré hasta la eternidad…

Cuando se decidió mi destierro inmediato hacía estas tierras extrañas, que con el pasar del tiempo han acabado convirtiéndose en mi hogar, ya era demasiado tarde, y aunque bien es cierto que se evitó el escándalo, no pudo usted evitar males mayores ¿Verdad madre? Usted no pudo evitar su propio escarnio, el más duro, el que practica uno consigo mismo.
Y una vez más fue implacable, como lo había sido antes, e hizo lo que se tenía que hacer. Igual que muchos años atrás cuando me engendró a mí, y tuvo que desterrar de su vida al único hombre que había sabido conmover su corazón de acero, despojándolo de su soberbia e inundándolo de humanidad. Sí… usted sabía demasiado bien lo que se tenía que hacer, ¿No es cierto? Cómo pudo madre… cómo pudo… si supiera cuantas veces me he avergonzado de llevar su misma sangre… de haber sentido por usted algo parecido a la ternura y al amor… ¡Dios santo! Alguien como usted sólo merece la soledad y el frío en el alma, alguien como usted sólo merece el helor de la muerte, le aseguro madre, que cuando llegue ese día, no derramaré ni una sola lágrima de pesar por usted, porque ese día quizá signifique mi resurrección…y anhelo, sí madre ,entiéndalo de una vez, ¡anhelo!, su llegada.

“Una oportunidad profesional inmejorable para el chico” –aun la recuerdo pronunciando esas palabras en voz alta delante de todos-, ¿Qué más se podía desear? Para una familia recia como la nuestra, el tener al hijo mayor representando a un notario de la valía y pericia reconocida como Don Arturo Deulofeu de la Miranda… y además en ¡tierra foránea! ¡El chico debía partir enseguida por su bien y por el buen nombre de la familia! Sí madre, su plan seguía gestándose en perfecta armonía, tal y como usted lo iba tejiendo ¿No es cierto?
Y efectivamente, en menos de un mes estuvo preparada mi salida de aquella casa, mi casa…. mi casa. Ni una sola lágrima le vi verter por mí cuando me fui.

Pero, aunque por aquel entonces yo sólo podía empezar a intuir el alcance de su maldad, ya presentía que me tenía muchas más sorpresas preparadas, ¿Verdad “querida” madre? No podía conformarse con hacerme desaparecer…no, eso hubiera sido demasiado simple para una mente ejemplar y brillante como la suya. Y además tenia que manejar hábilmente otros destinos, confundiéndolos para confundirnos, enredándolos para enredarnos bien a todos en pos de un saber y buen hacer. Tenía que inventar todavía muchas otras realidades para poder imponérnoslas a todos, así ha sido siempre. La pesadilla más horrenda de mi vida, “querida madre” ha sido usted y saberme hijo suyo. ¿Le duele, madre? ¿Es usted capaz de sentir el más mínimo vestigio de remordimiento? Cuanto me alegraría verla sufrir, desgarrarse en sus propios lamentos… cuanto disfrutaría viéndola obligada a suplicar una absolución que, le bien aseguro, no le sería concedida. Sí, alguien tiene que atreverse a vomitarle a la cara todo lo ruin que ha sido hasta para con usted misma. Maldita sea su estampa, ¡maldita sea madre!

Pero sigamos, siga usted leyendo su propia obra y no pierda punto. Al cabo de mes y medio se decidió mi boda. ¿Lo recuerda usted bien, verdad madre? Una buena moza de buena familia y buenos modales, tal y como usted la ideó, tal y como usted la inventó para mí, con desliz y embarazo incluido, por lo que, siendo yo quien era, tuvo que precipitarse el casorio hasta el punto suficiente como para que fuera absolutamente imposible planificar un viaje de semejante envergadura para toda la familia. Así que en un acto de nobleza y con sincero sentimiento me vi casado casi sin ceremonia ni asistentes, y esperando descendencia.

Qué brillante mente la suya, madre, qué brillante.

Debo despedirme por hoy, porque aunque un muerto debería disponer de toda una eternidad, prefiero no agotar sus fuerzas. La venganza es más dulce cuando se saborea lentamente.

Desde mi tumba y con toda mi rabia
Su hijo Francisco”.


Don Arturo, la abuela y mil siglos entre medio que no me dejan ver. Muertos escribiendo a los vivos, fantasmas sobre las piedras y la incógnita de saber qué narices tiene que ver todo esto conmigo. Sufro de un insomnio ajeno siguiendo esta especie de ruta umbilical que acabará volviéndome loca.

Bajé a la cocina con la secreta esperanza de que mi padre se hubiera instalado ya en la sala de estar, con su periódico matutino que con un poco de suerte iba a ocuparle gran parte de su actividad durante aquella mañana, como todas las mañanas de ese verano exagerado, como todas las mañanas de invierno, como todas y cada una de sus mañanas.

La miré de perfil, en una de sus idas y venidas, y pude apreciar su belleza serena, el pelo ondulado recogido en una coleta baja a la altura de la nuca, del color del maíz, y tocado con alguna que otra cana que ya convenía disimular. Ojos negros perfilados por una magnífica hilera de pestañas rubias que proporcionaban más intensidad todavía a su mirada. Labios carnosos y aún sin ajar, a pesar de la edad... y todo ello enmarcado en una faz oval de tez morena. De joven tenía que haber sido por fuerza todo un espectáculo. Aun conserva sus formas, de talle esbelto y largas piernas, y lleva el conjunto con una elegancia exquisita. Si, todo un espectáculo....

Me acerqué por detrás y le abracé el tiempo justo para estamparle un sonoro beso en la mejilla, uno de aquellos besos que provocaban siempre una “reprimenda” satisfecha y repleta de orgullo maternal.

- Mamá, ¿tú conoces bien a Don Arturo, verdad? Explícame de donde le viene la amistad con nuestra familia ¿quieres?, siempre lo he visto moverse con tanta naturalidad por esta casa en vida de la abuela que nunca me había preguntado de dónde había salido nuestro querido Notario...

Recuerdo perfectamente que el aire se paralizó, todo quedó suspendido en una especie de simulacro de in-animación, hasta las cuerdas vocales quedaron hinchadamente quietas, aumentando el volumen de su mudez, y volví a quedarme noqueada ante esa sensación extraña de saber instintivamente que algo denso está traspasando las moléculas del aire y yo no soy capaz de identificarlo.


(continuará...)
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"Quien te dio permiso", novela corta merecedora de accéssit y mención especial en el certámen de novela corta Katharsis 2008.

dissabte, 7 de novembre del 2009

LAS PALABRAS NOS ESPERAN DESDE SU DESNUDO.


Imagen extraída de la red.


Como el dolor de un cuento, su eco
esparcido por veranos que ya no habita nadie,
donde la palabra vive entre columna y vértice,
y los sueños roncan colocados,
idos de humo, látigos, palmeras y ciudades.

Suelta amarras despacio, con la maleta boquiabierta,
sin dientes con los que bautizar la vergüenza de la noche
cuando abre su camisa, y nos muestra
el vuelo de los árboles que fueron arena,
libertad o cementerio,
y ahora nos llenan el buche con su historia,
que acaba de llegar al abandono, y nos espera.

Como el dolor del milagro, las palabras gritan
desde el fondo del invierno, y también nos esperan
desde su desnudo, a veces prematuro, a veces innecesario.

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Poema incluido en la antología Arde en tus manos, editada por la Asociación Cultural Myrtos Gramma Al manar como selección de los poemas galardonados en la convocatoria Myrtos de poesía 2009.

dijous, 5 de novembre del 2009

NUEVA ANTOLOGÍA. POESÍA DE MIEDO.

Ya está disponible la antología que recoge los textos galardonados en el IV certamen de Poesía de Miedo 2009, una nueva edición de Papeles del Trasmoz de la editorial Olifante, Ediciones de Poesía, cuya presentación se realizó el pasado 31 de octubre.

Los poetas galardonados en esta convocatoria han sido:

Primer Premio:
Manuel M. Forega.
Premio del Público:
José Javier Alfaro Calvo,
Miguel Ángel Marín Uriol,
Dolan Mor
Marian Raméntol.





Os dejo aquí mi poema:

ELLOS VEN LA PUPILA DESANGRARSE DONDE ACABA LA VOZ

Deletreo el reproche del sol en cada tapia
como si quisiera que sus vísceras leyesen en mis labios
el paso de mil dráculas con muñones de alquitrán,
alfileteando el pubis de las madres que caminan ciegas,
y acallan las miradas de los hijos sobre el pecho.

Por cada una de las venas navegables,
como un regalo, un holocausto se detiene en mi espalda,
con el beso ofrecido del abismo
amputándome los miembros, mordiéndome los ojos
antes de la hoguera, antes de que esa lengua huérfana
cale en el retrato de todos los pulmones macerados
en un charco de leche seca.

Las palabras pueden arder en silencio
mientras arañan la sangre que nos queda,
cuando el terror es un acto de fe, un insulto resistente,
una plegaria infinita en la boca de los niños.

Ellos ven la pupila desangrarse donde acaba la voz,
justo donde el pezón de la noche
espera a que se duerma el mar
para que los muertos crezcan
en el vientre de las casas,
y sean el nuevo sonido de las manos cuando se juntan
y juntas caven en tierra sonámbula
la última canción de cuna, inaplazable, que nos nombre.


EPITAFIO

Aquí se separan las sílabas del miedo.
En este último naufragio, se empieza a abrir el agua
y el dolor del barro se hace humano.





Para acceder a la editorial clica aquí

dimecres, 4 de novembre del 2009

QUIÉN TE DIO PERMISO. CAPÍTULO VII

Mis queridos lectores....

Una nueva entrega de Quién te dio permiso os espera, a ver qué secretos descubrimos hoy....








Para los rezagados:

Capítulo I
Capítulo II
Capítulo III
Capítulo IV
Capítulo V
Capítulo VI


QUIEN TE DIO PERMISO. CAPÍTULO VII

El aire se confunde con el aroma de los muertos y la sangre mana por mis venas como ríos desbocados buscando una salida; las neuronas se queman a propósito en sus naves ultra espaciales y mi cara busca una alternativa, pero el alma no entiende para qué. La sombra no se atreve a retar a la luz, esta oscuridad augura lluvia y nieve en las cercanías de un planeta todavía desconocido. Estoy en medio de un terremoto nocturno, y voy a cerrar la puerta.

Pasé el pestillo, necesitaba disponer de toda mi intimidad para poder desintoxicarme de los lobos, en mi propio bosque donde podía darle de comer a mis volcanes.

La puerta de madera maciza lacada en blanco me protegía de un exterior en el que hasta los perros olían a simulacro. Eché una mirada alrededor, del gran armario empotrado, entrando a la derecha, dueño y señor, tanto a lo ancho como a lo largo, de toda la pared lateral de la habitación, salían muchos gritos dándose codazos, no sé si era el la piel de gallina del miedo, o muchas personas aullando, pero la sensación a promesa, esta vez no sabía a caramelo si no a cadalso.

Me quité la ropa con una parsimonia autómata y contemplé la imagen casi cataléptica del cuerpo desnudo un tanto entradito en carnes que me devolvía el espejo de la puerta interior central, antes de endosarme el pijama.

Los pocos abalorios que llevaba encima se los tragó el cajón de la mesita de noche donde también habían ido a parar todos los caminos cortados por accidentes de la memoria, desde niña, un simple cajón guardaba los secretos de una mente contagiada de rojas explosiones, toneladas de azules infantiles, de sonidos submarinos que hacían juego con los collares que me hacía cuando jugaba a ser la princesa del sol.

Siguiendo el recorrido de tantas otras veces, -algo del metodismo impuesto a mis genes me obligaba- me dirigí hacia la pared opuesta a la del guardarropa, donde me sonreía la balconera oval que durante el día regalaba una luz limpia y agradable; corrí el cortinaje fino de algodón pensando, que la próxima vez debería acordarme de cerrar las cortinas antes de desnudarme. Abrí la cómoda de ébano con sobre de mármol que quedaba justo en la pared opuesta a la de la cama y extraje del segundo cajón el liviano reguero de “abras-cadabras” amarillentas.

Después, con la sensación de haber cumplido con el ritual, me tendí en la cama sobre la colcha floreada, acomodándome sobre un caos de grandes cojines, empecé a deshacer la cinta amarilla y me dispuse a preparar a mis pulmones para el inminente naufragio en la segunda de las cartas.




“Madre,

No puedo por más que pensar que usted ha perdido por completo la razón! Pero ¿es que no se da cuenta de lo que está a punto de provocar si sigue adelante con esta locura? Padre no ha querido contarme casi nada pero he aprendido a saber interpretar las distancias y los silencios, ¿qué es lo que pretende hacer, madre?

Si aun le queda un poco de sentido común, de aquel del que tanto hacía vanagloria, reflexione, mujer de Dios, ¿de qué habrá servido mi muerte si no respeta para siempre el pacto que usted misma selló con el silencio?, su inclemencia durante todos estos años ¡dejará de tener sentido!

¿Recuerda la razón, motivos y causa de toda esta vida anónima? No puede haberlos olvidado…. No, no dejaré que los olvide mientras me quede una brizna de aliento, se lo aseguro. Todo el dolor que me ha inflingido durante todo este tiempo no puede caer en saco roto, ¡no se lo permitiré!, aunque tenga que escupirle toda mi historia a la cara, sí madre, mi historia… que no es otra que la suya propia, aunque eso le escueza y corroa por dentro, ya es hora de empezar a decir las cosas por su nombre. Sí madre, ha llegado la hora de que suba también usted al patíbulo, y sea ajusticiada en honor a la verdad, le aseguro que no sentiré ningún remordimiento por apretar el gatillo y ser, precisamente yo, quién la fusile.

¿La recuerda madre? Por aquel entonces ella era joven y bella, muy bella. Sus grandes y negros ojos almendrados segaban cualquier intento de mantener el ritmo cardíaco con un sólo vaivén de sus largas y frondosas pestañas, sus labios carnosos y bien definidos invitaban al pecado sin dilación y su talle esbelto imponía hasta respeto. Su cabello ondulado del color del maíz tapándole los hombros… era una verdadera maravilla. Yo sé que, en el fondo, a usted también le gustaba.
Pero ¡hay de nosotros!…. Cometimos el más grave pecado de todos ¿verdad? Aquel que no podía decirse en voz alta, aquel que hacía falta enterrar antes de haberlo podido vivir, antes de haberlo podido ni siquiera imaginar. ¿No es verdad, madre?

Aun recuerdo su dura mirada aquella severa tarde de otoño, no creo que pueda olvidarla jamás, triste…quizá, pero también contundente. No hicieron falta las palabras, en aquel mismo instante supe que lo sabía, que de algún modo lo había adivinado, y eso…. sencillamente no podía ser, no tenía cabida ni posibilidad ¿verdad madre? Eso era poco más que un libertino escándalo, demasiado para el buen nombre de la familia. Creo que la trama de su Gran Plan debió empezar justo entonces, corríjame si me equivoco….

En su mirada, lo recuerdo tan claramente como si fuera ahora, no había sólo enojo, madre, había horror, un pavor orgánico que casi pude respirar, y aun tuve que esperar muchos años antes de poder entender su causa. La historia se repetía una vez más, ¿verdad?. Sí, claro que sí, y con toda su fuerza, con todos sus errores y sus goces, con todo su fuego, y usted se sintió revivir en un pasado demasiado turbio como para querer recordarlo. Ese fue el mayor motivo de su crueldad, sea sincera, ¡maldita sea!, al menos consigo misma madre, y tenga el valor de reconocer por una vez lo que usted y yo sabemos.

Pero en la vida cada uno recoge lo que siembra madre, y el destino le jugó una mala pasada. Por una vez, se rió de usted, de su gloria y de su poderío, esta vez el reino no fue suyo madre, no… esta vez el destino fue enteramente nuestro. ¡Y como lo gozamos!…, fue la vida más bonita que viví, la única que quiero recordar, el resto ha sido muerte.

Ahora debo despedirme, pero ni por un sólo segundo piense que no seguiré adelante en mi empeño por contarle toda mi rabia, mi frustración y mi ausencia madre, porque ni desde mi muerte he podido perdonarla. Usted no tiene perdón, no se lo merece.

Desde mi tumba,y con toda mi rabia
Su hijo Francisco.”


Un reguero de “abras-macabras” sí, y sin mayor sentido, me dejaron los labios casi desérticos, hubiera sido el almuerzo perfecto par las moscas si la saliva no se hubiera apiadado de mi garganta. En momentos así es imprescindible saber reconocer el bendito fuego capaz de seguir inflamando los surcos de la piel. Sé reconocer el fuego que habita mis callejones y me permite ver ciudades póstumas y sé reconocer también, al hombre que vuelve de la pesadilla.


- Sí, eso es todo de momento, ¿te parece poco?
No entiendo nada. Ya lo sé, pero es que no es tan fácil chico listo!
Que qué? Oye..oye… no te pases ni un pelo… eso no es verdad, para empezar mi pelo no es rubio… mira tío…., menos cachondeo vale? “mi talle” nunca ha sido esbel… anda ya! Voy a colgar…
Pero bueno ¿qué te pasa esta noche? Si lo sé no respondo al teléfono joder!
¿Desde cuando soy yo tan entrañablemente per-fec-ta? No, no me gusta el tono.
Mira, voy a colgar…
Esto es el colmo! Quién, yo? un halo de inteligencia misteriosa? ¿Has bebido?
Tú has perdido la cabeza! …por encima del resto de los mortales… sí, claro, claro.. estás fatal.
Ja! ¡Mis ojos no tienen “iridiscencias de color miel” y tampoco mudan de color! “del negro a un do-ra-do ca-si i-rre-al”…corro a llamar al médico… te encierran fijo… ¡basta ya Tomás! Pues sí, me estás molestando con tanta tontería… no entiendo cómo te aguanto.
Esto se acabó, ni un segundo más, cuelgo!
No, no te lo mereces. He dicho que no, ¡claro que voy a seguir!, no, tú no.
Ciao.


Como si se tratara de deambular a través de unas cuantas aceras enfermizas cuando uno ya sabe el camino, estaba claro que abrir una tras otra las dichosas cartas era el paso siguiente, abalanzarse, devorarlas, pero el bombeo de las sienes era insoportable, un tremendo dolor de cabeza se estaba adueñando de mi voluntad, mientras en mi mente a oscuras, se repetía mentalmente una descripción....

Por aquel entonces ella era joven y bella, muy bella. Sus grandes y negros ojos almendrados… sus largas y frondosas pestañas……, sus labios carnosos y bien definidos… su talle esbelto… su cabello ondulado del color del maíz tapándole los hombros…


(continuará...)
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"Quien te dio permiso", novela corta merecedora de accéssit y mención especial en el certámen de novela corta Katharsis 2008.

diumenge, 1 de novembre del 2009

UN FIN DE SEMANA REPLETO DE EMOCIONES



Queridos amigos, quiero compartir con vosotros dos grandes noticias que han hecho de este fin de semana todo un regalo:

PREMIO DEL PÚBLICO DEL CERTÁMEN DE POESÍA DEL MIEDO

Según recoge el Fallo del Jurado, comparto el premio del público del IV Premio Poesía de Miedo con José Javier Alfaro Calvo (Navarra), Miguel Ángel Marín Uriol (Aragón), y Dolan Mor (Cuba). El primer premio ha recaído en Manuel M. Forega y su poema «El dolor de la luz». Este mismo fin de semana se presenta el libro que recogerá todos los textos premiados, editado en la colección Papeles del Trasmoz de Olifante, Ediciones de poesía.

Ni qué decir cabe que me hace una ilusión tremenda haber sido galardonada en este certámen, en primer lugar por poder compartirlo con grandísimos poetas a los que tengo el honor de conocer personalmente, como Dolan Mor o Manuel M. Forega, de quienes guardo un cariñoso recuerdo de mi participación junto con Cesc Fortuny en el VIII Festival de poesía del Moncayo este agosto pasado, y en segundo lugar porque quien conozca las edicioes de Olifante, sabrá del mimo, esmero y cuidado que pone esta editorial en sus publicaciones, son realmente preciosas, y me honra muchísimo que mi obra esté contemplada en ellas.

Desde aquí mis felicitaciones a todos los premiados.

Para acceder a la nota de prensa clica aquí

FINALISTA DEL XIV Premio Internacional Ciudad de Torrevieja.

Hay quien dice que quedar finalista es en sí mismo todo un premio, sin duda en certámenes como el Ciudad de Torrevieja así es, así que toca celebración también, porque un poemario de mi autoría es uno de los diez finalistas de este año de entre las 298 obras presentadas. El Fallo de los premios se llevará a cabo el día 20 de noviembre.

Para acceder a la nota de prensa clica aquí

Bueno, parece que el 2009 quiere despedirse con buen pie!