dimecres, 30 de setembre del 2009

LA FORMA SOLITARIA DE UN NOMBRE EN EL ESPEJO


La fotografía pertenece a Nuke y forma parte de mi propuesta de interactuación con la imagen, un proyecto de colaboración para unir textos e imagen en un solo conjunto. Los datos de la autora de la imagen los encontraréis al final del poema.



La vida, de ojos abiertos, memoria prenatal,
de mares resumidos
que nos empalan con la navaja erecta,
hasta que los cuerpos se desatan
y se apagan como un fósforo,
esa, la de harina,
la que me habla de las miserias de la lluvia
cuando acaricia los tejados,
del susurro del pelo negrísimo de la noche,
y de todos los ladrillos que nos unen por la espalda,
esa, la llevo subida al lomo,
para edificar futuros malheridos,
labios interrogantes,
otoños mudos para atrincherarse
e infancias apuntando
hacia la forma solitaria de un nombre en el espejo.

No suena muy bien ni muy dulce,
suena más bien a niño viejo,
a orillas estrechas, a dolor perdido, a anhídrido
carbónico en bocas de musgo, a palabras
arriesgadas mucho mayores que yo,
atentas al presente que pasa inadvertido
y se me lleva como mujer, como eucalipto,
como frase incompleta y por ello invencible.

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Para la ilustración de este poema he tenido el honor de contar con la colaboración de Nuke, para quien crear es un modo de vida. Apasionada por la escritura y la fotografía desde muy pequeña. Tiene en marcha un futuro libro ilustrado por ella, ha publicado algún poema: "Que extraño todo sin ti", ha compuesto la letra de alguna canción con su buen amigo Israel Lorca: "Flores a destiempo", expuesto en el Teatro Lara la fotografía "LA ABUELA" y como próximas colaboraciones tiene en proyecto la portada y contaportada de un libro. Su obra la podéis consultar en:
http://retratosdeunavidadiscontinua.blogspot.com/
http://imagine-bynuke.blogspot.com
http://elrincondenuke.blogspot.com

divendres, 25 de setembre del 2009

EL SOL EXAGERA EN SU PAPEL DE EREMITA DE MI PROPIA POLUCIÓN


Imagen de una eyección de masa coronal, una onda de radiación y viento solar que se desprende del Sol en el periodo llamado Actividad Máxima Solar, que ocurre cada 11 años.La imagen ha sido extraída de: wordpress.elhistoriador.es/?tag=sol


El vapor es el fotógrafo perfecto
que inmortaliza la silueta de mi cadáver
en los espejos del cuarto de baño.

Como una parálisis rabiosa
sobre el acelerador,
me veo en habitaciones sin geografía
donde los ojos desdentados de las ventanas
escupen la ironía de las flores.

Los pétalos espesan una miel vestida de camuflaje,
dimiten las estrellas
y dejan jirones de oscuridad bajo las uñas,
y el agua, cansada, se empeña en imaginarlas
como antídoto a la mediocridad.

Una sombra de sal seduce mi huella.
El sol exagera
en su papel de eremita de mi propia polución,
para no ver abierta la piedad,
para no saber nada de la congregación de gritos
que se da cita en las palmas de mis manos,
para no escuchar
la profunda orfandad de los días, envejeciendo.

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Poema perteneciente a Pretendo que una guerrilla de poemas ataque de improviso el ático de Dios, poemario galardonado con el primer premio en el III certamen de Poesía internacional Villa de Ingenio 2008, del archipiélago canario, e incluido en el libro Duología Poética, editado por Ediciones Atenas, la portada es un diseño exclusivo de Cesc Fortuny i Fabré, quien colaboró con varias de sus obras en diferentes libros de la Editorial.

dilluns, 21 de setembre del 2009

Quién te dio permiso. Capítulo II.

Hola de nuevo, mis queridos lectores... ¿queréis seguir con nuestra historia? os invito a conocer un poquito más, tan sólo un poco.... Mmmmm....

Para los que habéis llegado tarde y queráis iniciar la lectura del primer capítulo clicad AQUI

Vamos pues....



QUIÉN TE DIO PERMISO. CAPÍTULO II.

Puede que los estados de ánimo sean endémicos, capaces de infectar las cosas, los muebles o los lugares, siempre he creído que los objetos también tienen alma y si la tienen, entonces ésta podría ser vulnerable y estar expuesta al exilio, como lo estamos todos.

Un luto permanente duerme en la memoria de la gran sala de estar situada en la primera planta, cruzando el descansillo a mano derecha, tras la gran puerta acristalada, y sinceramente, nunca he entendido el motivo por el que las cortinas de brocado granate ejercen de guardias de seguridad encargadas de no dejar pasar la luz bajo ningún concepto. Siempre se mantienen férreas en su papel de jueces a punto de condenar a cadena perpetua a cualquier elemento exterior.

No sé cómo se las arreglaba allí dentro la vida para seguir respirando envuelta en el viejo papel pintado de motivos florales, y rodeada de enormes cuadros, bodegones y pinturas campestres en su mayoría, que por fuerza tienen que indigestársele, con esos inmensos marcos de trabajada caoba oscura y perfiles abigarrados, pendiendo en hilera desde los altos techos de la sala hasta poco antes del friso verde oliva que abraza el perímetro inferior de las paredes hasta el suelo.

De haber podido entrar, a la mañana le hubiera dado un jamacuco, de eso no me cabe ninguna duda, pero la que lamentablemente estaba a dos pasos de la puerta, no era la mañana.

- María, ¿no vas a hacer hoy el te? Sabes que siempre lo tomo a las cinco y media, querida, o al menos a estas alturas deberías saberlo. No creo necesario recordarte que tu deber es, al menos, intentar ser una buena esposa.

Inconfundible. Esa es la boca de mi padre. Roberto Miraflores, Don Roberto como le llaman en el pueblo. Seguramente está sentado en su sillón favorito, todo él de palisandro y tapizado en pana bordó, un tanto desgastado por el uso, pero todavía altivo y digno con su respaldo capitoné de contornos redondeados. Recuerdo perfectamente cómo solía colarme en la sala para imitarle cuando era pequeña, sentarme en aquel sillón de patas acanaladas me hacía más alta, más fuerte, casi invencible, con un cojín bajo la falda para simular su volumen…en aquellos momentos, hasta mi alma descansaba en la talla central de flores, y apuntalaba el aliento en los apoyabrazos sinuosos, yo creo que crecía diez centímetros más para alcanzarle. Pero de eso hacía milenios, tantos que haría falta buscar en el dobladillo de mi sesera, en aquel lugar donde se guardan los recuerdos informes, y allí puede que encontrara alguna bolsita amarillenta de monodosis solubles de su cariño, pero es tan sólo una improbable posibilidad.

No tengo ni la más mínima idea de si le ha dolido decirlo….al menos decirlo de ese modo, aunque imagino que no, porque esa es su manera venenosa de dirigirse siempre a mamá y lo que me ha enseñado a odiarle.


- Claro querido, por supuesto. Disculpa mi torpeza, voy enseguida, ¿necesitas algo más?.

- Hoy quiero tomarlo en el juego de porcelana que mi madre guardaba en la vitrina de caoba, aunque no sea domingo.

- Por supuesto, ahora mismo lo preparo, ¿quieres que saque también la bandeja de plata?


No me explico qué diantre vio mi madre en él, ella precisamente, que es como un lunar en el escote del sol, una chispa de luz con suficiente “savoir faire” como para tomarse un aperitivo con los ángeles … en fin, imagino que el infierno también tiene sus héroes.


- Hola mamá, estaba a punto de entrar a preguntarte si vienen esta noche.

- Debo preparar el te de tu padre y ya voy con retraso, ¿te apetece una taza? acompáñame a la cocina ¿quieres? De paso podrías hacerme un favor, coge el estuche de piel marrón de la mesita donde dejo siempre la costura, y comprueba que estén todos los utensilios para que tu padre pueda fumarse su pipa, recuerda que el estuche tiene doble fondo, repasa todos los compartimentos por favor, que no falte nada en ninguno de ellos, ¿de acuerdo?

- Mira mamá, yo cojo el estuche y te lo llevo a la cocina, ¿vale? Mejor lo repasas tú que te lo sabes de memoria, yo no tengo ni idea de los aparatejos que se necesitan para fumar en pipa.

- Me parece bien hija, es sólo echarle un vistazo que no quiero oírle si faltara algo… ya sabes lo escrupuloso y metódico que es… para todo.

- Seguro que te prepararía un precioso paquete de reproches con lazo rojo de satén!,A veces todo él parece una especie de parche colocado en el lado equivocado, inútil. Si Dios fuera pirata, patentaría su ADN sin perder un minuto. ¿Sabes? Creo que ha conseguido infectarte, es como si fuerais adictos a una especie de compostura rancia sin la que os sintierais sin coordenadas suficientes para cruzar a nado vuestras vidas.

- Amira! no te consiento…., no sé para qué me esfuerzo, mira, no te me pongas a filosofar ahora Amira, que no hay tiempo, anda, ve a por el estuche que te espero en la cocina.

A veces, cuando la imagino dejando lentamente la costura sobre la mesita de centro con el tablero giratorio de cristal que tanto le gusta a mi padre para dirigirse a ese otro territorio en el que la familia Miraflores Casademunt cena a diario por miedo a que se ensucie el solemne comedor, querría lanzarme a su yugular, zarandearla hasta que fuera capaz de reaccionar, hacerle daño si fuera preciso para que pudiera abrir los ojos, cualquier cosa antes que verla rendida, con esa mirada pidiendo siempre limosna en las esquinas de un corazón que parece no haberle pertenecido nunca, tan sumisa y ausente que seguro que su sangre debe latir en blanco y negro, me duelen tanto y tanto esos huesos tristes.

Victoria me contó una vez que había habido un tiempo en el que mamá era todo risas. Un tiempo de correteos alegres vestidos de blanco, de juegos de mesa a media tarde, de reuniones familiares con jarras de limonada fresca y lavanda recién cortada, un tiempo de ilusiones jóvenes que se expandían por la casa provocando una sonrisa sincera, sobre todo por parte del abuelo Ernesto. Yo ni siquiera puedo soñarla así…


- Toma, aquí tienes el estuchito de marras, total ni siquiera ha levantado los ojos del diario, hasta su papada dormitaba con los titulares…. No sé para qué tantas molestias. En realidad me da pena, ¿sabes mamá? yo creo que ya no es más que un pobre diablo desde hace una eternidad, parece que no tenga otras pretensiones que las de no dar de qué hablar y respetar las normas “de la gente de bien”, de tan simple resulta atrozmente insulso.

- Hija! Un poco más de respeto por favor! …

- Vamos mami… que estoy viendo esa sonrisa que pasea como puma por el perímetro de tu boca… no empieces tu también con eso de las formas correctas.

- ¿Pero quién te ha enseñado a hablar?

- Mas bien pregúntame quien me ha enseñado a pensar.

- Podría oírnos alguien…por favor! Vale… está bien, no pienses que no te entiendo. Mira cielo, en esta casa parece que siempre se ha jugado a hacerle la competencia a tus bisabuelos. Eran extremadamente rigurosos, el respeto al nombre familiar era sacrosanto, como lo eran la decencia y el buen comportamiento social. Y eso fue lo que heredaron todos los demás, rectitud y rigor, nadie estaba a salvo. Algunos supimos relajarnos cuando el Señor se los llevó, pero otros honran su memoria casi con avaricia. Como dirías tú, se quedaron “oliendo a carcamal” para los restos. Pero no sirve de nada quejarse Amira, esto es lo que nos ha tocado vivir.

- Mamà… mamà. A veces me da la sensación de que llevas toda la pena del mundo sobre tus espaldas… deberías sonreír más a menudo, estás muy guapa cuando lo haces.

- Hija mía, mi niña… recuerda siempre que cuando no tenemos motivos para reír, la dignidad puede echarnos una mano. Si vivimos con dignidad, nadie sabrá de nuestras penas.

- ¿Es eso lo que haces tú? ¿Te llenas los pulmones de aire digno? ¿te hace eso sentirte más ligera? Pareces tan cansada, mamá… no estoy muy segura de que tu dignidad te sirva de antídoto para cualesquiera que sean los fantasmas que se echan la siesta en tus ojos.

- Ya estamos otra vez…anda, baja de las nubes y que conste que si te permito ser tan descarada es porque no quiero que sufras las vejaciones morales de esta maldita humanidad, dulzona, correcta y pulcramente condenada a sus propias miserias. No, tú no. Tápate siempre la nariz Amira, que tanta pulcritud apesta. Ese hedor se introduce por todos los poros de la piel y acaba siendo parte intrínseca de cada uno de nosotros. Prométeme que te taparás la nariz y que en ningún momento aceptarás ser una condenada más, prométemelo!

- ¿Quién hablaba raro? Te lo prometo mamá, me taparé la nariz y alistaré a mi alma en las filas de la resistencia, no te preocupes, no podrán poner a dieta a mi “mala educación”.

- Siempre consigues que a pesar de todo, me ría con ganas, eres una diablilla.

- La tetera ya ha empezado a protestar. Espera, deja que te ayude, ¿dónde tienes el paño cuadrado que bordaste? El del bodegón de flores en el centro, aquel que lleva un fleco de hilo dorado alrededor.

- En la alacena, hija.

- Mami… ¿quieres girarte un momento, por favor? Esto está forrado de aparadores, armarios, alacenas y hornacinas, y para más guasa son hasta del mismo color y como no podía ser de otra manera, todas están ancladas a la pared a la misma altura, exactamente tres palmos por encima del mármol que, por si no te habías dado cuenta antes, da la vuelta completa a la cocina y menos mal que a alguien se le ocurrió dejar espacio para la puerta… dime, ¿te importaría ser un “po-qui-tín” más explícita?

- Voy a tener que darle la razón a tu tía, hija…. Si no fuera porque me caes bien…. Está en la segunda estantería de la alacena situada inmediatamente a la derecha del fregadero, ¿te parece mejor así?

- Mucho mejor, gracias. ¿cojo esta bandeja?

- No, tu padre quiere la de plata, ¿vas a por ella? está en la vitrina de la esquina del fondo del salón, la que está al lado del reloj de cuco, en el estante superior encontrarás el juego de porcelana, la azucarera y la bandeja , las cucharillas deben ser las que llevan grabado el escudo familiar y no otras, ¿lo recordarás?, están en el primer cajón inferior pero ten mucho cuidado al abrirlo, utiliza el bocallave con suavidad o se encallará, ¿he sido lo suficientemente explícita?.

- Sí, señora, por cierto… ¿me descalzo? No quisiera que mis zapatos tuvieran un “affaire” con alguna de las tropecientas alfombras …

- Esa sorna…son cuatro querida, cuatro alfombras… anda, ve de una vez.

Quizá sean cuatro, lo admito, son cuatro, pero tapizan el suelo por completo. Es tan denso el aire en esa sala… la única realidad de las moléculas de oxígeno atrapadas allí dentro debe ser que la luz es tan sólo un dato amarillo incapaz de reinventarse. Para colmo esa enorme y pesada lámpara de araña dirigiendo la orquesta desde su rosetón central… no me extraña que las almas se adelgacen entre esas paredes.

- Que guapa sigue siendo, nuestras vidas podrían haber sido tan diferentes… Jamás sabrá lo mucho que amo su recuerdo, cuando llegó a esta casa. Alta y delgaducha con su vestido blanco de algodón, su falda de vuelo ancho cubriendo las rodillas… perfectas. Zapato plano de punta redonda que cubría los dedos pero no el empeine… ese empeine delicado. Lo llenaba todo con sus sonoras carcajadas, con su desenfadado ir y venir, casi siempre correteando por la casa, como una niña. Casi siempre de blanco… y riendo.

- Sí… como una niña, eso era lo que era entonces. Inocente, sana y transparente. Pero las cosas se hicieron de la mejor manera posible, Roberto, de la única manera posible. Y ahora todo está donde tiene que estar.

- Dios… ha pasado tanto tiempo….

- A fin de cuentas le has dado una buena casa, un apellido respetado, y no pasáis estrecheces, deja ya de atormentarte, Roberto, llevas demasiado tiempo viviendo en el pasado.

- Quizá tengas razón Antonio, la verdad no me deja olvidar ni perdonar…. ese es su castigo, y Dios sabe que también el mío. Intento mantener en silencio mi único reproche, lo intento Antonio, purgándolo desde mí mismo. No sé hacerlo de otra manera, no puedo hacerlo de otra manera…. Y lo lamento….

- Tú no tienes nada que lamentar Roberto, bastante has hecho ya.

- No lo entiendes, Antonio, me duele escupir veneno…. pero es ya lo único que me queda, el veneno que ella me dio….

- Perdón, no sabía que tenías compañía, papá.. tío Tono, ¿todo bien?

- ¿cuánto hace que estás ahí, Amira?

- Tan sólo venía a por el juego de te, ya me marcho, avisaré a mamá de que seremos uno más… nos acompañarás, ¿verdad tío Tono?

- Sí, me acompañará, cierra la puerta cuando salgas, hija.


(continuará...)

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"Quien te dio permiso", novela corta merecedora de accéssit y mención especial en el certámen de novela corta Katharsis 2008.

Fuentes de las imágenes:
Lámpara araña 3: Bar Marsella-Raval:
silviacasanovaslorenzo.blogspot.com
Interior casa victoriana:
Fine Art For Kids:fafk.blogspot.com/2009_01_01_archive.html
Taza de te: www.mundorecetas.com


dijous, 17 de setembre del 2009

ESE HORIZONTE CRUDO DEL QUE OS HABLABA AL PRINCPIO



Fuente de la fotografía titulada dramática soledad: http://www.galeriade.com/jmramon/data/media/8/dramtica_soledad.jpg


La ambigüedad, ya lo sabéis, es el pulso corporal del poema,
la imprecisión es el infierno conocido.
Luis Rosales


El horizonte desollado recorre el gesto de la sala
desprovista de paisaje, como una nueva forma de terror
que nos bautiza a solas con el mundo,
a solas con la aspereza del día
y con el cristal disciplinado de los ojos.

Y esa soledad disecada nos mide, gatea su mirada
por los nombres, por el luto severo de los años,
y los malos muertos juegan con el aire,
y los muertos buenos con la tierra, y los demás
ya no lo hacemos nunca, o a lo sumo,
le escribimos un poema en las pestañas
al invierno que todavía viene a vernos.

Con la respiración apretada, las consonantes saben
dónde va de visita el corazón, en qué provincia
de la intimidad sus manos se citan
con ese dolor de ayer, continuo y total,
donde la vida nos ahueca, nos aísla y nos miente,
hasta convertirnos en palabreros, milagros vivos del olvido,
perversos habituales de las poeterías,
adictos a la verticalidad de los ángeles,
a ese horizonte crudo
del que os hablaba al principio.
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Poema publicado en el espacio dirigido por André Cruchaga, Arte Poética. Diciembre 2009.

dimarts, 15 de setembre del 2009

Quién te dio permiso. Capítulo I.

Voy a contaros una larga historia... acomodaos.... esta es una de las tantas visiones de la mima, la que narra el desencuentro generacional entre tres décadas de descendientes femeninas de una saga familiar. Dentro de una atmósfera costumbrista, el desarrollo de tres historias marcadas por imposibles amores prohibidos y los desamores vividos por las tres protagonistas, se va desarrollando paulatinamente a través de una serie de cartas recibidas como legado testamentario por la más joven de las mujeres de esta historia, que va descubriendo poco a poco todo el peso de su pasado. El final, abierto, permite seleccionar una realidad “a la carta”, situando historia y personajes dónde el lector prefiera....

os apetece??

Empecemos pues.....

QUIÉN TE DIO PERMISO. CAPÍTULO I


Siempre he defendido la idea de que romper el silencio, cuando éste es habitable, suele ser relativamente fácil; sin embargo ahora no tengo más remedio que reconocer que no siempre se consigue ensanchar la garganta lo suficiente como para que la luz no te apuñale. Todo se vuelve absurdo, hasta mis propios pasos han perdido su partida de nacimiento. Voy dejando migas de mi nombre por el camino aunque sé que lo malgasto en cada metro que avanzo y ni siquiera me importa. Si de verdad hay que seguir viviendo tendré que buscar la forma de inyectarme una realidad que me haga alucinar lo suficiente para seguir recordando quien soy o quien era. O quizá no, puede que no haga falta recordar nada, quizá lo mejor sea olvidar toda la sabiduría que sentada a las cinco de la tarde en una silla de cáñamo, compartía conmigo los juegos de infancia; ahora parecen tan lejanos que también han encanecido en la memoria. Sí, olvidarlo todo para poder empezar a reclutar los ladrillos necesarios para subirnos al sol en otra vida. Es extraño, hace frío…

Recuerdo que entreabrí ligeramente los párpados y una luz grisácea asaltó sin piedad la delgada medialuna de mis pupilas. Intenté centrarme en mi propia consciencia, y distinguí una serie de manchas azulonas, trazos informes y un fuerte olor que acrecentaron mi sensación de aturdimiento. Mis brazos yacían inertes sobre una superficie rugosa con sabor a carcoma, en forma de U coronando mi cráneo ladeado y en reposo. Giré sutilmente la cabeza, espigándola un poco para obtener otro ángulo de visión pero sin despegarla todavía del perímetro de madera, y me encontré con un proyectil amenazador apuntándome directamente a la nariz, como si quisiera deshacerse de la ligera presión de mis dedos para practicar esgrima con el aleteo impaciente de las fosas nasales.

Mi vieja pluma, con la que tantos buenos momentos había compartido, que yo recordara, casi desde que la falda corta a cuadros y los calcetines de lana azul marino, (que se resistían siempre a abrazar otra cosa que no fueran los tobillos), se convirtieron en mis fieles compañeros, desde entonces, desde casi siempre, nunca me había separado de ella.

Me costó un mundo incorporarme, los hombros parecían haber intercambiado las articulaciones por bisagras oxidadas. Ese tufo tan característico seguía haciéndome compañía, olía a delantales negros, a balas de heno deshechas a quienes no les importaba la prisa de un reloj. Sí, ahora que los años habían asimilado el concepto “perspectiva”, se sentían generosos y me brindaban la oportunidad de etiquetar las sensaciones; la buhardilla olía a cuentos, a historietas de abuelos.

Me miré las manos. Lunares amoratados mordían el lateral de mis dedos como signo inequívoco de que la musculatura de mi pobre pluma había olvidado los pasos de baile necesarios y se deslizaba un tanto coja sobre el papel.

Puede que no sea elegante, pero tengo que reconocer que me gusta ese trazo grueso y desgarbado, me parece de una sensualidad que se aloja sin permiso en la zona salvaje del estómago de celuloide y una vez allí, conspira directamente contra la nuez del lector, detonando explosiones de un color indefinido pero que saben claramente a humedad. He visto como sucede, como empiezan a hervir y pretenden disimularlo a toda costa. Sí, me encanta provocar desde los márgenes en blanco, paginar el cosquilleo que sube venenoso hasta la boca, y esperar a que los ojos segreguen más saliva de la cuenta.

Centré mi vista en el trozo de papel cuadriculado que tenía delante. Una nota ejerciendo de verdugo que abofeteaba la sien sin piedad. Una despedida de quien me había descubierto un mundo lleno de imposibles, mi pequeño mundo de bolsillo, apto sólo para los lobos que saben volar sobre un bosque con ruedas.

Un par de gotas se fugaron del lagrimal expresamente, para aumentar mi sensación de naufragio. Entre nosotras había nacido un vínculo muy especial desde hacía mucho…. probablemente mucho más de lo que podía recordar y ahora, como en un tributo póstumo, me tocaba a mi pintarle el último retrato, reinventar las pecas de sus manos, alinear con sumo cuidado las marcadas arrugas de la frente, cada beso hecho rehén en la retina. Mi intención era peinar cada desierto cauterizado en la explanada inválida del corazón para poder abrir los armarios donde juntas lapidábamos las palabras acusadas de sedición, y construir un nuevo escenario desde donde adiestrar a los gusanos como caza recompensas del volumen de la muerte. Creo que ese era el mejor regalo que yo podía hacerle.

El caserón se estaba quedando frío y las perspectivas no eran muy halagüeñas, a menos que yo decidiera quedarme.... Tendría que hablar primero con la familia y decidir en “consensuada comunión” cual sería el mejor modo de proceder con los escasos bienes de los abuelos. No es que seamos muchos a repartir, pero supongo que todos querrán sacar la mejor tajada, y como siempre, entre sonrisas amables y posturas correctas tendrán lugar varias noches de prostitución facial, vestiditas de entrañables reuniones familiares para la ocasión.
Sólo de pensarlo me sale urticaria en la sesera, me sé de memoria la escena, casi puedo masticar los gestos. Todos dignos de recibir un oscar al mejor actor por la interpretación de dolor, entre pastelillos de almendra y copitas de vino dulce.

Se oyó una voz femenina un tanto estridente abriéndose camino desde el descansillo de la primera planta.

- Amira, baja ya que los tíos se marchan –
-Ya voy! –

Mis ojos se prepararon para la guerra, llevaba ametralladoras en la mirada mientras apretaba fuerte los dientes, -No me apetece dar más besos correctos ni escuchar más comentarios con sabor a frambuesa, la ración de ayer noche fue suficiente para provocarme un agudo ataque de diabetes-

Me levanté y me dirigí lentamente a la escalera de caracol que intentaba reconciliar mi pequeño universo con el resto de un mundo de conductas estudiadas que en cierto modo y muy a mi pesar, también me pertenecía. Posé mi mano en la barandilla y encaré las escaleras.

Algo en aquel preciso instante hizo saltar la alarma en mi inconsciente. Sentí, visualicé algo extraño, indefinido todavía, como una nebulosa en el cerebro, que me hizo detener en seco.

Volví atrás, repetí los movimientos, nada.

Lo probé de nuevo, más lentamente, y reparé en el espejo, el espejo oval de marco barroco y pátina dorada envejecida que ahora tenía en frente y que al tomar el descenso de la escalera se acariciaba con la vista en su desplazamiento lateral al dejarlo a un lado. Volví a mirar, inspeccioné con cuidado las imágenes reflejadas en busca de no sabía bien bien qué, intentando captar sensaciones más que entender lo que mi cerebro estaba computando. Cerré los ojos, los abrí de nuevo.

Entonces lo vi.



Un arcón. Ahora estaba claramente definido en la imagen del espejo, y estaba absolutamente segura de no haberlo visto nunca antes.

Me di la vuelta, esta vez con prisas, y me dirigí al extremo de la buhardilla donde el intruso reflejo se materializaba en todo su volumen y consistencia. Intenté abrirlo, pero los goznes estaban completamente oxidados.

Recuperé del escritorio el abrecartas del abuelo Ernesto, recuerdo que la primera vez que lo vi pensé que debía haber servido de palillo de dientes a los dinosaurios; hice palanca con él, con ansia, con furia, casi con ganas de reventarlo, ya no tenía claro si por el mero hecho de destrozar la presencia ultrajante de un elemento extraño en aquel espacio tan privado y familiar, o por la impaciencia de saber qué secretos contenía en su interior.

- Amira, ¿no bajas? Te estamos esperando! –

Bajé la escalera al trote, mejor acabar cuanto antes con las odiosas despedidas y regresar luego al desván, cuando las interrupciones hubieran cesado.

Cuando llegué a la puerta principal, Tía Aurelia y Tomás, estaban ya con un pie en el zaguán y el otro en la calle, enfundados en idénticos y casi míticos tubos de pana, crema para tía Aurelia y azul marino para Tomás.

- Hasta luego tía, cuida de ella Tomás. Vaya, veo que tío Tono ya está en el coche, dadle un beso de mi parte, de acuerdo?-.

- No tan deprisa muchachita. Si no fuera por el respeto que le debemos a mi hermano y a tu madre… te mereces un par de collejas, si fueras hija mía otro gallo cantaría, ¿te das cuenta que nos has tenido aquí más de diez minutos?, ¿te parece correcto?, Siempre te has comportado como una niña mal criada, no sé de donde has sacado esos humos. Ya sabes que en esta familia siempre hemos sido muy escrupulosos con estas cosas, hay que saber estar, es necesario. Además a tu tío no le gusta que le hagan esperar, no está bien, sinceramente María, eso no ha sido muy amable por tu parte.

- Pero tía no se lo tome usted así, por favor. Estaba en el baño, y le aseguro a usted que no he podido acelerar más mi proceso intestinal, por más control que tengamos sobre nosotros mismos, el esfínter tiene vida propia, usted ya me entiende…ah, y por cierto, nadie me llama María, procure usted recordarlo, si no es mucho pedir, claro está.

- Esto es el colmo de la mala educación! No me mires con tanta sorna, jovencita, ni busques la complicidad de tu primo que no te va a servir de nada. Tomás, espérame en el coche, ahora!. María, esto es inadmisible, si no pones remedio tú que eres su madre, tendré que hablar yo misma con mi hermano, quedas advertida.

No pude hacer otra cosa que agarrarme a la cintura de mi madre para minimizar el lumbago del que eran víctimas mis costillas ante el ataque de risa que invadió por completo mis pulmones, mi madre me acompañaba, a su manera, y podía notar el tímido tintineo de su abdomen bailando conmigo, acompasado.

De nuevo en la buhardilla, por fin ante el arcón, con el abrecartas en la mano haciendo palanca con todas mis fuerzas, un ruido irregular pareció indicar que las bisagras vencían. Falsa alarma. Sentía un agudo cosquilleo practicando escalada por mi estómago y ahogándome cuando me clavaba los hierros de su bota en la garganta.

Nunca antes había habido secretos, nunca había existido nada no familiar en aquella buhardilla que conocía tan íntimamente, nunca.



(continuará...)

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"Quien te dio permiso", novela corta merecedora de accéssit y mención especial en el certámen de novela corta Katharsis 2008.

La imagen del baúl pertenece a:
http://historiasdevaro.blogspot.com/2008/04/blog-post.html

dilluns, 14 de setembre del 2009

EL TERROR DE UN VASO DE LECHE IMPOSIBLE




Casas interrumpidas, aire que amordaza
los suburbios barridos a diario,
para subir limpiamente y en fila,
con el cordón umbilical de la esperanza
aún entre las manos,
por esa piedad de alquiler
cuyos lentos escalones llevan al horizonte.

Muros intensivos, guardianes de caras muy feas
y cansancios inaplazables que dejan dramáticos pegotes
en el pecho, la decencia aquí sufre locura transitoria
y pasa la noche en la comisaría
de esa ciudad un poco incorporada sobre la muerte,
donde se le otorga amnistía al hambre,
y por una entrepierna decrépita y dos panes
bendiciendo su blandura
se desentierran los huesos del músculo
que aún se cree vivo en voz muy baja.

Sus vísceras no son distintas a las que caminan
por la habitación de al lado, no huelen a mártir
y saben rezar con el peso del cielo en los ojos,
pero todos sabemos que para algunos,
los nombres miserables se expatrían, la vida
se compra siempre de segunda mano,
invariablemente hay una tumba desnudándose,
un espejo en llamas,
el terror en un vaso de leche imposible
y un bautismo metálico
que les deja de nuevo
a quilómetros luz de la mañana.

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dimecres, 9 de setembre del 2009

DOBLE RACIÓN DE SOLEDAD SOBRE ADOQUINES


Fotografía propiedad de Fernell Franco, Serie prostitutas-4-1970.



No siempre la muerte llega a tiempo.

Un cuerpo de ojos muy crujientes
puede llenar el mundo,
sí, con el aire alfileteado por el corazón de esta ciudad,
repleta de anonimatos recién esculpidos,
subrayando la verdad de los naufragios,
de paseo por los hombros de sus grandes avenidas,
carnosas y carnívoras,
con rimel nocturno en los escaparates
y doble ración de soledad sobre adoquines,
pero llena,
henchida de manos rápidas,
de pies determinantes y determinados
capaces de poner a la noche de su parte,
hacernos andar a gatas y llevarnos de rebote
por la tierna y saludable verticalidad de sus miserias.

Allí donde no hay luz
la lengua empezada
tiembla entre los dientes,
con obediencia religiosa la sangre perjura,
blasfeman las raíces, los límites del beso
se acuestan sobre la hipotética virtud del mundo,
que nos desmiente,
y se calla la perra, boca abajo, con su infinita
inmediatez saliéndose del vientre.

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Nota: Fernell Franco (1942-2006), excepcional fotógrafo cuya obra podéis visitar en Centro Virtual Isaacs.



La fotografía de Fernell pertenece a Lalo Borja. Fotógrafo. Inglaterra.

dilluns, 7 de setembre del 2009

CON UNA TIRITA GOZOSA SOBRE EL COLOR DE LA VIDA GASTADA




Tengo fe en la sangre,
ese animal antiguo en el corazón,
esa ciudad maternal
que escupe violencia femenina
con todo el sur callado en la voz,
y mata blanda, mata lenta
la escritura sin pausa de las farolas,
como mil versos de labios anudados a los ojos,
tensos de tierra y luz sumisa.

Viene desde la vena aumentada,
desde el aire vegetal, desde el nudo, desde el fondo
de los años, desde la médula del pájaro
desmayado sobre la nube, desde las horas de piedra
bajo las alas mojadas, desde el instante
en que la nieve comete adulterio con el sueño,
y se infecta la piel de la palabra guardada en el armario,
con una tirita gozosa sobre el color de la vida gastada.

Y llega despacio,
al puerto derecho del pulmón, bracea
salvaje los auxilios, los nombres licuados, y esas
flores de plástico que se empeñan en ser bellas
al pie de los cementerios.

Y es la misma sangre que se abraza
a los chirridos heridos de muerte, a las ausencias
decorosas de los raíles
por donde circulan las arrugas, los cuentos,
alguna que otra princesa pecaminosa,
y el acento atropellado
de tantos y tantos versos arrogantes.

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divendres, 4 de setembre del 2009

DESDE EL LÍMITE DEL RECUERDO HASTA LA RELIGIÓN DE SUS BRAZOS



A mi madre,
que ya siempre será de agua.

Los besos póstumos nacieron para doler,
y a mi me grita el vientre cuando te dejo mojada
y vuelvo a la vida dentro de tus ojos acabados,
flotantes como tu cuerpo para siempre.

Esos ojos de gesto tan pequeño, sonríen
desvestidos bajo la bisagra de los párpados.

Con la hipoteca de agua
que nunca acaban de pagarle al mar,
llevan el mundo en el aire,
callados como lluvia en la arena de julio,
como incendios bellísimos, catedrales feroces,
inviernos confundidos en los siglos de unas manos,
y la sangre despierta subida al caballito de lo vivo
o lo muerto.

Yo la veo y la mirada se anticipa
desde el límite del recuerdo hasta la religión de sus brazos,
donde las calles olvidan los bordillos, el tiempo
nortea más allá de las conjugaciones del horizonte
y las nubes desnudas
ofrecen velocísimas sus labios sin cielo,
apretados.

Me quedo suspendida, grave,
una isla dormida sobre el margen izquierdo del milagro,
sin partos de frambuesa y sin verdades.

Con las cicatrices creciéndose hacia atrás,
clavando alfileres en el origen del misterio,
espero de nuevo esa carne triste, súbita,
amada sobre el frío de una soledad perfecta,
blanca y eternamente suave
durante el norte de todas las horas que me queden.

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Poema radiado por Inma Arrabal en la sección Poesía Lunática del programa emitido por Radio Unión Catalunya, Hijos de la Luna, dirigido por José luís Mateo. (16 de septiembre de 2009) http://www.radiounioncatalunya.com

dimecres, 2 de setembre del 2009

DEMASIADAS PALABRAS EN LOS OJOS




Veo el muñón en las alas, la luz suicida
que trepana la inocencia y nos convence
de que es mejor subir a dentelladas por la sangre
que bajar los escalones del silencio.

La voz en miniatura pasa rápida
por los oídos, con el cuerpo a la carrera y las manos
poco hechas, un aire naive resbalando por la nariz
de un cuadro demasiado grande,
la saliva en la boca, quemada.

Nada cuadra en estas trenzas,
muñecas de verdad con pecas de mentira
que juegan al escondite en las empalizadas
y violan la niñez que nos vive.

Quizá tengo demasiadas palabras en los ojos,
sílabas pequeñas que no alcanzan la pared
de mi garganta, y viven agachadas, con la falda
huérfana y las piernas cortas, esperando el turno
para inventar un nuevo puente colgante
desde donde practicar el salto al vacío,
sin perderse y sin tener que perdonarse.
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Poema incluido en el portal La Parada Poética. Febrero 2011